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Astillero: Duarte de Ochoa: desgobernador expiatorio

Astillero, Pacto por México
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Le ha tocado al todavía gobernador veracruzano, Javier Duarte de Ochoa (JDO), que con él jueguen la carta provisional del sacrificio en aras del montaje federal “anticorrupción”. Secundario, acomodable y a la vez prescindible ha sido JDO, razones por las cuales su antecesor, Fidel Herrera Beltrán, lo habilitó como candidato a gobernador y le hizo ganar. Mismas razones por las cuales Los Pinos realiza ahora un simulacro vengador, con la procuraduría federal de justicia (siempre tan lenta e ineficiente, salvo en los casos donde hay interés “superior”) amagando al cómplice de años atrás (desde la etapa de la precampaña presidencial, no se diga ya en la campaña en curso, incluso mediante billeteros maletines voladores) con ejercer insólitas prácticas punitivas de campo en materia de EnriqueCimiento ilícito (vocación tocaya) y peculado.

JDO ya había recibido demostraciones públicas de gelidez que prefiguraban alguna forma de paredón político. Aquel a quien presumía como su gran amigo y sostén político, Enrique Peña Nieto, visitó Veracruz semanas atrás y no le saludó ni le permitió estar en cierta cercanía, ni siquiera fotográfica. En posteriores sesiones de élite se ha continuado con el juego infantil de los “congelados”: Duarte de Ochoa exhibido intencionalmente en condición de apestado político. Y ahora se anuncia que se investigarán “versiones periodísticas” sobre trampas, ocultamientos y trafiques del gobernador que entregará el poder el primer día de diciembre próximo.

Ha sido tal el abuso y la vocación delictiva de la administración veracruzana vigente, que siempre será positivo que se intenten acciones justicieras contra el principal responsable operativo, en este caso, Duarte de Ochoa. Lamentable sería que sólo obedecieran a cálculos políticos inmediatos, meros artificios de temporada.

Pero no debe olvidarse que a lo largo del peñismo se consintió el impune desempeño de un gobernador ampliamente repudiado, que sumió a Veracruz en una pesadilla de agresiones a la sociedad desde los ámbitos del crimen organizado: amenazas, secuestros, lesiones y asesinatos contra periodistas, defensores de derechos humanos, dirigentes sociales y ciudadanos en general. Tampoco se frenó el muy denunciado proceso de saqueo de las finanzas públicas y de endeudamiento.

Ahora, Duarte ha caído en desgracia política y está siendo usado para aparentar que la “voluntad” de Peña Nieto contra la corrupción va en serio (hágase la voluntad del Señor en la casa que no sea la Casa Blanca). El revuelo por venir servirá, además, para ayudar políticamente al inicio de gestión del panista Miguel Ángel Yunes Linares, en un episodio más de los entendimientos PRI-PAN (bipartidismo inducido) que son preparatorios de eventuales alianzas de facto entre esos partidos en 2018.

Es un golpe fuerte para la figura política de Ricardo Monreal Ávila que su director jurídico y de gobierno, Pedro Pablo de Antuñano, haya renunciado al cargo, luego de haber sido pillado con seiscientos mil pesos en efectivo, guardados en una caja de cartón que a su vez iba en la cajuela de su automóvil. Aún cuando falta el desahogo de todo el proceso judicial, para determinar la culpabilidad o inocencia del ahora exfuncionario, en términos políticos es sumamente lesivo ese manejo de billetes sin comprobación legalmente válida, en una delegación capitalina pletórica de acusaciones respecto a corruptelas pagadas en efectivo.

El exgobernador zacatecano Monreal ha peleado en demasiados flancos a la vez: aceptó ser candidato del partido Morena a jefe delegacional en Cuauhtémoc (una demarcación cuyos problemas exigen atención plena, al cien por ciento de la capacidad del titular), pero con la vista puesta en ser postulado en 2018 como jefe del gobierno capitalino (pretensión en la que compite con Claudia Sheinbaum, jefa delegacional en Tlalpan; Martí Batres, dirigente partidista en la Ciudad de México y la exjefa delegacional en Iztapalapa, Clara Brugada); además, ha participado abiertamente en el proyecto de continuidad familiar en Zacatecas (donde su hermano David fue el abanderado, aunque perdió) y se ha mantenido vigente en el muy competido primer círculo de afectos políticos de Andrés Manuel López Obrador.

Parece poco creíble que la detección del poderoso funcionario De Antuñano se hubiera producido en el marco de ciertas revisiones policiacas azarosas. Interesante sería saber de dónde provino la delación, si del flanco del priismo federal, el panismo delegacional (en la Miguel Hidalgo), el perredismo revanchista o un “fuego amigo” de tonalidad morena. El primer impacto de lo sucedido con De Antuñano llega, obviamente, al mencionado Monreal Ávila pero, ya encarrerados los adversarios de Morena, se ha tratado de extenderlo en términos de propaganda, no de acciones judiciales, hacia la cúpula de este partido.

El Partido Verde Ecologista de México hizo saber que su candidato a suceder a Arturo Núñez en 2018 será Federico Madrazo Rojas, hijo de Roberto Madrazo Pintado, quien fue gobernador del estado, dirigente nacional del PRI y candidato presidencial derrotado.  Apodado “Pico”, el joven Madrazo, actualmente diputado local y coordinador de la bancada del Verde Ecologista en la entidad, es nieto, además, de Carlos Alberto Madrazo Becerra, quien también fue gobernador del estado y líder nacional priista. El único mandatario estatal llegado a nombre del Verde Ecologista es el chiapaneco Manuel Velasco Coello, quien, según versiones no confirmadas, está cursando de nuevo la materia de Entrega de Bandera I.

Y, mientras los mexicanos (entre ellos el cantante Vicente Fernández, con todo y su nuevo corrido pro Hillary) siguen creyendo que la opción demócrata es mejor que la republicana, cuando el filo artero de la primera pudiera ser peor que el filo explícito, grotesco y desbocado de la segunda; a fin de cuentas México en ruta de sacrificio, gane quien gane el poder estadunidense que (como bien lo plantea la frase tan conocida como certera) no tiene amigos (aunque le lleven serenatas charras), sino intereses, ¡hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.