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Astillero: La noche provocada

Astillero, Pacto por México

L a noche del jueves de remembranza revolucionaria fueron soltados los demonios represivos en la Plaza de la Constitución de la capital del país, apenas unos minutos después de que terminó la fase discursiva de una marcha muy concurrida, plural, pacífica y esperanzadora.

La postrera acometida provocadora de encapuchados y embozados contra quienes resguardaban el frente de Palacio Nacional dio pie a un barrido policiaco que se extendió a lo largo de todo el Zócalo, con golpizas y persecuciones indiscriminadas, que se ejecutaron para dar ejemplo, para amedrentar, para advertir de la política que se ha instaurado luego de las palabras precisas que horas atrás habían hecho el ocupante de Los Pinos y el secretario de la Defensa Nacional y que ayer confirmó el secretario de la misma Marina a la que un diario extranjero (WSJ) ha acusado de permitir que estadunidenses armados (con armas de la propia Marina Armada de México) participen en operaciones contra narcotraficantes simulando ser personal mexicano.

La nueva etapa represiva en curso, que pretende frenar el ascenso de la protesta popular y su imparable repercusión en instancias internacionales y en disímbolos actos ceremoniales en el propio México, incluyó la detención de 11 personas a las que con precisión jurídica puede llamárseles presos por motivos políticos, pues su consignación judicial incluyó la presunción de que habían cometido motín (se consideran como delitos políticos los de rebelión, sedición, motín y el de conspiración para cometerlos). Esos 11 fueron capturados en la imprecisión generalizada reinante la noche del jueves en el Zócalo, con visos de cuota necesaria para justificar las acciones oficiales violentas que permitieron a muchos medios de comunicación destacar la violencia sembrada, su programada explosión final y no el gran significado de la marcha pacífica.

El “cierre de filas” en torno a Peña Nieto, al que expresamente llamó ayer el presidente formal del PRI, César Camacho, incluyó a Miguel Ángel Mancera, el jefe del gobierno capitalino policiacamente ejecutor al que llenó de elogios EPN por su colaboración en las tareas represivas.

Distantes de los intereses de los mexicanos, convertidos en fríos e ineficaces instrumentos burocráticos entregados en muchas ocasiones a políticos sin experiencia diplomática ni sensibilidad social, los consulados de México en Estados Unidos darán curso hoy a una instrucción de la Secretaría de Relaciones Exteriores, en particular de su subsecretario para Asuntos de América del Norte, Sergio Alcocer, para dar la bienvenida a la limitada y engañosa propuesta migratoria de Barack Obama y para simular que esos consulados tienen una aceitada estructura para atender los requerimientos de paisanos, en consonancia con ese plan de la Casa Blanca.

La instrucción a los consulados está contenida en la circular uce//ssan694 e incluye la realización de un evento en el “horario que esa representación estime tenga el mayor impacto mediático el lunes 24 de noviembre en el interior o exterior de la sede consular. Los eventos se llevarán a cabo en esa fecha en los 50 consulados de México en Estados Unidos”. El show confirma la postura acrítica y entregada de la cancillería mexicana hacia el remedo obamista de solución a los problemas migratorios. Además, se ordenó que en cada consulado se realice una conferencia de prensa que se ajuste a los temas prescritos (se envió un “comunicado de acción ejecutiva” y “temas de conversación” con periodistas, en inglés y en español, y una propuesta de tuits, todo lo cual puede leerse en www. lajornadasanluis.com).

Por ejemplo, se propone que “Los cónsules titulares presidirán el evento, acompañados de figuras relevantes vinculadas al tema migratorio a nivel local. Se sugiere contar con la presencia de al menos un dreamer, un miembro de la Red Global MX (en los casos en que se cuente con una), una autoridad local y una persona que pudiera beneficiarse de las políticas anunciadas (padre de familia)”.

El mayor problema para los cónsules mexicanos será la natural vocación indagatoria de los medios de comunicación no sobre el insípido plan obamista y la adhesión subordinada del gobierno mexicano, sino sobre Ayotzinapa, la represión, la corrupción en general y, en particular, la Casa Blanca y otros temas difíciles para el gobierno peñista, que cada día recibe más rechazo internacional. Por cierto, muy digna, la cancillería pidió al embajador uruguayo en México que explique las palabras del presidente José Mujica respecto a que nuestro país es un Estado fallido (Le Monde, por ejemplo, lleva en su portada un reportaje sobre “La revuelta de los mexicanos contra el Estado mafioso”).

Mujica dijo a Elías Camhaji, en Foreign Affairs en Latinoamérica, que “a uno le da una sensación, visto a la distancia, que se trata de una especie de Estado fallido, que los poderes públicos están perdidos totalmente de control, están carcomidos. Es muy doloroso lo de México. Yo apelo a que México reaccione en su ética y en su moral. Esto es posible por una gigantesca corrupción. La corrupción se ha establecido, me da la impresión, visto a la distancia, como una tácita costumbre social. Seguramente, el corrupto no está mal visto, es un triunfador, es un señor espléndido. Por ese lado, estamos fritos”.

Por cierto, Enrique Peña Nieto envió a Montevideo, como representante del Estado fallido, a su compadre incómodo, Felipe Enríquez Hernández, dedicado a hacer negocios, como casi todos los demás beneficiarios de las designaciones peñistas. El embajador mexicano, quien había perdido la presidencia municipal de Monterrey antes de recibir su premio diplomático, ofreció 10 camionetas de doble tracción por el vochito 1987 de Mujica, que también fue pretendido por un jeque árabe, aunque éste ofreció un millón de dólares. Tal vez Enríquez pretendía enviar ese símbolo rodante de la austeridad del presidente uruguayo a estacionarse a alguna Casa Blanca, no lade Washington. Y, mientras crece la protesta contra parquímetros en el DF, ¡hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.