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Astillero: Voto útil (y otros trastos)

Astillero, Pacto por México

L a sonorense Ana Gabriela Guevara, llegada a la política en función de la fama que le suministraron sus varios e importantes triunfos atléticos internacionales, dio el banderazo de salida a la carrera sin obstáculos (programáticos ni ideológicos) denominada “voto útil”.

Impulsada por Andrés Manuel López Obrador para llegar al Senado en el paquete de posiciones negociadas con el Partido del Trabajo (luego de haber sido funcionaria del deporte en el gobierno capitalino encabezado por Marcelo Ebrard), la corredora norteña fue parte de la franja imprecisa de legisladores federales que aun estando formalmente en un partido se asumían como parte del naciente Morena.

El distanciamiento con el tabasqueño se produjo a la hora de postular candidato al gobierno de Sonora. Ella quería ser candidata de Morena, pero “aceptó y reconsideró después”, según testimonio del diputado federal Alfonso Durazo, quien no participó en la contienda interna por estar en desacuerdo con el método de encuestas que había instaurado la dirección nacional: “desde el principio dije ‘ahórrenme la pena de perder con Ana y ahórrense el dinero de la encuesta’ (…) expresé que una encuesta era del todo insuficiente como elemento único para decidir una candidatura”.

A final de cuentas quedó como candidato definitivo quien desde un principio se había mencionado como el favorito de la dirección nacional, Javier Lamarque, quien no ha podido llevar al partido Morena al escenario de la verdadera confrontación sonorense que está centrada en Javier Gándara, apoyado abiertamente por el gobernador panista Guillermo Padrés, y Claudia Pavlovich, impulsada por la nomenclatura priísta y sobre todo por Manlio Fabio Beltrones.

En ese campo de batalla solamente bipartidista, la corredora Guevara ha estimado que lo mejor es apoyar a la aspirante de tres colores, bajo la consigna de que es imperativo “que se vayan” los panistas del poder sonorense. Para ello grabó un video a cuyo final se incluyó el escudo del Partido del Trabajo.

El lance veloz de la senadora sonorense ha hecho ruido político porque corresponde a una decisión individual, pero en términos generales hay una proclividad generalizada (y explicable en función de que acuerdos y desacuerdos son consustanciales a la política) a hacer “amarres” pragmáticos en todos los partidos que tienen derecho a hacerlos (Morena, Encuentro Social y el Humanista están impedidos legalmente a hacer alianzas en esta su primera participación electoral, pero en los siguientes comicios, si mantienen el registro, podrán entrarle a la danza de las negociaciones).

El propio PT, por ejemplo, apoya al PRI en Querétaro y al PAN en el estado de México. Hay alianzas explícitas, legalmente registradas, y entendimientos por debajo del agua como sucede en Michoacán, donde Los Pinos ha organizado que el PRI deje el paso libre al PRD, que lleva como candidato negociado a Silvano Aureoles. Y hay reacomodos sin pudor, como en Movimiento Ciudadano, que ha abierto sus puertas a panistas en todo el país, como estrategia en busca de recuperar votos que perdió al cesar su alianza de muchos años con López Obrador.

En esa crisis de los partidos como fórmula para una representación popular legítima encajan ciertas maniobras como la realizada por la ex atleta laureada. ¿Votar por candidaturas testimoniales de izquierda, muchas veces provenientes de actos caudillistas sin pizca de democracia interna, o utilizar sin remordimiento el sufragio para ayudar al menos peor de los aspirantes punteros? ¿Será lo mismo para Sonora que gane el panismo, que en el sexenio en curso ha mostrado corrupción, abusos e insensibilidad social, o el priísmo, que muy probablemente será lo mismo, apenas con el agregado “esperanzador” de la vuelta estatal al poder?

El dilema sonorense puede extenderse al resto del país. Son contadas las propuestas viables que la oposición de izquierda ha presentado para relevar a priístas o panistas en el poder o para impedir que las diputaciones queden en los mismos centros de poder. Salvo el caso bajo arreglo de Michoacán con Aureoles, el PRD no postuló a ningún candidato a gobernador con probabilidades de triunfo. Morena tampoco y, salvo el perfil de Pablo Amílcar Sandoval en Guerrero, sus candidaturas fueron opacas o rutinarias (como la de Layda Sansores en Campeche). El PAN, por su parte, pelea en Querétaro (con un Pancho Domínguez crecido), en San Luis Potosí (con el calderonismo detrás de Sonia Mendoza pero también del priísta Juan Manuel Carreras, quien es amigo y fue funcionario federal con el michoacano) y en Baja California Sur (aunque a Carlos Mendoza Davis lo han exhibido negativamente por medio de varias grabaciones telefónicas peligrosas).

Y la conformación de la próxima cámara federal de diputados tampoco ofrece novedades impactantes. Según varias encuestas de opinión realizadas por algunas de las mismas firmas demoscópicas que en otros comicios han servido de avanzada mediática para instalar los números deseados o preparados por los poderes en turno, el PRI y el Verde podrán alcanzar, a pesar de todo, las curules suficientes para ser mayoría relativa en San Lázaro (donde en esta legislatura se estima que no serán necesarias votaciones reformistas con mayoría calificada). Según el reciente sembrado estadístico hecho por Mitofsky y por BGC (dirigida ésta por Ulises Beltrán, el estratega de marketing y comunicación del partido de las cuatro mentiras, también conocido como PVEM), el PRI mantiene supremacía en la intención de voto, seguido por el PAN, y luego vendrían vaivenes de segundo nivel entre el PRD, el mencionado P4M del tucán y Morena. ¿Voto útil, elecciones útiles, todo inútil?

Y, mientras OHL ha aceptado la renuncia “voluntaria” de Pablo Wallentin, su representante en México captado en grabaciones telefónicas que mostraron corrupción e insolencia al máximo en cuanto a la construcción del Viaducto Bicentenario (con funcionarios mexiquenses como contraparte delictiva), ¡hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.