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Astillero: La (otra) fuga

Astillero, Pacto por México

D icen que a bordo del avión presidencial sólo faltó el perico. No se sabe si los cálculos estratégicos del grupo en el poder consideraron la posibilidad de que esa hipotética ave faltante fungiera como ejecutivo sustituto en caso de algún incidente, pues en un conmovedor arranque de confianza en la providencia el lic. Peña se llevó consigo a los titulares de las principales oficinas de eso que llaman “gobierno federal”. El perico quedado en tierra, en dado caso, podría haber sido una opción de correlativo interinato, pero ante los sucesos por todos conocidos (nótese la elegancia para eludir la burda mención del Tunelgate), desde París a toda prisa hubo de retornar a su oficina nativa el lic. Osorio Chong (título, éste, con matices también avícolas: patito, como reconoció en 2005 ante Juan Velediaz: “fui abogado sin serlo”, http://eluni.mx/1DcDMfE ).

Al simulacro de exilio por conmemorativas razones francas (el recuerdo de la Toma de la Bastilla, con un involuntario esbozo de Ipiranga recargado) asistió en espíritu un especialista en otro tipo de pericos (así llaman en la jerga del ramo a la cocaína y sus mezclas), el internacionalmente famoso Joaquín Guzmán Loera, cuyas recientes hazañas topográficas acompañan y supeditan el andar gráficamente contento del Señor de Atlacomulco. El Chapo es el personaje de lo que va del sexenio, convertido en antítesis triunfante de la solemnidad y los proyectos de la clase política que es rapaz sin confesarlo ni festejarlo. Tanta necesidad tiene el pueblo mexicano de una opción de revancha ante los abusos de los poderes formales que encumbra a un jefe criminal a nichos casi cívicos, El Chapo como “ejemplo” de superación, astucia, inteligencia y prosperidad. Así andamos.

Y, sin embargo, el planeta Peña no se mueve. Puesto en una órbita fallida, se mantiene apegado a los trazos de “normalidad” protocolaria que le impone un viaje política y socialmente ya desfondado. Recibe paradójicos reconocimientos (una medalla) de una muy destacada casa francesa de estudios y en México algunos medios se equivocan y la titulan “La Soborna”, invocando así involuntariamente la percepción de que los honores otorgados al mexicano provienen de mecanismos trastocados. El orgullo henchido que debería distinguir a la tumultuaria delegación mexicana en París está gravemente lesionado por el humor agridulce que se burla de las “verdades históricas” recientes y de las autoridades ausentes (siempre, pero más en estos días especiales de gira), en un desplome de confianza como de terremoto carcelario ante el cual el nuevo Miguel de la Madrid hubiera preferido la distancia transoceánica y el cumplimiento de las faenas diplomáticas y festivas en lugar de atender las roturas causadas por el túnel que, ¡ojo en Los Pinos!, no fue escrito por El Chapo Sábato.

La otra fuga, la de Peña Nieto y su élite acompañante, se produce mientras en casa se multiplican las especulaciones respecto de los hechos carcelarios tan de película que parecen firmemente actuados. El vacío informativo, que no puede ser abatido con boletines y discursos, facilita la disección aficionada y la especialista, metidos en la coctelera los ingredientes de descontento social acumulados a lo largo de poco más de dos años y medio de peñismo efectivo. Surgen preguntas, se adivinan contradicciones, chocan las versiones oficiales, faltan videos de antes de la regadera insólitamente nocturna e incluso hay quienes consideran contar con elementos para suponer que la salida de escena de Joaquín Archivaldo se produjo días antes del viaje que no llevó al perico. En ese mundillo de la avidez mediática se ha llegado incluso a la utilización sin rigor periodístico del tuiteo realizado desde cuentas de presuntos hijos del poderoso empresario nacido en Badiraguato y, supuestamente, de éste mismo.

El #TunelGate se reconvierte en #ChapoTours, con la procuradora Televisa, Arely Gómez, en escolar visita casi arqueológica a las ruinas de lo que la justicia fue, ido todo simbólicamente por un agujero de 50 centímetros por otros tantos. A la peregrinación de moda se apuntaron ya senadores que desean ver con sus propios ojos los restos del naufragio, sin ganancias periciales, forenses o judiciales, mero turismo de simulación. Y ayer mismo deambulaban por las instalaciones del penal de los Altos Planos el secretario Osorio Chong y el comisionado Rubido, en compañía de diputados federales, sin que se supiera si debajo de algún colchón se hubiese encontrado alguna pista o dato interesante. La DEA, en cambio, siempre dispuesta a colaborar e incluso a dirigir los rodajes mexicanos, hizo saber que el ingeniero Chapo ya llevaba dos intentos de salida extrajudicial, lo cual ha de suponerse fue notificado oportunamente a la contraparte mexicana que en apariencia estaría muy sorprendida de que Guzmán Loera volviera a las andadas subterráneas, como ha sido su especialidad histórica.

Pero los mexicanos deben tener un ojo a El Chapo y otro al garabato llamado ronda uno. Este miércoles se abrirán los sobres con las propuestas de inversionistas extranjeros para hacerse de rebanadas del pastel energético puesto sobre la comisionable mesa por la administración Peña. Se hacen los remolones algunos de esos capitalistas, con argumentos técnicos y contables, dando a entender que el negocio no lo es tanto y por ello necesitan más cesiones. Los gubernamentales anfitriones se dicen preocupados a causa de la eventual disminución del entusiasmo foráneo, pues ello implicaría una menor entrada de dólares, así que podrían estar dispuestos a abrir más las puertas en ese proceso histórico de devolución de la riqueza del subsuelo mexicano a empresas extranjeras, en una suerte de revancha histórica contra la cardenista marca 1938.

Y, mientras Osorio Chong daba conferencia de prensa ayer, de lo que se dará cuenta en la venidera entrega de esta columna excavadora, ¡hasta mañana, con el encarrerado tren privatizador avistando su presunta estación siguiente, la de los servicios públicos de salud!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.