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Astillero: Recorte al gasto social

Astillero, Pacto por México

E l año comienza con una tragicómica caricaturización del poder. Descolocados por la acumulación de crisis sin resolver, desprovistos de eficacia operativa (bueno, ni siquiera discursiva), deslegitimados ya no sólo por el origen electoral sino por los resultados fácticos, los miembros de la élite nacional van por la pradera seca dando chispeantes tumbos de torpeza e insensibilidad.

Enrique Peña Nieto es llamado a Washington para cerrar la aberrante operación de adquisición de crudo ligero de Estados Unidos (intercambio peculiar, según lo que explica Pemex, recibiendo ligero para enviar pesado, en esos rejuegos en las alturas que al estilo de “¿dónde quedó la bolita?” han servido históricamente para negocios que siempre significan ganancias corruptas para los funcionarios involucrados en tales trastupijes). País petrolero es México y ahora, en el colmo del hundimiento nacional, el peñismo llega al extremo de la importación de los recursos energéticos que por otro lado tenemos en subasta bajo sospecha de corrupción y bajo certeza de daño a la soberanía y al interés nacionales.

En escena aparece un experto en cinismos técnicos con cargo a presuntas maestrías en asuntos económicos, José Ángel Gurría, corresponsable de la tragedia nacional desde diversos cargos públicos que ha ocupado (la secretaría de hacienda y la de relaciones exteriores, entre otros) y encargado ahora de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Lenguaraz, Gurría habla de lo bien que nos irá con las políticas peñistas, de la competitividad del país y de la importancia de impulsar “reformas, reformas y reformas” (versión moderna de la proclama salinista de hacer “política, política y más política”).

En los portales de Internet podía leerse ayer mismo la vaciladora defensa hecha por el secretario general de la OCDE respecto a lo hecho por su correligionario Peña en cuanto a la importación de crudo estadunidense: gran mensaje de cooperación sería, pues el vecino imperial normalmente no vende ese recurso, y ahora ¡aceptó venderlo a México!, lo cual permitirá que nuestras refinerías lo procesen mejor, pues es más ligero que el nuestro, y “habrá una reducción de los costos de los insumos de producción de las empresas”. El mismo ánimo festivo corresponde a los precios del petróleo que van en caída y se están llevando entre las patas presupuestales a la administración peñista, pues, siempre según la Doctrina Gurría, eso baja los costos de las empresas nacionales y les da mejor posicionamiento para exportaciones, ¡hurra!

Menos optimistas están los tripulantes directos del desbarajuste nacional. Peña Nieto y Videgaray preparan ajustes al presupuesto de egresos 2015, que en los hechos ya es inexistente a causa de la disminución del precio internacional del barril de petróleo. Justamente cuando más dinero necesitan para derrochar en campañas electorales y en asistencialismo que desactive aunque sea provisionalmente la extendida insatisfacción social, sobre todo en Guerrero, Chiapas y Oaxaca, los peñistas se topan con otro desastre, el de las finanzas públicas secamente golpeadas por el factor petrolero.

Por lo pronto, el peñismo considera adecuado tirar al mar los programas sociales y conservar el buque majestuoso del gasto burocrático, sobre todo el de los excesivamente bien pagados funcionarios de alto nivel, sus lujos y compensaciones. Fabiola Martínez reportó en el portal de La Jornada que dirigentes de organizaciones campesinas fueron informados ayer en Bucareli de la condición precaria, casi fallida, de los acuerdos políticos y administrativos a los que se llegue no sólo para responder a demandas futuras sino incluso a adeudos previos, pues el impacto de la caída petrolera significará la imposibilidad del peñismo de erogar los recursos que no tendrá. Habrá ajustes al gasto público, dijeron altos funcionarios federales a los representantes agraristas, y hasta ahora Los Pinos no ha dicho si aplicará un plan de choque a los sueldos, prestaciones y privilegios de la alta burocracia. Bueno, ni siquiera se ha dicho si serán de menor calidad algunos de los adornos de lujo del avión presidencial por venir y su hangar también majestuoso.

En medio de los peores augurios pretende resplandecer, intacta, inamovible, la farsa electoral en turno, que suele ser una fuente de gastos incalculables provenientes de tesorerías federales, estatales y municipales y de financistas privados cuyas maniobras también dañan la economía nacional. Pueblo pobre, elecciones ricas. Finanzas públicas pobres, financiamiento y prerrogativas amplias a partidos ricos. Habrá, por ejemplo, un superávit de espots en radio y televisión, con 7 millones de emisiones partidistas, según el INE, llamando a votar y a “decidir” el México que se desea.

Dicho territorio de ficción ha sido alcanzado, sin embargo, por el caso Iguala, que sigue irresuelto. No sólo hay quienes promueven la anulación del voto (no la abstención, sino el uso intencional del sufragio anulado como muestra contable de la inconformidad social). Familiares de los normalistas desaparecidos, y activistas en general, han llamado a impedir las elecciones de julio próximo. Y cuando menos en Guerrero han pasado del dicho a la acción y han efectuado actos abiertamente dirigidos a entorpecer y hacer inviables esos comicios.

Al respecto, el consejero presidente del Instituto del Fraude Electoral, ahora rebautizado como INE, Lorenzo Córdova Vianello, hizo ayer malabares de cantinflismo presuntamente académico para explicar que en la entidad sureña los planes electorales se van atorando. Dijo el docto Lorenzo que “es muy probable que tengamos que reajustar el calendario y eventualmente redimensionar los objetivos de la organización de la elección con vista a la situación de excepcionalidad que se está viviendo en algunas partes del estado de Guerrero de manera particular”. ¿Que qué dijo? Que ha sido afectado el proceso en Guerrero y podría ser que en ciertas regiones no haya votación en junio próximo. ¡Hasta el lunes!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.