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Astillero: Peña, feliz y satisfecho

Astillero, Pacto por México

E nrique Peña Nieto se regaló este sábado lindos momentos de esparcimiento y solaz. Durante casi un par de horas, la realidad nacional fue sometida a una increíble e infundada transformación gráfica y retórica, en la que abundaron los “logros”, las “reformas” estratégicas profundas y los “avances” estructurales que mucho se deben cuidar. Feliz de la vida el orgullo de Atlacomulco, radiantes los secretarios de Estado (el que menos lo estaba, tirándole a sombrío, era Miguel Ángel Osorio Chong, abatido aún por el estigma de la desaparición del Señor de los Túneles), cumplidores los gobernadores (con el del estado de México, Eruviel Ávila, colocado en primera fila, sin que se supiera si tan sólo era una demostración más de supremacía del paisanaje en esta administración o se le hubiera colocado en tal escaparate para prefigurar algún nombramiento o decisión por venir) y entusiastas, ¿satisfechos?, los miles de priístas presentes en la explanada del edificio del comité nacional tricolor, donde se desahogó el libreto de la obra montada por Los Pinos y dirigida por César Camacho, cuyo título oficial fue “Unidad para continuar la transformación de México”.

Además, el yucateco Emilio Gamboa Patrón, quien seguirá al timón de la Cámara de Senadores, que se renovará hasta 2018, y el sonorense Manlio Fabio Beltrones Rivera, quien dejará el control de la cámara trianual de diputados federales, de tal manera que ese economista nacido en Villa Juárez, Sonora, el 30 de agosto de 1952, es visto en las filas priístas como un aspirante natural a relevar al mexiquense Camacho, que a su vez se enfila (salvo alguna decisión de última hora de Los Pinos) a suceder justamente a Beltrones en el pastoreo de San Lázaro.

Según las crónicas periodísticas del día, los aplausos y la morbosa expectativa acompañaron a MFB, aunque a fin de cuentas eso nada significa si justamente lo que los priístas realizaban en esa sesión sabatina era la confirmación del alineamiento marcial de los miembros de ese partido a los dictados de su faraón sexenal. Así que Beltrones igual va a un cargo político de primera línea (Gobernación o el PRI), lo que parecería difícil por el rechazo y temor que la camarilla de EPN le guarda al sonorense (en el PRI se pretende que el nuevo dirigente renuncie expresamente a la búsqueda de la candidatura presidencial de 2018), que a una posición de política interior y seguridad nacional, como es hoy la Secretaría de Educación Pública, a la luz del golpe dado en Oaxaca. O a otro cargo menos relevante. O a nada. Todo es posible en el mundo de la fantasía política que administra, es un decir, el alegre (a veces) Peña Nieto.

Además, se habla del gobernador de Chihuahua, César Duarte, como aspirante a presidir el PRI. Este gobernador Duarte (no el de Veracruz) es un ejemplo viviente de la manera en que el ahorro fecundo y creador puede convertir a un político en banquero, sobre todo si el mismo estado en mención practica malabares de ayuda a la empresa financiera (Banco Progreso Chihuahua), en sublime conjunción de esfuerzos público-privados en favor de un abnegado ciudadano con poder político (y, ahora, económico). También se menciona a un político de la vieja escuela (oficio manipulador de antaño que se funde y confunde con el peñismo que en realidad forma parte, en lo sustancial, de esa vieja escuela), Enrique Martínez y Martínez, ex gobernador de Coahuila, ahora secretario de agricultura y conexos. El juego de las especulaciones se aviva, por más que Peña Nieto se lanzó a proclamar que no hay tiempo para “proyectos personales”, sino del “proyecto de nación”. Es tal el galope de la caballada flaca que el presunto jefe de las manadas pretende poner freno.

En Guadalajara, otro líder mostraba cierto músculo. El jefe de la ultraderecha mexicana, cardenal emérito Juan Sandoval Íñiguez, congregaba a miles de católicos deseosos de expresar rechazo a los matrimonios de personas del mismo sexo y a sus posibilidades de adopción. “El que no brinque es ateo”, coreaban algunos de los promotores de una marcha que no fue tan cuantiosa como lo harían suponer el alto nivel jerárquico del convocante principal, la multitud de membretes de organizaciones clericales participantes y el sensible tema a tratar.

Sin embargo, la caminata tapatía deja constancia de los ánimos de boicot de esos segmentos religiosos y del deseo, aún no logrado, de que los directivos de la religión preponderante en México recuperen fuerza ypresencia políticas. Los aires progresistas del papa Francisco no han llegado a México y, por el contrario, los jerarcas locales, anclados cómodamente en el pasado, juegan a la rebeldía neocristera o a la simulación, como Norberto Rivera que ayer, al cumplir 20 años como arzobispo primado de México, aprovechó para pedir perdón a Dios, pero también “a todas las personas que he ofendido, decepcionado” a lo largo de una carrera eclesiástica en la que aseguró el cardenal, dado a la vida lujosa, la cercanía con los gobernantes y la protección de curas acusados de pederastia, que sus prioridades han sido (¡aunque usted no lo crea!) “los pobres, las familias, los jóvenes, las vocaciones y los alejados”.

Es natural que no sean tantos los que siguen saliendo a las calles a protestar por la tragedia de Iguala. El paso del tiempo, la multiplicación de episodios parecidos, el desánimo político y social, y la labor erosionadora de la mayoría de los medios de comunicación (en especial los electrónicos) hacen que en el caso de los 43 estudiantes desaparecidos haya una tendencia a la desmovilización, que mes a mes combaten y superan los padres de esos normalistas y grupos de activistas y ciudadanos que no permiten que la desmemoria archive esos expedientes judiciales ni ceden a la tentación de frenar su búsqueda, puesto que los datos gubernamentales hasta ahora aportados validan la insistencia en buscarlos vivos. Viene el informe de los expertos interdisciplinarios extranjeros y el de los peritos argentinos. Allí está ya el reporte de la CNDH que reprueba la “verdad histórica”. ¡Hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.