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Astillero: Una (negociada) golondrina electoral

Astillero, Pacto por México

L os Pinos podrá contar con el agradecido voto de los panistas en las coyunturas importantes en que sea necesario, al menos durante la temporada legislativa federal correspondiente al presente año, pues ya en 2016 se terminará la tregua para dar paso a las contiendas estatales.

La gubernatura de Colima se había convertido en obsesión en el agrupamiento de blanco y azul, pues buena parte de la restitución de cierta unidad básica entre los dos bandos centrales del PAN (Gustavo Madero y Ricardo Anaya como jefes de cada facción) requería defender a muerte la causa de Jorge Luis Preciado, pieza complicitaria muy estimada por el anterior dirigente nacional, Madero, ahora feamente desplazado del falso pedestal partidista que él mismo se había construido.

No podría ofrecerle el joven queretano al despechado chihuahuense mejor muestra casi mafiosa de generosidad que la defensa extrema de Preciado, a quien Madero usó, a pesar de su reducida talla política, su impericia y tendencia a la frivolidad, como coordinador de la bancada blanquiazul en el Senado (donde, en prueba rotunda de su sentido patrimonialista del poder, Preciado llegó a organizar una comida privada, en febrero del año pasado, con mariachi y bebidas alcohólicas en el patio senatorial convertido en salón particular de fiestas).

Dócil, el escasamente conocido senador Preciado (nacido en Coquimatlán en 1972; abogado por la Universidad de Colima) aceptó fungir como sustituto del calderonista Ernesto Cordero en la coordinación de los senadores panistas y aguantó vara a pesar del rechazo de parte de sus correligionarios. Con una carrera más bien provinciana (en el PRI había sido líder estatal del Frente Juvenil Revolucionario y, luego de renunciar al tricolor, en el PAN sólo había sido diputado local y federal, y presidente del comité panista en el estado), Preciado (por dedo directo de Madero) sustituyó en mayo de 2013 a Cordero, quien había sido secretario de Hacienda y presunto precandidato presidencial. Veinticuatro senadores de blanco y azul castigaron con su ausencia la osadía de Madero al relevar al engolado Cordero con una carta tan pequeña. Además, Preciado ha tenido clara predisposición a los escándalos y a los enredos relacionados con dineros públicos.

La anulación de los comicios para gobernador no garantizan desde luego, que el presunto ganador de esta primera contienda no vuelva a ser impuesto como vencedor (incluso con adulteraciones del voto similares a las de este año). En la misma Colima, en 2003, los juzgadores federales anularon las elecciones en las que había ganado Gustavo Vázquez Montes, también por la abierta intervención del entonces gobernador Fernando Moreno Peña. En la segunda tanda, ya con un gobernador interino, pero siempre con el cacicazgo de Moreno Peña “orientando” los trabajos electorales, el mismo Vázquez Montes triunfó oficialmente, ya sin recurso en contra que lo tumbara del poder. Y en Tabasco, en 2000, el entonces gobernador Roberto Madrazo también hizo tales demostraciones de malas artes para imponer a Manuel Andrade que las elecciones fueron anuladas, aunque en la siguiente ronda el mismo Andrade volvió a “ganar”.

Las historias colimenses de nota roja que se dieron después son otra cosa: Vázquez Montes murió en 2005 al caer el avión oficial en que viajaba; lo sustituyó Silverio Cavazos, quien fue asesinado afuera de su casa un año después de dejar el poder, y a Moreno Peña (uno de cuyos sobrinos fue acusado de participar en el homicidio de Cavazos), hace diez días le metieron seis balas en el cuerpo, en un episodio que tal vez Mario Puzo habría incorporado a alguna novela sobre las nada delicadas formas en que algunos padrinos suelen preparar el terreno para sus decisiones políticas en curso.

Pero nada hace suponer que haya aires verdaderamente justicieros en el muy controlado tribunal electoral federal. En realidad, este apagón digital en Colima es una golondrina excepción (el dedo de Los Pinos le quitó imagen y sonido a José Ignacio Peralta, quien fue subsecretario federal de Comunicaciones y Transportes, entendido políticamente con Luis Videgaray). En enero de 2014, en esta columna, bajo el título Fraude electoral tolerado (http://goo.gl/5hBVnL) se dio cuenta del libro del notable abogado Netzaí Sandoval Ballesteros, denominado Teoría de la anulación de elecciones en México. En el primer párrafo de aquel Astillero se resumía que “conceptual y estructuralmente, todo está acomodado en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para que los fraudes en los comicios sigan siendo castigados en términos menores y continúen o se queden con el poder público quienes cuenten con más capacidad de adulteración de la voluntad popular. Las prácticas fraudulentas han sido, para efectos prácticos, virtualmente intocadas por las sentencias” correspondientes.

Así que la excepción colimense ha de ser vista a la luz de la larga experiencia: sólo los arreglos entre partidos, y las cesiones e intercambios de favores, propician resoluciones anulatorias de procesos impugnados. Por lo demás, la doctrina dominante sigue siendo la del calderonista “haiga sido como haiga sido” o la de las tarjetas Mónex y Soriana (con sus vertientes denominadas Sedesol y televisoras digitales en 2015). El sacrificio provisional del prescindible Peralta, y el triunfo, también provisional, de los panistas al impedir la derrota del también muy impugnable Preciado, son simplemente las alas de una golondrina electoral que no puede hacer verano en el largo invierno peñista en curso.

Por lo pronto, Peña Nieto podrá contar con la buena voluntad votante del panismo (provisional, mientras llega otro “conflicto” que lleve a nuevas cesiones) y los jefes “opositores” distanciados, Gustavo Madero y Ricardo Anaya, tendrán nuevos puntos de convergencia, con Jorge Luis Preciado y José Ignacio Peralta en espera de que se convoque a nuevas elecciones y con un gobernador interino que dará al peñismo una tregua regional en medio de tantas descomposturas acumuladas. ¡Hasta el próximo lunes!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.