Sábado de Gloria
17 abril, 2017
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Astillero: Dos balas (electorales) de Duarte

Astillero, Pacto por México
  • ¿Para AMLO y Morena?
  • Merezco abundancia de dudas
  • Banderazo de salida 2018

Dado que no levanta vuelo en el Estado de México la campaña del primer primo del país, Alfredo del Mazo Maza (#PRIMazo), fue necesario acelerar el uso del recurso electoral denominado Javier Duarte de Ochoa. Tal vez algunos estrategas hubieran preferido que el exgobernador veracruzano prestara sus servicios de escándalo en fechas más cercanas a la elección presidencial de 2018, pero las bajas expectativas del tricolor en la cuna del peñismo obligan a presionar en estos comicios regionales, para así mantener esperanzas del tricolor en los nacionales.

La reposición en escena del espectáculo duartista fue de muy mala factura, indicativa de premuras y descuidos. Cualquier libretista de medio pelo habría perdido el trabajo si hubiera presentado una historieta como la vista en este sabadazo de presunta gloria priista: algún personaje, que ha de suponerse de alto nivel de influencia, convenció a un periodista experimentado, Joaquín López Dóriga, para que publicara en sus sitios de internet una fotografía borrosa con la que se amparaba la falsa versión de que Duarte de Ochoa estaba en Canadá (ya de madrugada, bajo bombardeo en redes por la evidente pifia, el citado López Dóriga reconoció su “error”), mientras una caravana familiar, con menores de edad incluidos, viajaba en vuelo privado de Toluca a Guatemala, dando así a los sabuesos policiacos mexicanos la pista de oro que permitiría coronar una supuesta investigación de meses que apuntaba a que el corporalmente inconfundible político veracruzano estaba en Centroamérica, tal vez cerca del área de la Chiapas gobernada por el verde Manuel Velasco Coello, donde diversas voces dijeron con anticipación que el prófugo contaba con el apoyo de autoridades estatales.

En primera instancia, el regreso de uno de los Duarte al foro político-carcelario (falta, desde luego, César Duarte Jáquez, quien fue gobernador de Chihuahua) quitó reflectores a Tomás Yarrington, el exgobernador de Tamaulipas que días atrás había sido detenido en Italia y cuyas eventuales delaciones de narcopolítica llegada a los sitiales más altos del sistema mexicano podrían meter en graves aprietos a personajes actuales, si tales revelaciones llegasen a ser recopiladas y difundidas desde Estados Unidos.

En particular, la irrupción del caso Duarte diluye con anticipación las fuertes salpicaduras del expediente Odebrecht en Pemex y, desde luego, en Los Pinos. La constancia judicial de que se ordenó la entrega de cinco millones de dólares a Emilio Lozoya Austin (aunque no hay constancia de que esa orden se hubiera cumplido), cuando éste era director de la empresa petrolera, es una veta parecida a la que en otros países ha alcanzado a la respectiva Presidencia de la República. Al menos en este primer tramo, los medios mexicanos de comunicación masiva parecen aplicadamente concentrados a desarrollar una agenda concentrada en Duarte de Ochoa y no en los negocios corruptores de la firma brasileña Odebrecht.

En realidad, Los Pinos está volcado en la promoción de una versión exculpatoria de sus propias creaciones o complicidades corruptas. Con un banderazo de salida muy evidente y significativo, el peñismo busca convertir las detenciones de los amigos Yarrington y Duarte en “muestras” de una magna lucha contra la corrupción. Los burros sexenales hablando de orejas circunstanciales: las historias terribles de corrupción institucionalizada, transformadas en presuntos himnos de fin de fiesta, en un discurso laudatorio del peñismo “justiciero” que ya está inserto en varias instancias mediáticas).

El electorero intento de conversión de Peña en el emblema de una lucha sin cuartel contra la corrupción (capaz, por ejemplo, de hacer aprehender a dos gobernadores, miembros de su propio partido, dice el discurso sincronizado), tiene una contraparte claramente buscada: el lopezobradorismo que, a pesar de sus contradicciones programáticas y su conducción caudillista, representa una firme amenaza al predominio priista en el Estado de México y a la voracidad yunista en las elecciones municipales de Veracruz. Ganar, o perder, en estos comicios locales, serán galones y escalones tácticos rumbo al 2018.

En ese esquema de violento arranque de la temporada electoral 2018, el indicativamente sonriente Duarte de Ochoa puede ser una agradecida carta de sicariato electoral. No hay una afectación real de sus intereses: cual si hubiese un pacto mafioso en curso, se le está respetando a la familia: la esposa, merecedora de abundancia que por sí misma debería significar una obligatoria indagación judicial en su contra, está siendo colocada fuera de las investigaciones oficiales, al igual que otros familiares. Y Duarte podría abrigar fundadas esperanzas de que en su proceso sean sembradas las fallas intencionales que más adelante abran senderos procesales para su liberación y el garantizado disfrute de buena parte de la riqueza mal habida.

El pistolero (en términos políticos) Javidú tiene dos balas electorales que a sus carceleros mexicanos interesará que use (y así sería una suerte de Bejarano II, sin videos pero con “confesiones” personales) : una, referida a las presuntas alianzas y ayudas económicas que se le habría dado a Morena en los comicios del año pasado. El panista Miguel Ángel Yunes Linares, ya como gobernador de Veracruz, ha lanzado la primera acometida fuerte contra el lopezobradorismo en ese terreno de las supuestas complicidades. Ahora, Duarte de Ochoa podría asegundar el asunto, dándose como “fuente directa” respecto al PRI-Mor (la supuesta alianza del PRI duartista y la Morena lopezobradorista en esa entidad). La segunda bala electoral sería consecuencia de la primera y tendría como presunto destino final el 2018. En el camino, según la ruta de trabajo desatada este sábado de falsa gloria, se despejaría el paso para el primo Del Mazo en el Estado de México, para el panista Yunes y sus hijos en Veracruz y para el candidato presidencial que definan Videgaray-Trump y Peña Nieto. ¡Hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.