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Astillero: PRD avestruz

Astillero, Pacto por México

C olocado en las peores circunstancias desde su fundación, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) prefirió encerrarse en sí mismo a la hora de definir sus candidaturas viables a las diputaciones de representación proporcional. Siendo tales espacios, los de las listas plurinominales, los que pueden permitir el acomodo de especialistas, técnicos, académicos o personajes peculiares o líderes consolidados que más allá de la refriega electoral le den lustre y distintivo a los partidos, el sol azteca prefirió jugar a la “segura”, concediendo los lugares privilegiados a ciertos segmentos de su burocracia tradicional, a representantes clásicos de las “corrientes” dominantes, sin la anunciada “apertura” a la sociedad civil ni perfiles o propuestas nuevas, salvo la inclusión del académico y escritor Agustín Basave (ex priísta, ex embajador foxista en Irlanda y profesor de la Iberoamericana a quien el peñismo acusó en su momento de promover el rechazo al candidato Peña Nieto que dio pie al movimiento 132), quien ha estado políticamente cercano a los chuchos que ya antes lo habían promovido como opción ciudadana para algunos cargos.

El predominio de Nueva Izquierda en las listas del PRD queda evidenciado con la instalación de dos de los cuatro chuchos centrales, Jesús Zambrano, quien apenas ha dejado el liderazgo del partido en Carlos Navarrete, y Guadalupe Acosta Naranjo, quien ya fue presidente interino del sol azteca. Zambrano y Acosta, sobra decirlo, han sido legisladores varias veces, al igual que algunos de su familiares, como un hermano de Jesús Ortega, Antonio, quien ha sido diputado federal y local y este fin de semana fue mencionado con insistencia como probable beneficiario de la nueva hornada de pluris, expectativa que no se cumplió. Otro nombre que navegó entre las quinielas perredistas fue el de Antonio Attolini, el ex vocero del 132 que luego se separó de ese movimiento y participó en un programa de análisis político en un canal de Televisa. A fin de cuentas, no quedó en la relación de aspirantes por circunscripciones, como tampoco sucedió con Sergio Mayer, el creador de un espectáculo de erotismo para mujeres, yerno del contratista Jaime Camil Garza (padre del actor del mismo nombre), acusado de constante tráfico de influencias.

Un caso extraordinario ha sido el de Marcelo Ebrard, a quien los chuchos, pero no sólo ellos, cerraron el paso y lo dejaron fuera de la posibilidad de ser diputado federal durante los próximos tres años. Los arreglos entre Nueva Izquierda (los jesuses), Alternativa Democrática Nacional (ADN, dirigida por Héctor Bautista) y Foro Nuevo Sol (de Amalia García) significaron el reparto entre ellos de las principales posiciones de la lista dorada, dejando fuera al ex jefe del Gobierno capitalino, que en diciembre de 2012 se consideraba en su mejor momento político, listo para iniciar una temprana campaña para ser el candidato presidencial en 2018. La maquinaria que controla el PRD actuó en consonancia con el dictado de Los Pinos que ha promovido un linchamiento político y mediático contra Ebrard, sin que a la fecha se demuestre de manera incontestable la presunta responsabilidad penal en que podría haber incurrido en cuanto a la línea 12 del Metro.

Ebrard se ha mantenido en una línea de abierta oposición al peñismo y, hasta antes de la avalancha en su contra por la línea dorada del Metro, era una de las opciones inteligentes y modernas de una izquierda caudillesca y doctrinalmente atrasada. Como diputado federal y aún dentro del PRD podría haber impulsado debates y autocrítica y encabezar un intento de recomposición sana de la izquierda actualmente tan bocabajeada. Pero Peña Nieto y Miguel Ángel Mancera encontraron el filón de la línea 12 y con él han erosionado al máximo al Marcelo ya sin carnal, asignándole una etiqueta de corrupción o irresponsabilidad sin sustento judicial pero con eficacia contraelectoral. Ahora, a Ebrard sólo le quedan Movimiento Ciudadano, que tampoco quiere contrariar a EPN, y Morena, donde la candidatura presidencial de 2018 está predestinada.

Tampoco se le permitió a René Bejarano ser diputado por la vía plurinominal. Siempre estará asociada la figura de este profesor a los videoescándalos en los que Carlos Ahumada le entregaba fajos de billetes. Pero aquella trama utilizada para tratar de derribar a Andrés Manuel López Obrador ha sido ampliamente superada, en cuantía y modos, por los múltiples episodios de abierta corrupción que ha protagonizado buena parte de la clase política, aunque con calculada hipocresía se conserva a Bejarano como si fuera emblema único. El esposo de Dolores Padierna se sostuvo como dirigente político a pesar de la tormenta de las ligas que casi a cualquier otro personaje lo habría sepultado y conservó el control de un grupo que sigue siendo importante en el PRD.

Ganan, pues, en estos lances plurinominales, los chuchos (con Zambrano y Acosta Naranjo perfilados para coordinar su bancada en San Lázaro), Alternativa Democrática Nacional y Foro Nuevo Sol (éste, con Amalia García cada vez más expansiva) y hasta el gobernador bala, Rafael Moreno Valle, cuyos disparos en metálico pretenden construir una candidatura presidencial pluripartidista con él, de origen priísta, ahora panista, y cuyo secretario general de Gobierno, Luis Maldonado Venegas (ex priísta, ex Convergencia y ahora perredista), encabeza una de las listas por circunscripciones. Moreno Valle tiene controlada una buena parte del panismo, en alianza con Gustavo Madero, pero al mismo tiempo con temprano distanciamiento, pues ambos pretenden la silla presidencial en 2018. La inversión del mandatario poblano en el portafolio de los chuchos estaba cantada y ahora se confirma con la avanzada del futuro diputado Maldonado Venegas.

Y, mientras partidos, legisladores, cuerpo diplomático y gobernantes cumplen con el protocolo de la indignación declarativa y las protestas intrascendentes en el caso del mexicano Antonio Zambrano, asesinado por policías en Pasco, Washington, ¡hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.