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Astillero: ¡Sorpresa: ganó Medina Mora!

Astillero, Pacto por México

F ue un ejercicio democrático impecable. Cumplidos todos los trámites, escuchados los tres candidatos (en igualdad de circunstancias, sin favoritismos hacia el señor embajador Eduardo Medina Mora Icaza ni para los otros participantes cuyo nombre y discursos fueron rápidamente olvidados), ejemplar el desarrollo de la votación, en alto siempre el espíritu egregio del servirse de la Patria.

Y ni siquiera hubo necesidad de una segunda vuelta, pues el suspenso fue roto al saberse que sorpresivamente había arrollado en la votación senatorial el preseleccionado amigo de Los Pinos, quien oportuna y tajantemente había negado (con base en su propia palabra, y algunos documentos a conveniencia) que fueran ciertas las múltiples e insistentes acusaciones de que ha sido un funcionario represor, acomodaticio a las instrucciones del poder y cómplice de agresiones de origen local y extranjero contra los mexicanos.

Ha de reconocerse que ese arranque discursivo en defensa propia no parecía lo más adecuado para un aspirante que debería llegar a este concurso con un expediente sin tantas impugnaciones conocidas. Incluso se llevó el distinguido enviado de Los Pinos, el antes mencionado lic. Medina Mora Icaza, un grito de “¡Falso!” cuando se desmarcaba de alguno de los señalamientos negativos que se le han enderezado. El muy ceremonioso senador perredista Luis Miguel Barbosa ni pestañeó, como tampoco lo hicieron los demás legisladores que antes habían escuchado a uno de los aspirantes (se le identificará con el número 3) desgranar un lindo discurso de aspiraciones justicieras y conceptualidad jurídica rechinante de limpia, y luego a otro (se le llamará el número 2) que con delicadeza fue narrando una conmovedora historia de superación personal (ninguno de esos contendientes predeterminados para ser derrotados tuvo el valor de denunciar que la pelea estaba arreglada, confiados tal vez, según versiones de los organizadores de la tanda, en posteriores premios de consolación), hasta llegar al momento cumbre por todos tan esperado, cuando Eddy Medina Mora borraría de un plumazo los asomos de un pasado cuestionable, plantearía los retos de un porvenir que a él le sonríe (quince años como ministro de la Corte, en algún segmento de ellos, tal vez como presidente de ese poder) y rompería las quinielas al resultar impensado ganador de un proceso democrático en el que el PRI cumplió las órdenes superiores, el PAN se acomodó (al fin y al cabo, EMM había sido funcionario en administraciones panistas) y negoció algunas ganancias grupales (se habla de la aprobación de la ley de transparencia en términos tales que el partido de blanco y azul pueda presumir, para fines de propaganda electoral, que también “cumple”) y perredistas y otros opositores que también sumaron sus sufragios en favor del político que años atrás protegió y promovió laboralmente a Yéssica de Lamadrid Téllez, madre de un hijo que Peña Nieto tuvo cuando todavía estaba casado con Mónica Pretelini. Medina Mora bautizó a Luis Enrique Peña de Lamadrid, quien murió al año de nacido, e hizo a Yéssica su secretaria particular y directora de cooperación internacional en la PGR.

Además, según aporta a esta columna el historiador potosino especializado en redes familiares Óscar G. Chávez ( @anticuaeguiara en Twitter), una hermana de Eduardo Tomás Medina Mora Icaza, llamada María Elena, está casada con un hermano de Teresa Franco González- Salas (nuevamente directora del INAH). Un hermano de María Elena y Teresa es José Fernando Franco González- Salas, quien es ministro de la Corte desde 2006 y hubo de ofrecer disculpas públicas luego de decir que los niños con discapacidad dependiente “tienen que tener una ubicación especial y separada”, porque “también está demostrado que a los demás niños que pueden estar en la guardería les puede afectar el tener contacto con este tipo de menores”, lo cual, aseguró, “está documentado”.

En ese contexto de relaciones familiares extendidas, de gozo fraterno en el poder, la imposición de Medina Mora fue consumada ayer, a pesar de la extendida protesta en su contra. Televisa, Peña Nieto y el PRI han amarrado un asiento a su favor, que forma parte del proceso de toma de control abierto de lo que acabará siendo la Suprema Corte de Los Pinos (SCLP), sobre todo cuando sea designado también como ministro peñista, en algunos meses más, Raúl Cervantes, el diputado que presidió la mesa directiva de su cámara para procesar las reformas peñistas.

Sólo en un país de institucionalidad gravemente trastocada puede verse un espectáculo de aberración jurídica como el que ha sucedido en Michoacán, donde fue puesto en libertad uno de los dirigentes de los grupos de autodefensa tutelados por los gobiernos estatal y federal, Hipólito Mora, y a la hora de escribir esta columna se esperaba también la excarcelación de su contraparte regional, Luis Antonio Torres, alias Simón o El americano.

Al primero, junto con 26 miembros de su grupo (a todos los cuales se les mantuvo el pago de sus sueldos durante el tiempo en prisión), se les liberó al considerarse que actuaron en legítima defensa el 16 de diciembre pasado, cuando en La Ruana hubo un enfrentamiento a cuyo final quedaron once muertos, entre ellos un hijo de Mora. Al segundo, El Americano, y a nueve miembros más de las fuerzas rurales, se les beneficiaría con un criterio atípico, al argüir que en los hechos de sangre se produjo una muy peculiar legítima defensa simultánea y recíproca. Es decir, ambos bandos habrían actuado al mismo tiempo, unos contra otros, en ejercicio de una legítima defensa, lo cual acaso debería concluir en que los únicos responsables, infractores y provocadores habrían sido los propios muertos. Eso sí, Hipólito Mora negociaba ayer mismo (pues su excarcelación resultó así de oportuna) el lugar en el que podría ir en la lista de candidatos a diputados por la vía plurinominal en el partido Movimiento Ciudadano. ¡Hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.