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Astillero: No hay Año Nuevo

Astillero, Pacto por México

H ueca es toda pretensión de alegrías, reposicionamientos y mejores propósitos a partir de una simple reposición numérica en el ciclo de los 12 meses pasados o por cumplirse. El calendario se quedó inmóvil en la igualteca fecha trágica. Desde entonces, el poder central no registra avances, sino retrocesos, con un mexiquense atado a la versión irritantemente inverosímil que ha sostenido el mendaz procurador Murillo Karam y con una sostenida protesta pública de una parte de la sociedad que repudia la versión oficial, demanda la renuncia del encargado del Poder Ejecutivo y amenaza con escalar sus acciones, al grado de pretender el impedimento de las elecciones federales y estatales cuando menos en el Guerrero simbólico.

Enrique Peña Nieto hará discursos (en una ruta de ceremonias públicas que estará marcada por las expresiones de repudio, como ya sucedió inauguralmente en Oaxaca al empezar el año), enviará mensajes de circunstancias (como anoche, en su alocución de Año Nuevo), decidirá cambios en la alta burocracia y pretenderá que tiende la vista al frente, pero seguirá siendo rehén de su propio secuestro, pues nada volverá a la normalidad mientras no haya justicia en el caso de los 43.

El derrumbe del sueño peñista, más la volatilidad económica internacional, han creado condiciones de inestabilidad e inseguridad que preocupan a los inversionistas que antes de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa creían estar frente a un paraíso de ganancias descomunales por venir. Por ello estará el Orgullo de Atlacomulco frente a Barack Obama (o, más específicamente, frente a los intereses a los que representa la Casa Blanca) para tratar de explicar lo que pasa en el patio trasero en llamas, garantizar que hará lo necesario para restablecer el piso mínimo para los negocios en curso (en especial los energéticos) y aceptar instrucciones respecto a la manera en que el poder vecino desea que se vaya “normalizando” la situación mexicana.

El arranque del año electoral (del alegre Año Nuevo de los partidos), tampoco podrá esconder, en los términos actuales y bajo sus ropajes de competencia insustancial, la persistencia del mismo tema del año no superado, de Ayotzinapa y la impunidad absoluta. Un sistema de complicidades criminales como el revelado aparatosamente en el caso Iguala no ha permitido ni permitirá que la vía electoral suministre remedios eficaces para el cuerpo nacional postrado, pero ha hecho y hará todo lo necesario para que el circo de las campañas y los comicios haga creer que el ciudadano “puede decidir” y puede “cambiar” las cosas premiando o castigando a los candidatos y a los partidos. Un adelanto del cinismo y el abuso programados lo ha dado el sumamente pernicioso Partido Verde Ecologista de México con su propaganda de falsedades que ha tomado ventaja, atiborrando pantallas de cine y espacios electrónicos, a sabiendas de que en México es más fácil pagar multas ínfimas o recibir “apercibimientos” sin consecuencias con tal de asegurar el gran negocio del saqueo del erario mediante farsas partidistas practicantes de alta corrupción.

En busca de fortalecer su posición en la cúpula eclesiástica, el papa Francisco nombró 20 cardenales pertenecientes en su mayoría a regiones usualmente distantes de los objetivos vaticanos (una especie de tercermundismo frente a las decisiones tradicionales, centradas en la curia y lo europeo). Esta vez, en lugar de designar a un cardenal en Monterrey (en 2011, Francisco Robles Ortega pasó de la capital neoleonesa a la tapatía, y antes de él fue cardenal regiomontano Adolfo Antonio Suárez Rivera), el jefe argentino optó por dar a Morelia el primer purpurado de su historia, en la persona de Alberto Suárez Inda (ASI). El vocero papal dijo abiertamente que la distinción a ASI tiene como referente que Michoacán es un estado “golpeado por la violencia”.

La sorpresiva designación de ASI (de 76 años) tiene de contexto el desgaste del también cardenal Norberto Rivera, cuyo pensamiento y praxis no corresponden a los nuevos tiempos impulsados por Jorge Mario Bergoglio. Aunque debe precisarse que no es Suárez Inda un político progresista, sino “moderado” y con clara proclividad al entendimiento con los poderes en turno. Recientemente, por ejemplo, llamó al párroco de Apatzingán, Gregorio López, el padre Goyo (homónimo del asesinado en Guerrero) a retomar la línea de respeto a las instituciones, luego que el cura con chaleco antibalas hubiera dicho que habría golpe de Estado en México si se encarcelaba al pionero de las autodefensas, Hipólito Mora.

El nuevo cardenal es hermano de Ricardo Suárez Inda, panista que de 1998 a 2000 fue presidente municipal de Celaya, plaza electoral que desde entonces ha sido dominada por el blanco y el azul y donde este año será candidato a alcalde Fernando Bribiesca Sahagún, postulado por el PRI, el Verde y el Panal (actualmente es diputado federal a nombre de éste partido), e hijo de Manuel Bribiesca y Martha Sahagún, ahora de Fox, quienes fallidamente buscaron en años pasados esa misma presidencia.

El gobernador de Veracruz, Javier Duarte, se apresuró a precisar: “No es reportero, (sino) conductor de taxi y activista vecinal”, cuando periodistas le preguntaban sobre el paradero de quien consideran su compañero, Moisés Sánchez, un ciudadano que fue sacado de su domicilio por personas armadas y que hasta ayer estaba desaparecido. En Veracruz han corrido trágica suerte decenas de practicantes del periodismo y muchos ciudadanos más. Sea reportero (“de Facebook”, también puntualizó Duarte, aunque explicó que tal acotación no buscaba demeritar la actividad del secuestrado), taxista, activista o desempleado, lo sucedido a Moisés Sánchez debería tener una rápida, respetuosa y eficaz respuesta de las autoridades correspondientes.

Y, en tanto profesionales de la enfermería realizan este martes una protesta nacional en demanda de respeto a su estatus amenazado por el peñismo, ¡hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.