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Astillero: Noticias oportunas

Astillero, Pacto por México

C onforme se acerca la fecha de la reunión entre Enrique Peña Nieto y los familiares de los 43 normalistas desaparecidos han ido surgiendo elementos informativos que parecieran ayudar (o tratar de ayudar) a que el hombre de Los Pinos no llegue a ese encuentro con las manos virtualmente vacías o solamente atenido a la dinamitada “verdad histórica” establecida por el ahora tan silente Jesús Murillo Karam.

Primero se dio a conocer que la Universidad Médica de Innsbruck consiguió asumir científicamente ciertos restos óseos como pertenecientes a uno de los estudiantes, Jhosovani Guerrero de la Cruz. Tal identificación se realizó mediante una técnica novedosa para atender casos de ADN altamente dañado. De las 17 muestras de restos muy quemados que había enviado Jesús Murillo Karam, sólo en un caso (Alexander Mora Venancio) se había tenido éxito con la tecnología convencional.

Llama la atención que con el uso de los nuevos recursos de indagación genética forense (Primer Extension Capture Massively Parallel Sequencing, abreviada mediante sus siglas en inglés, Pecmps) se haya logrado que en nueve de 16 muestras enviadas por México se pudieran constituir “perfiles” adecuados para determinar su ADN. De esas nueve muestras idóneas, dos correspondieron a los normalistas Guerrero y Mora. Pero “las restantes siete muestras arrojaron resultados no relacionados con ADN mitocondrial humano. El origen biológico de esas siete muestras será determinada utilizando análisis metagenómico, que se está llevando a cabo actualmente”.

Aun cuando la segunda identificación de ADN en los restos enviados a Austria fue enarbolada por algunos medios y opinantes como una descalificación del trabajo del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI-CIDH) y, por tanto, una reivindicación de la “verdad histórica”, lo cierto es que la investigación de Innsbruck de ninguna manera reconoce o avala que esos restos realmente provengan del basurero de Cocula o del río San Juan y, en estricto sentido, tampoco significa un certificado de defunción, pues las muestras estudiadas podrían pertenecer a una parte corporal cercenada.

No debe olvidarse que la recolección de esas muestras no tuvo ninguna constancia de respeto a la obligada cadena de custodia. Se dijo que correspondían al basurero de Cocula, pero nada más. Palabras sin más sostén en equipos de trabajo a sueldo de un gobierno que, por ejemplo, ha sido capaz de sembrar una pistola en el automóvil del abogado de una empresa que ha denunciado las pillerías de OHL, que llegan a altísimos niveles gubernamentales. Recuérdese que los miembros del Equipo Argentino de Antropología Forense habían establecido que “no existen elementos científicos suficientes por el momento para vincular los restos hallados en el basurero con aquellos recuperados, según la PGR, en el río San Juan”. Por ello es que ahora los familiares de los 43 han rechazado la nueva información y han pedido que no haya más engaños y mentiras.

Al siguiente día de ese episodio forense fue anunciada la detención de Gildardo López Astudillo, alias El Gil, presunto autor material del presunto asesinato masivo. El Gil habría sido el segundo al mando en el grupo criminal encabezado por Sidronio Casarrubias, quien ya está detenido. Tal vez lo más impactante del asunto sea el largo tiempo que el mencionado Gil se mantuvo libre, en las inmediaciones de una zona tan vigilada. Cualquiera podría suponer que dado el enorme interés que deberían tener las autoridades en la captura de una pieza clave en un asunto que ha mantenido en jaque al gobierno federal, dicho personaje no se atrevería a rondar por la región. Pues no: El Gil se mantenía en activo, había vivido en tres casas diferentes y fue aprehendido allí nomás, relativamente a un ladito, en Taxco.

La oportuna puesta en escena de El Gil podría aportar los ingredientes de presunta convalidación máxima de la “verdad histórica”. Si a este operador de campo de los Guerreros unidos se le hace coincidir con la versión murillesca habrá campanas mediáticas echadas al vuelo para celebrar un aval llegado tan a tiempo. Pero apenas unos días después de los sucesos de Iguala, una manta que al final llevaba como especie de firma El Gil aseguraba que los 43 estaban vivos y señalaba a otros grupos del crimen “organizado” y a mandos gubernamentales como partícipes decisorios en aquella noche trágica. Por lo pronto, el próximo 26 podría ser declarado el día contra la desaparición forzada, si el Senado respalda lo que decidió una cámara de diputados cuyos alcances de presión en busca de justicia parecen llegar solamente al nivel de las efemérides.

Miguel Ángel Mancera rindió ayer su tercer informe de gobierno. Lo más destacado del tema es que sigue considerándose precandidato presidencial en serio y que algunos ajustes en su equipo de trabajo y la escucha de ciertas críticas en su contra le permitieron una vana magnificación retórica, como si tales minucias forjaran un perfil de estadista. Todo va bien y, lo que no va así, pronto lo irá, podría ser el mensaje optimista del jefe del Gobierno capitalino que en entrevista con el equipo de reporteros de La Jornada que cubren esa fuente se mostró dispuesto a la confrontación con el partido Morena. En una parte de esa sesión colectiva, Mancera expresó que si en Morena “creen que la confrontación es lo que les va a dar dividendos, que haya confrontación”. Antes había planteado: “si eso quieren, está bien”. Y, cuando le preguntaron si ese choque podría afectarlo en sus aspiraciones presidenciales, advirtió: “Yo creo que nos puede afectar a todos, es decir, a todos” (http://goo.gl/nmZFRC ). Un “todos” que en específico es solamente uno, con siglas AMLO. Por allí va Mancera.

Y, mientras Agustín Carstens ha sido ratificado por los senadores como gobernador del Banco de México por seis años más, y en Washington un amigo del tío de Peña Nieto, y de éste, ha presentado sus cartas credencial como embajador mexicano, ¡hasta el próximo lunes!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.