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Astillero: Ensueños en la corte

Astillero, Pacto por México

E spectáculo de la “normalidad” en dos pistas. En Los Pinos, el jefe del grupo en el poder, Enrique Peña Nieto, convocó a sus colaboradores a una solemne sesión para “evaluar” lo que han hecho durante los cuatro primeros meses del año (es decir, lo que de positivo se pudiera rescatar, pues los daños y perjuicios están a la vista, aunque no en los discursos oficiales) y, además, para redoblar esfuerzos en la consecución de las nobles metas que en el papel se han trazado (con acento especial, por temporada, en las acciones de asistencialismo social que tan buenos resultados de agradecimiento a boca de urna suelen dar a los benefactores).

Los miembros del gabinete y el presunto coordinador se regalaron en su blindada reunión pinolera la ilusión de un país en calma, rodante sobre rieles bien aceitados y silenciosos, ejemplar y promisorio según los datos disponibles en los informes de los señores secretarios que desde luego habrían reconocido errores, problemas y rezagos, pero siempre menores, superables, ante los muchos y evidentes logros consignados aunque sea en la narrativa autocomplaciente. Ah, y todos ellos escucharon las precisiones, las observaciones, pero sobre todo los exhortos realizados por el jefe empeñado en el respeto a la ley y los derechos humanos y en el combate a la impunidad y la corrupción. Dos horas y media de ensueño en la corte, de lo cual dio cumplida cuenta algún boletín de prensa indulgente.

En el Instituto Nacional Electoral (INE) también derramaban optimismo. A pesar del asesinato de varios candidatos y de las evidencias claras de que grupos del crimen organizado promueven, vetan, financian, ahogan, controlan y condicionan candidaturas y campañas en todo el país, y que esos mismos mecanismos de coacción podrán afectar el funcionamiento y conformación de mesas directivas de casillas y de la producción o inhibición de incidentes el día de la emisión de los sufragios, el secretario ejecutivo del IVE (Instituto del Verde Ecologista), perdón, del INE, dijo campechanamente que a la delincuencia mayor “no le gustan tanto los reflectores” y, dado que “las elecciones traen muchos reflectores, entonces más bien no se meten, y menos con una elección federal”.

El foco ahorrador de energía intelectual también llevó a Edmundo Jacobo Molina (tal, el nombre del secretario ejecutivo en mención) a explicar que los hechos violentos registrados en semanas recientes son “incidentes propios de las situaciones de conflictividad que hay en algunos lugares del país (…) pero en general (el crimen organizado) no ha entrado directamente a la organización de las elecciones”. Vaya con tan reflectoras reflexiones del funcionario lumínico.

Ojo por ojo, casa por casa. La apuesta postrera de Marcelo Ebrard (ME) por contar con rango de diputado federal en el último tramo del peñismo (aunque sea inicialmente como suplente, en una maniobra con inocultable tufo al estilo Juanito) ha sido golpeada con la develación de presuntas maniobras fraudulentas que desde la jefatura de gobierno habría realizado el discípulo político de Manuel Camacho Solís para hacerse de una cara propiedad en la capitalina colonia Roma.

En espera de la resolución del tribunal electoral sobre su postulación como suplente de diputado federal en primer lugar de una lista plurinominal (con su políticamente subordinado René Cervera como titular), Ebrard sigue pagando cuentas políticas a través de acusaciones escandalosas que no sólo están relacionadas con el manejo en sí de recursos públicos de manera deficiente (como podría ser, en el mejor de los casos, en lo referente a la línea 12 del Metro), sino ahora con el expediente de la Plaza Río de Janeiro (donde él tiene su domicilio), todo con la insistente versión de que pronto se podría expedir orden de aprehensión contra el político que a las venganzas palaciegas ve sumarse la mano del PRD, que también busca quitarle la posibilidad de llegar a San Lázaro.

La evidente expedición punitiva contra un opositor cupular contrasta, por su muy marcada selectividad, con el impune procesamiento de todos los demás casos de presunta corrupción y abuso de poder que se han conocido en lo que va del sexenio peñista, empezando por el más conocido y ejemplar, el de la Casa Blanca de Lomas de Chapultepec (al que han seguido historias similares con funcionarios de primer nivel federal como Luis Videgaray, Miguel Ángel Osorio Chong y Luis Enrique Miranda Nava). Justamente ese punto de detonación del sexenio, la Casa Blanca y sus consecuencias políticas y económicas (la cancelación del llamado tren bala a Querétaro, entre otras), es mencionado en corrillos políticos como causal de la máxima ira imperial contra Ebrard, al que se adjudica haber filtrado documentos y datos centrales que fortalecieron la investigación dada a conocer por Carmen Aristegui y su equipo.

El candidato del PAN a gobernador de Guerrero, Jorge Camacho, había dicho que “las encuestas son como las mujeres. ¿De quién son las mujeres? De sus maridos. Y, ¿quién las trabaja? Pues uno”, a lo que agregó con ánimo neozapatista de bombín que “las encuestas son de quien las paga”. Ante el revuelo que desató su doctrina cosificadora al ser retomada en una cuenta astillada, pretendió explicar a ésta que todo se debía a un “contexto de la nota diferente al titular”. Y abundó en su filosofía mobiliaria: “¿De quiénes son las mujeres? De sus maridos, bueno, al menos la mía…”, “Y yo trabajo día a día para ganármela”, “Busco que me pertenezca su cariño, y trato de tenerlo siempre; por ese cariño trabajo todo el tiempo”.

Camacho, quien fue comentarista de deportes en programas de Televisa, también había dicho en acto de campaña, respecto de madres solteras, que él no les conseguiría marido, pues “en lugar de facilitarles la vida se las voy a dificultar, porque van a tener que lavarles los calzones, la ropa”, y en relación con hombres que se enrolan en la delincuencia señaló que es por falta de salarios adecuados para mantener a las familias, pues “¿de qué van a mantener a la querida?” ¡Hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.