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Astillero: EPN: “aclarar” (sólo) lo pedestre

Astillero, Pacto por México

D ime qué cosas ligeras contestas y te diré cuáles pesadas ocultas: Enrique Peña Nieto surcando con supuesta prestancia el minado mundo tuitero para “aclarar” que no es capaz de ponerse unas calcetas deportivas al revés, mientras el país y el mundo hierven de preguntas y exigencias respecto de múltiples temas graves ante los cuales ese mismo corredor en entredicho mantiene lamentable silencio o se atiene a “verdades históricas”, boletines de prensa, emisiones retóricas y frivolidad declarativa en general.

La reacción del ocupante de Los Pinos ante la etiqueta de Twitter #calcetagate ha sido de colección: de muchas cosas han acusado al orgullo de Atlacomulco en las amplias avenidas del Internet politizado (varias ocasiones con una impactante difusión mundial), pero al así señalado sólo parece haberle afectado la que pretendía mostrarlo operativamente en una condición disminuida respecto del acto simple de colocar correctamente (la talonera, en el talón) una prenda textil a la hora de hacer ejercicio físico. O, en realidad, es que ése ha sido el único asunto polémico para el que ha tenido una especie de respuesta y no ha querido perderse la oportunidad de “aclarar” aunque fuera esa minucia lúdica potenciada en las redes sociales.

La cándida historia del #Calcetagate se produjo luego que el sábado 15 del presente mes el propio Peña Nieto hubiese participado en una carrera atlética organizada por el Estado Mayor Presidencial, en la que según los registros oficiales cumplió con 10 kilómetros en 50 minutos con 48 segundos (algunos memoriosos se han preguntado si el espíritu de aquel Roberto Madrazo, maratonista ahorrador de tramos, no se habría asomado a la hora de conseguir tan extraordinaria marca).

Las fotografías oficiales del caso, alojadas en la página de www.presidencia.gob.mx mostraron, además de los estragos del esfuerzo físico, una mancha gris en el empeine de cada uno de los pies del corredor central. Una primera impresión hacía pensar que el mexiquense se había puesto las calcetas al revés, con la parte gris de esas prendas, que suele estar en el talón, en el empeine. De allí nació la etiqueta #Calceta- Gate que en su propia enunciación denotaba el sentido de guasa, pues nadie habría de pensar que unas calcetas mal puestas podrían generar una crisis como la del Watergate. Incluso, a unos minutos de que se hubiera emitido el sabatino primer tuit sobre las presuntas calcetas al revés, Ray de la Parra (@AhFusilarlos, en Twitter) hizo saber que eran prendas marca Under Armour, específicamente las denominadas Compression Socks.

Pero ya había arrancado el Tren del Mame (así llaman a la avalancha de señalamientos irónicos y burlas, no necesariamente críticas formales o académicas, que se producen respecto de determinados hechos), a tal grado que Peña Nieto hubo de salir la noche del martes con la fotografía de unas calcetas Under Armour cuyo diseño tiene figuras en gris en la parte superior, en el empeine, para demostrar que no había cometido la equivocación casi infantil. Desde que el tema se inició, la noche del sábado, un astillado tuitero promotor de la etiqueta multimencionada había advertido que “lo de menos es, en el #CalcetaGate, si el talón o el empeine: lo tragicómico es que muchísimos creen a @EPN capaz de tamaños errores básicos”. Tanto, que el asunto se abrió paso entre la selva de denuncias, desahogos, reclamos, troleo, jugueteo, promociones y displicencia que caracterizan al tuitear globalizado, hasta llegar el martes al primer lugar nacional de las tendencias, y al quinto a escala mundial.

En realidad, más allá de la evidente ligereza del tema, de su intrascendencia original, ese revuelo tuitero logró confirmar la textura de frivolidad y vacuidad que mueve los resortes del máximo poder político en México. Por una parte, exhibió casi estadísticamente la amplitud del segmento de mexicanos informados que creen a Peña Nieto capaz de cometer pifias de ese tipo. Tan acostumbrados están los ciudadanos a que dicho político cometa grandes errores que una presunta torpeza calcetinera entraba en los cálculos posibles. Y el remate fue la respuesta tuitera, con material textil exhibido, que refleja rasgos de personalidad, prioridades de imagen, desdén por otros temas realmente importantes, temor de que se confirmen las descalificatorias percepciones deficitarias respecto de sus habilidades y una pretensión de “oportunidad” aclaratoria que recibió en el mismo mundo tuitero un rápido e intenso revire que exigía al esclarecedor de asuntos pedestres que elevara sus ánimos hacia la creciente lista de asuntos a los que no ha podido dar respuesta satisfactoria ante los mexicanos: Ayotzinapa, la Casa Blanca, Higa, OHL, Ostula, Tlatlaya, Apatzingán, los asesinatos de periodistas, defensores de derechos humanos y activistas políticos y sociales, sólo por mencionar algunos.

Por cierto, luego de la citada carrera en el Molino del Rey, Peña Nieto se congratuló de que la devaluación del peso frente al dólar genere consecuencias positivas para México. Contento, con endorfinas liberadas, dijo que “a veces asociamos mucho el que el tipo de cambio se mueva con que estamos mal. La verdad, así como evidentemente esto genera cierto escozor entre la gente, también es positivo”. Ayer, ese rango “positivo” llegó casi a los 17 pesos por dólar, con inflación en curso aunque las “autoridades”, como Agustín Carstens, pretendan desautorizarla con base en declaraciones y con un escenario económico que a las mayorías provoca mucho más que simple “escozor”.

Y, mientras Cuauhtémoc Cárdenas anuncia que se prepara un “nuevo proyecto de nación” que sería impulsado por personalidades y organizaciones progresistas (por lo pronto, ayer se habló del tema con el líder telefonista, Francisco Hernández Juárez, a un lado), en una jugada que, como en otras ocasiones, desembocará en la puja por las candidaturas (2018), ¡hasta mañana, con la versión de que el virtual nuevo dirigente panista, Ricardo Anaya, no designará a Gustavo Madero al frente de San Lázaro, sino al michoacano Marko Cortés!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.