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Astillero: Un Papa bien informado

Astillero, Pacto por México

G ustavo Vera es paisano y amigo del papa Francisco. Fue director de la Fundación Alameda, que forma parte de la Asamblea Parque Avellaneda, una organización no gubernamental que lucha contra formas concretas de explotación y discriminación en los planos sexual, laboral y de adicciones. Vera es diputado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, llegado a nombre de un frente amplio (Unen, también llamado Faunen) de orientación socialista, y actualmente es precandidato a jefe de gobierno de la capital argentina en nombre del partido que fundó y dirige, el Movimiento para el Bien Común (aún sin registro legal), cuya denominación fue tomada de una frase de Jorge Bergoglio cuando era arzobispo bonaerense: “El poder es bien común. Cuando es bien propio es corrupción” (igualmente, el bien común es concepto central del PAN mexicano).

Vera escribió el pasado 20 de enero al papa Francisco en relación con la muerte del fiscal Alberto Nisman, encontrado sin vida en su departamento a unas horas de asistir al Congreso de su país para abundar en una acusación contra la presidenta argentina por presunto encubrimiento criminal de los autores del atentado de 1994, que dejó 85 muertos y cientos de heridos, contra el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA).

El amigo del Papa no creía en la versión del suicidio del fiscal Sisman, y en ese contexto describía su visión de la Argentina de estos días: “Un país infectado de mafiosidad y servicios en guerra imponiendo luctuosas agendas desde los sótanos y la sensación de que todos los esfuerzos por servir y enseñar valores empezando por casa y por uno mismo parecen irse por la cloaca del miedo, la violencia y la avaricia (…) De un lado y del otro del mostrador. De adentro y de afuera. Fabricando escenarios y regando sangre a su paso. Sentados sobre la miseria humana y rindiendo culto al dios dinero”.

Vera decía a Francisco: “Los enfrentamos hace mucho. Ahora ya sé mucho más que antes y no voy a callar. Ahora necesito que reces por los muchachos de la Alameda y por mí. Ante tanta consternación, angustia y confusión de tanta gente que todos los días se levanta a trabajar y son hombres y mujeres de bien, es necesaria hoy tu palabra como agua en el desierto. Que aparezca una luz de esperanza en medio de tanta oscuridad” (http://bit.ly/1MNMeJ4 ).

Francisco contestó menos de 10 horas después, apenas habiendo llegado de Filipinas, pero sin citar aún a México. Ofreció rezar, “cada vez más”, por esos argentinos en lucha y pidió que a la vez ellos lo hicieran en favor de él. Un mes después, este sábado 21, a partir de los señalamientos epistolares de Vera de que en Argentina había un “crecimiento sin pausa del narcotráfico” y que La Alameda hará nuevas denuncias, Francisco consideró que el panorama terrible de su país (según los párrafos de Vera antes mencionados) aún está por debajo de la realidad del nuestro, que México está peor que Argentina. Por ello habló de su experanza de que aún sea evitable llegar a la “mexicanización”, y reveló que algunos obispos mexicanos le habían hecho saber que acá “la cosa es de terror”.

El papa Francisco, ha de recordarse, no programó una visita al México siempre fiel a pesar de que este año estará en ciudades estadunidenses y que en su agenda ya están consideradas otras actividades en América Latina. El nuncio apostólico en México (el mismo que ayer fue citado en su condición de embajador de un país extranjero por el canciller Meade a causa de las palabras papales que generaron “tristeza y preocupación” en el peñismo –¿son esos los términos republicanos propios de un gobierno serio o quedan en el terreno de la frivolidad de una institucionalidad de telenovela: “¡Oh, Francisco, por qué te portas así!”?) estuvo en Ayotzinapa unos días antes de la Navidad recién pasada para decir a familiares de los normalistas que Francisco está con ellos. Días después fue asesinado el sacerdote Goyito en Guerrero y su homónimo autodefensa, el padre Goyo, solicitó un permiso de un año para alejarse de Michoacán, cuyo jefe católico regional, el arzobispo de Morelia, fue designado cardenal con mensaje de preocupación vaticana por la violencia en México.

Otra mexicanización ganaba fama mundial. El director Alejandro G. Iñárritu (sin el González colocó su nombre en los créditos de la muy bien lograda película Birdman, que le llevó la noche del domingo a ser

el máximo ganador en la entrega de los premios Óscar) daba continuidad a la reciente racha exitosa de mexicanos dedicados al arte e industria del cine en territorio estadunidense (con Alfonso Cuarón el año pasado bajo los reflectores y el gran cinefotógrafo Emmanuel Lubezki, también triunfador ahora).

Luego de recibir las estatuillas del caso, el director de Amores perros no se refirió al tema de los 43 normalistas mexicanos como lo había hecho en algún acto público anterior y como otros artistas y personajes públicos han procurado hacerlo en foros de resonancia. Pero la prudencia autoimpuesta o solicitada por los organizadores del acto hizo que el mensaje de G. Iñárritu fuera más impactante, al mencionar que reza por que en México encontremos el gobierno que merecemos.

La broma de cuates del nada conservador ni racista (sino todo lo contrario) Sean Penn, que en realidad fue una burla a la mentalidad estadunidense que busca poner traba a la creatividad y esfuerzo de los mexicanos, no motivó una polémica que restara fuerza al señalamiento central del director que en su primer tramo exitoso hizo pareja creativa con el escritor Guillermo Arriaga. Las palabras de AGI relacionadas con los migrantes mexicanos y el trato esperado en Estados Unidos también calaron más hondo que una arenga o un gesto escandalosos. El cuidado reproche del multipremiado dominical no mereció respuestas de altura. Peña Nieto opuso un discurso de demagogia barata, asegurando que su gobierno siembra “las mejores condiciones” para éxitos como el de AGI. El PRI, por su parte, alegó que más que merecer, “estamos construyendo un mejor gobierno”. ¡Corte, hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.