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Astillero: Morena: candidatos únicos

Astillero, Pacto por México

A yer tocó el turno a Ciudad Juárez. Allá fue Enrique Peña Nieto para llevar su mensaje de optimismo terapéutico. Presumió que en la urbe fronteriza se redujeron los actos criminales aunque, obviamente, no mencionó que éstos se han disparado escandalosamente en otros puntos del país. El teleprompter ambulante desparramó cifras y retórica de presunta buenaventura nacional, alcanzada o por alcanzar, con el lector mexiquense cada vez más decidido a dar énfasis a sus palabras (por si éstas no bastaran) con movimientos de hombros, guiños y expresiones faciales que buscan convencer al oyente de que lo dicho es verdad.

La gira peñista contó con otro ingrediente que pareciera se incorporará de plano a los programas oficiales venideros. Las protestas públicas contra el ocupante de Los Pinos se presentan en las inmediaciones de cada lugar adonde éste asiste, con las fuerzas policiacas y militares como contención, siempre en riesgo de añadir más víctimas al rosario nacional. Hay múltiples motivos para esas movilizaciones, pero el central se refiere a Ayotzinapa, el fantasma que seguirá persiguiendo a EPN donde quiera que se presente.

Aun cuando fue opacado y relegado durante meses por la dimensión de la tragedia de Iguala, el caso de los ejecutados en Tlatlaya, estado de México, va recuperando el lugar que le corresponde en el escenario de los crímenes de Estado. Más allá de la probable condición de peligrosos delincuentes que se achaca a los fallecidos, el punto de quiebre institucional reside en la práctica militar de “limpieza social” mediante el fusilamiento sumario de los presuntos miembros de grupos del crimen organizado (lo cual se ha dicho durante años que es una política oficial reiterada, sistemática, pero sólo en ese lugar se mostró en una cuantía y una evidencia inocultables, a tal grado que incluso ha sido denunciada en medios internacionales). El curso de lo sucedido en Iguala ha llegado inevitablemente a los ámbitos militares (incluso el gobierno federal ha prometido que permitirá la visita civil, con familiares de los 43 al frente, de instalaciones castrenses), pero también el expediente de Tlatlaya afecta directamente a la institución verde olivo y, desde luego, al gobernador Eruviel Ávila, que con prontitud exculpatoria desestimó en su momento la participación militar que finalmente se ha debido reconocer, y a los cuerpos policiacos estatales y municipales que en esa entidad constituyen un peligro para sus habitantes y para los viajeros que deben cruzar por ese territorio especializado en abusos graves, criminales.

En otro asunto, la Comisión Nacional de Elecciones del partido Morena reivindicó la ajada figura del “candidato único”, tan vilipendiada en años recientes. La cúpula del nuevo partido aprobó solamente a un aspirante por cada uno de los distritos locales del Distrito Federal y de sus delegaciones (con excepción de la Miguel Hidalgo, donde se declaró desierto y donde bien podría anotarse el senador L-12, Mario Delgado, pues tal opción se reservó para un “externo” que sea varón y al cual directamente designará el mando nacional).

La rehabilitación de la unicidad prehistórica (consenso, rechazo a divisiones, finura política, tejido magistral, dirían los jurásicos de antes, como lo pueden decir los regenerados de ahora) desembocó además en la providencial coincidencia de los Promotores de la Soberanía Nacional previamente sembrados (recolectores de firmas para consultas sabidamente inviables, fotográficamente promovidos ellos mismos junto al imán electoral tabasqueño y trepados siempre en los templetes indicativos) con los nombres finalmente confirmados en el DF (la lista completa, en http://bit.ly/1KLzba9 ).

Conforme al artículo 14 de la convocatoria expedida para estos menesteres, las asambleas delegacionales y distritales que habrán de realizarse en la ciudad de México sólo servirán para convalidar las altas decisiones ya tomadas. Se “informará” a los asambleístas que ya tienen abanderado “definitivo” para que lo “reconozcan”. Así dice tal artículo restrictivo: “Si en el distrito o delegación, según corresponda, la Comisión Nacional de Elecciones sólo aprueba el registro de un aspirante a candidato, éste será designado y reconocido como candidato único y definitivo, lo cual será informado a la Asamblea Distrital Electoral Local o a la Asamblea Delegacional Electoral según sea el caso”. Lo antes dicho: ni los chuchos. Y lo antes preguntado: ¿dedazos o asambleas?

ASTILLAS

El multimillonario mexicano Carlos Slim se ha quedado como principal accionista de The New York Times, que a partir de ahora podría ser llamado The New York Telmex… El duelo estelar entre mujeres en la Arena Nuevo León (Margarita Arellanes, con túnica cristiana de blanco y azul, frente a Ivonne Álvarez, con milenaria vestimenta tricolor de la onda grupera) no deja resquicio viable para el juego de otros partidos… El tufo a podredumbre en el futbol profesional no queda en el plano del lavado de dinero, la evasión de impuestos y los arreglos con árbitros a subasta. El mexicano Javier Aguirre, antes director técnico de la selección Televisa-México, y ahora de la japonesa, deberá declarar el mes entrante ante autoridades españolas que investigan a 42 sospechosos de haber negociado el marcador de un partido entre Zaragoza (que dirigía JA) y Levante, en la temporada 2010-2011. ¿Cuántos partidos (se habla en esta ocasión de lo deportivo) se “arreglarán” económicamente en el vivero de la corrupción mexicana? ¿Poderes empresariales e incluso políticos habrán comprado resultados en los fangosos torneos locales?… Entre más insiste Margarita Zavala en denunciar distorsiones, grupismo y errores de los dirigentes actuales del PAN, más hace recordar la etapa oscura en que Felipe Calderón sometió ese partido a Los Pinos… Y, mientras el agradecimiento de Los Pinos con el chuchoperredismo amenazado en el DF facilita que el Panal (bajo dominio peñista) se acomode a alianzas capitalinas con el sol azteca, ¡hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.