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Astillero: Las (otras) cachetadas del Verde

Astillero, Pacto por México

M anuelito, como aún le llaman en privado sus familiares, creyó necesario acicatear facialmente a un integrante de su servidumbre (http://bit.ly/1EmSwKg ), en ejemplo virreinal de las relaciones de clase que él se empeña en preservar en una de las regiones de mayor atraso económico y social, desde donde incluso pretende, con enormes inyecciones del erario en campañas de publicidad por todo el país, alcanzar la Presidencia de la República para garantizar a la plebe una soberbia aplicación de cachetadas como las que sigue suministrando el Partido Verde Ecologista de México, y no sólo en los abusivos anuncios de promoción electoral que inserta en pantallas de todo tipo.

Nieto del distinguido ex gobernador y médico Manuel Velasco Suárez, el verde propinador de acicates en mejilla (nacido en abril de 1980) ha sido un político precoz, siempre acompañado del título de “más joven” en los cargos que ha ocupado: una diputación local, una federal, una senaduría, una gubernatura, y ahora aspira a completar en 2018 su colección juvenil con la estampita que le falta en su álbum, la presidencia de lo que con esas bofetadas a empleados sumisos pareciera la Nueva España.

La demostración de estímulos guajoloteros en plena cara a los ayudantes remisos tiene como antecedente gráfico el paseo que cargado en andas por indígenas realizó el 12 de abril de 2013 en Oxchuc, Ocozingo (http://bit.ly/1ukFtTM ). Miembro del negocio de familias denominado Partido Verde Ecologista de México, y llegado al poder chiapaneco en nombre de esa agrupación, en alianza con el PRI, Velasco Coello ha convertido a esa entidad en centro de negocios privilegiados para muchos amigos empresarios, entre ellos de manera destacada el Grupo Salinas, que tiene como punta de lanza a Televisión Azteca y como gerente regional al senador (obviamente “Verde”) Luis Armando Melgar. En andas electrónicas también llevan esa televisora del Ajusco, y la definitoria Televisa, al joven Velasco, que en pocos meses habrá de casarse con la actriz y cantante Anahí Giovanna Puente Portilla, en un episodio de construcción de candidaturas presidenciales que se puso en práctica hace unos años en el estado de México.

Los arrebatos coloniales del mencionado Velasco son parte menor, pero muy ilustrativa, del catálogo de despotismo que caracteriza al partido que ha tenido como símbolo al llamado Niño Verde, el ya cuarentón Jorge Emilio González. Ese negocio de las cuatro mentiras (no es partido, ni verde, ni ecologista ni de México) se ha valido incesantemente del diseño electoral mexicano que permite a partidos minoritarios hacer alianzas con los “grandes” a cambio de mantener el nivel básico para su registro y compartir prerrogativas y privilegios. El daño que ha hecho el Verde al país es enorme, un auténtico festín de pandillas consumidoras de las partidas presupuestales que manejan arbitraria y corruptamente, santuario de tráfico de influencias para negocios de todo tipo.

Aun así, gracias a una campaña de madruguete en medios electrónicos (en los cines resulta insoportable ver sus espots) y con el apoyo de figuras de Televisa que se declaran “verdes” y reproducen la propaganda engañosa de que el partido del tucán “sí cumple”, la intención de voto, según encuestas recientes, ha subido para el partido 4M, confirmando la nefasta capacidad de manipulación que los anuncios políticos en medios electrónicos pueden tener entre clientelas poco informadas.

Gustavo Madero es el que manda en el Partido Acción Nacional. Ayer retomó la presidencia de su partido, la cual había dejado en manos del prosopopéyico queretano Ricardo Anaya para poder el chihuahuense alzarse con una candidatura de representación proporcional a San Lázaro. Cumplida esa etapa, Madero vuelve a la presidencia partidista, desde donde hay la probabilidad de que sin sonrojo alguno se designe a sí mismo coordinador de los futuros diputados federales del partido abiertamente derechista. El velador de la presidencia durante la ausencia de Madero, el mencionado Anaya (una especie de Juanito, pero con vincha blanco y azul), pasa a la desfalleciente coordinación de los diputados que van de salida (todo sea para hacer currículum), mientras el ocupante actual de este cargo, José Isabel Trejo, se encarama a la secretaría general del comité nacional partidista que ejercía Anaya antes de pasar simbólicamente a ocupar la presidencia que había dejado Madero pero siempre no. Uf. ¿Le entendieron? Es la nueva “democracia” interna del Partido de Acción Maderista, PAM.

La narrativa del fabulador general de la República, Jesús Murillo Karam, muestra agotamiento sobre agotamiento. Increíble e improbable es su historia de los súbitamente hacendosos narquillos igualtecos que se esmeraron en no dejar huella de asesinatos que en su historial siempre dejaban ejemplarmente a ras de tierra o apenas sepultados en fosas elementales y que en esta ocasión montaron una pira retadora de lógica y ciencia para contar con cenizas que luego fueron a tirar a aguas cercanas. Ahora, el guionista de humor negro ha recibido correspondencia de Innsbruck, en la que le avisan lo ya sabido, es decir, que los restos cuidadosamente destruidos no permiten la identificación de los asesinados. Ante ello, el titular de la Procuraduría General de Relatos deslumbra al considerar que esa indagación negativa “efectivamente nos pudo dar una prueba plena de que sucedió lo que sucedió”. Y ya para cerrar el insólito caso de los muertos que oficialmente no están muertos porque no se puede demostrar su muerte, Murillo K. soltó otra perla del México grotesco: “me queda claro que allí mataron por lo menos a uno; las declaraciones, las pruebas y todo lo demás me hacen pensar que allí los mataron” a los demás. ¿Y colorín colorado?

Y, mientras la oposición a comicios en Guerrero se ha manifestado con presiones crecientes y desbordadas a consejeros del INE en Tlapa, ¡hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.