reforma energética
México SA: México en el escalón 13
5 diciembre, 2014
Llama Peña a un cambio de fondo para “superar la etapa de dolor”
5 diciembre, 2014

Astillero: Fue el Estado, (casi) dice la ONU

Astillero, Pacto por México

L as academias Peña de superación nacional inauguraron en el bello puerto de Acapulco su primera temporada de pensamiento positivo y autoayuda. El curso oficial de tanatología y desaparición en general de seres queridos fue impartido por el propio filósofo sistémico nacido en Atlacomulco, quien ya antes ha maravillado al mundo con otros regalos de sabiduría aplicada.

El gurú Enrique llamó a la sociedad mexicana, y en particular a la guerrerense, a aplicar gel de tres colores a las heridas profundas causadas por hechos como los de Iguala y a “ver hacia delante”. Experto en prodigios (por ejemplo, el hallazgo, ¡en un hueco entre colchón y cama!, del cadáver de una niña larga y ampliamente buscada) y en manejo del dolor (dar por no existentes las graves afectaciones a los derechos humanos y los delitos violentos cometidos en San Salvador Atenco), el mexiquense Paolo Coopelas o Coello mostró en Coyuca de Benítez un extraordinario manejo de las circunstancias, al grado de proponer la conversión del plomo del pasado en oro del presente.

Alquímico y visionario, el docto Peña Nieto postula que desgracias anteriores (por dar un ejemplo, las muertes y desapariciones de normalistas rurales) son en realidad una extraordinaria oportunidad para que el régimen se deshaga de algunas trabas y lastres que ahora quedan más claramente expuestos ante la tragedia (el bajo nivel de entendimiento de la prole seguramente ha impedido que el convocante a la superación nacional se atreva a formular con todas sus letras lo que su doctrina sugiere, es decir, que si hubiera más infortunios históricos como el de finales de septiembre de este año habría en consecuencia más y mejores oportunidades de ir afinando el vigente sistema de gobierno).

El voluntarismo mágico de Peña Nieto y su desafortunado exhorto a la evasión de responsabilidades (bajo la coartada fallidamente buena onda de “ver hacia delante”) sólo contribuyen a exacerbar los ánimos de una parte activa de la sociedad que muy poco o nada cree en los discursos oficiales y en mendaces medidas o planes como los dados a conocer ayer mismo en Acapulco, bajo la sombrilla propagandística del “Nuevo Guerrero”.

Peña Nieto no puede presentarse ahora con un turbante de ilusionista y proponer la visión hacia delante (una especie de “borrón y cuenta nueva”) mientras no haya el debido esclarecimiento de lo sucedido en Iguala y se castigue a los responsables, tanto a los ejecutores locales directos como a los ocupantes de altos cargos federales que en su momento mantuvieron una criminal omisión (la inacción de militares y policías federales durante la noche salvaje, y la tardanza imperdonable de más de 10 días en ir abordando el tema en términos de discurso de Los Pinos y de intervención de la PGR), han dosificado información (con el momento cumbre de la infamia nacional que significó la conferencia de prensa de Murillo Karam para asestar una historieta de piras, cenizas e incertidumbre a conveniencia) y ni entonces ni ahora han mostrado una pizca de genuina vocación indagatoria y justiciera.

La tentativa de fuga política, jurídica e histórica se produce mientras el representante en México del Alto Comisionado de Naciones Unidos para los Derechos Humanos ha hecho declaraciones públicas que confirman lo que muchos han dicho pero algunos intelectuales, comentaristas y periodistas han pretendido desacreditar con argumentaciones y análisis forzados. En declaraciones hechas por el citado representante, Javier Hernández Valencia, luego de reunirse este miércoles en el mero Ayotzinapa con familiares de los 43 desaparecidos, se asienta que hay responsabilidad del Estado, aunque lo pretendan negar el procurador Murillo y otras fuentes oficiales. “Estos jóvenes no fueron desaparecidos por un hecho de la naturaleza, sino por una acción de la que son responsables funcionarios estatales, que eran servidores públicos, y en ese sentido se da la desaparición forzada”, explicó. También consideró que “poner en tela de juicio” la responsabilidad del Estado en los hechos de Iguala permite precisamente negarla.

Más campechano, sin tantos enredos, el cónsul de México en Montreal, Eduardo del Río López, dijo a la edición del diario gratuito Metro en aquella ciudad canadiense, cuando se le preguntó si el gobierno mexicano había presentado disculpas a los familiares de los estudiantes de Ayotzinapa, que “a mi entender no lo ha hecho, pero no veo por qué el gobierno tendría que presentarlas. Se trata de una tragedia que tuvo lugar en un nivel esencialmente local”. El ex embajador de México en Argentina, con estudios de economía en el ITAM, diplomático de carrera, ni siquiera considera que pudiera haber responsabilidad de Estado, sino “esencialmente” municipal.

A los crecientes problemas políticos y sociales se añade ahora una peligrosa inestabilidad económica que se ha reflejado en indicadores de fácil comprensión para todo público, como es la caída de los precios del barril de petróleo y el encarecimiento del dólar. Tales factores forman parte de un entramado deficitario que tiene como capitanes de naufragio al secretario de hacienda, Luis Videgaray, oportunamente desaparecido de las grandes marquesinas mediáticas, y al gobernador del Banco de México, Agustín Carstens. Además, hay una mezcla de irritación y desesperación entre los grandes millonarios del país y los segmentos empresariales inmediatamente inferiores, hasta llegar a una clase media que olfatea el riesgo de devaluaciones o pérdidas de poder adquisitivo que lleven al país a tormentas ya conocidas. De los ensueños de prosperidad a causa de reformas energéticas ahora sólo queda la expectativa de que algunos inversionistas trasnacionales aprovechen a precio de ganga la posibilidad de instalarse a tratar de sacar ganancias a tarascadas en la selva mexicana que no garantiza seguridad ni siquiera a los ocupantes de las trágicas sillas del poder formal. ¡Aquí nos encontraremos el próximo lunes!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.