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Astillero: Mancera, ¿ya en campaña?

Astillero, Pacto por México

D e pronto, Miguel Ángel Mancera decidió convertirse en gestor de soluciones para problemas que le quedan a muchísimos kilómetros de distancia, los de los jornaleros agrícolas de San Quintín, en Baja California, llegados a la gran metrópoli para exigir a autoridades federales que hagan justicia.

En su inmediatez política y geográfica, al jefe de Gobierno del Distrito Federal le sobran asuntos y problemas en busca de atención y resolución, pero pareciera que su vista política se extiende más allá de la ciudad de México, en el contexto del destape adelantado que le regaló Carlos Navarrete, presidente nacional del PRD, al señalarlo como virtual aspirante a la Presidencia de la República en 2018.

Mancera libra una dura batalla para quedarse con el control que le disputa Andrés Manuel López Obrador, sobre todo en cuanto a delegaciones políticas y en menor proporción respecto de la Asamblea Legislativa capitalina. Los chuchos le han cedido cuanto ha solicitado a fin de que su poder presupuestal nutra y potencie la industria del asistencialismo electoral que durante largos años se ha consolidado en nombre del sol azteca en la capital del país. Lo sustancial de las candidaturas perredistas capitalinas fue decidido por el jefe local, Mancera, por conducto de su secretario general de Gobierno, Héctor Serrano, cuya huella digital ha estado impresa sin pudor en negociaciones, reuniones y desenlaces de las pugnas entre corrientes del PRD, encabezando Serrano la suya, que es la de Mancera.

El duro y rudo esfuerzo mancerista ha merecido el revire proporcional del mando supremo de Morena, invitando al funcionario a dejar el cargo si es que prefiere dedicarse a las escaramuzas interpartidistas de la izquierda electoral. En ese contexto de rispidez creciente entre los políticos que alguna vez posaron con camiseta beisbolera del equipo “Amigos”, el guanajuatense Navarrete terció para proponer a Mancera a la candidatura presidencial que abiertamente se construye López Obrador.

El distanciamiento entre MAM y AMLO tiene como puntos de conflicto ciertas demarcaciones, como la delegación Iztapalapa, cuyo padrón electoral supera al de varios estados, y, en especial, la Cuauhtémoc, donde Los Pinos y el GDF van de la mano en términos presupuestales (el despensismo elevado a la categoría de política oficial, como promotor casi infalible del voto) y políticos, en busca de frenar a Ricardo Monreal, el ex gobernador zacatecano que de ganar ese mando delegacional causaría muchos problemas operativos trascendentes al peñismo que aunque poco utiliza el Palacio Nacional tiene allí, a fin de cuentas, su máxima sede ceremonial. En 2012, luego del desenlace formal en favor de Peña Nieto, el lopezobradorismo tenía dos cartas principales hacia un futuro en el que AMLO ya no participara, Marcelo Ebrard y Monreal. Hoy sólo le queda ésta.

Más allá de los juegos chilangos de estrategia, los candidatos y partidos siguen a la caza de cuanta oportunidad tienen de convertir problemas en promesas, protestas en fotografías de presunto apoyo y desgracia nacional en “oportunidades” de corrección y mejoría. El país entero vive invadido de propaganda visual y auditiva, en una estridencia insustancial que no hace esperar mayor cambio de fondo, sólo el relevo de camarillas y personajes por otros de similar catadura, en el proceso de la integración proporcional de un mosaico de presunta representación nacional que, en general, sólo servirá para procesar las propuestas cupulares de los partidos dominantes, el PRI (más sus comparsas, el Verde y el Panal) y los aliados de cada circunstancia, ya sea el PAN o el PRD.

En Jalisco, el gobernador priísta Aristóteles Sandoval tuvo que solicitar a su padre, el magistrado Leonel Sandoval, que pida licencia a su cargo en el Supremo Tribunal de Justicia del Estado y se retire del ámbito priísta en el que fungía como plenipotenciario coordinador virtual de la campaña a la presidencia municipal de Guadalajara. El gesto fue obligado por la exhibición de las pillerías políticas de Papá Leonel, quien creó el Movimiento Aristóteles Sandoval para promover a su hijo a la Presidencia de la República en 2018 y, en tan familiares propósitos, llegó a imponer candidaturas a diputaciones y presidencias municipales. En Nuevo León, otro hijo con papá con síndrome de activismo desbordado, el gobernador Rodrigo Medina, ve con entusiasmo las prósperas andanzas de su progenitor en el mundo de los negocios, con visión y éxito asociados a la estancia del vástago en el mando político estatal.

Poco aprecio periodístico se ha dado en México a la escandalosa publicación en un portal conservador de que hay una célula del Estado Islámico (Isis) a 12.8 kilómetros de la frontera con Estados Unidos ( http://bit.ly/1ynTHdO ). Judicial Watch se llama la organización que da sustento a la “noticia” cuyas fuentes son absolutamente imprecisas, adjudicadas a un marino y un policía mexicanos cuyos nombres y datos jamás se dan a conocer. Se trata de una agrupación de pretensiones analíticas, neoconservadora y antimexicana, que tiene millón y medio de seguidores en Facebook y mantiene posturas xenófobas, cargadas a un amarillismo que excita a sectores radicales del Partido Republicano.

No merecería mayor atención el asunto a no ser porque medios derechistas de Estados Unidos han dado resonancia a la “revelación”, con lo que el de por sí fallido y entreguista gobierno mexicano aparece a los ojos de estadunidenses de digestión periodística rápida como un auténtico peligro para la seguridad nacional del imperio. A la imparable incursión de cárteles mexicanos en territorio del país vecino, y al riesgo de que la violencia extrema que se vive en México pueda ir traspasando linderos, se agrega ahora la versión sin sustento de que nuestro país se va convirtiendo en base y plataforma de un terrorismo islámico que aprovecharía la porosidad de la frontera y la incapacidad institucional de México para ingresar a Estados Unidos. ¡Hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.