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Astillero: Ya me cansé, Ya chole, Ya basta

Astillero, Pacto por México

H ay una línea de creciente insatisfacción, pero no solamente en la sociedad que con fundadas razones está harta del cuadro profundamente negativo que vive el país, sino… entre la altísima burocracia que pareciera estar convencida de que hace sus mejores, honestos y más sanos esfuerzos por resolver problemas, y que tales actos de gobierno suelen ser menospreciados o abiertamente criticados por ciudadanos en general y por políticos de oposición que intencionada e incluso tal vez gozosamente son adversos al régimen.

Esa línea transita del famoso “ya me cansé” (pronunciado por el entonces fabulador general de la República, Jesús Murillo Karam, fastidiado de responder preguntas y más preguntas de periodistas respecto de sus ahora derruidas “verdades históricas”) al siniestro “ya basta” del virtual vicepresidente político del país, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong (en sus manos alterna el guante blanco de la negociación política con el puño de hierro del control de la seguridad pública), quien así quiso frenar los señalamientos públicos de responsabilidad de esta administración federal en la desaparición de 43 normalistas en Iguala hace más de trece meses y condicionar los trabajos de investigación de los expertos independientes (por cierto, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos decidió prorrogar seis meses la estancia de esos expertos en México, del último día del presente mes al último de abril del año próximo, con la posibilidad de extender nuevamente el plazo si los resultados habidos no son satisfactorios). Y pasa esa línea de molestia de la “superioridad” por los comerciales fallidos del sintomático “ya chole” contra los críticos de las reformas estratégicas supuestamente maravillosas.

Otros puntos notables de esa ruta del enojo acumulado podrían ubicarse en las oficinas ocupadas por quien ahora es secretario de violencia declarativa, Aurelio Nuño Mayer, y en las del secretario general a cargo del Ejército, el general Cienfuegos, que reclama fuero de facto para que “sus” soldados no sean tocados por procesos de investigación que a él le parecen inadecuados. Recuérdese que, en diciembre de 2014, Nuño hizo pública demostración de indiferencia de Los Pinos (donde era influyente jefe de la oficina de la Presidencia, operador e “ideólogo”) ante las críticas y exigencias de la sociedad: “No vamos a sustituir las reformas por actos teatrales con gran impacto, no nos interesa crear ciclos mediáticos de éxito de 72 horas. Vamos a tener paciencia en este ciclo nuevo de reformas. No vamos a ceder aunque la plaza pública pida sangre y espectáculo ni a saciar el gusto de los articulistas. Serán las instituciones las que nos saquen de la crisis, no las bravuconadas”.

Lo dicho por Nuño al diario español El País se ha sostenido como declaración peñista de principios: resistir desde el poder ante una plaza pública (es decir, marchas, manifestaciones y protestas en general) que no tiene razones ni viabilidad, pues en realidad lo que pide esa multitud, primitiva y manipulable, es “sangre y espectáculo”. La elevación de ese teórico del aislacionismo palaciego a la categoría de precandidato presidencial en campaña de control y amago educativos (gustoso de anunciar castigos a profesores rebeldes, frecuentemente con un entrecejo denotativo de enfado, que haría llamarle Aurelio Ceño) es una confirmación pública de que tales tesis son rectoras y dignas de premiación y promoción políticas.

En los estados de la República es también evidente el enojo de los gobernantes por la incomprensión de sus presuntos representados. Un caso extremo es el grotesco desgobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, a quien ayer organizaciones de la sociedad civil y defensores de derechos humanos exigieron que ofrezca disculpas y atienda a la madre de una joven desaparecida, a la que eludió con una sonrisa congelada y una prisa sin justificación, todo lo cual fue difundido en redes sociales. El propio Gabino Cué, en Oaxaca, dijo ayer estar cansado “de tantas notas negativas, de tanta energía negativa, de descalificaciones, de guerra sucia”. En fin: los altos funcionarios, que han llevado a la nación a la trágica situación actual, se sienten incomprendidos. Pobrecitos (bueno, en realidad, en términos de salarios, bonos, compensaciones, comisiones, negocios y mansiones… nada de pobrecitos).

ASTILLAS

A reserva de que el pleno senatorial lo apruebe, como es de suponerse, ayer las comisiones legislativas emitieron un dictamen contrario a la reducción del impuesto a las bebidas “refrescantes” que en la Cámara de Diputados habían negociado los cabilderos de esas poderosas empresas con políticos de PRI y PAN, que ante el escándalo de esa cesión a las embotelladoras niegan la cruz de sus “arreglos”…

Con la Iglesia ha topado el papa Francisco, así que más allá de sus declaraciones esclarecedoras y valientes, la cruda realidad de la estructura eclesiástica se ha impuesto al dicharachero argentino que ayer expidió una incongruente “indulgencia plenaria” a los Legionarios de Cristo, cuyo fundador e idolatrado guía, Marcial Maciel, fue ejemplo de los abusos sexuales que se viven no sólo en esa orden, y que el anterior pontífice, Benedicto XVI, condenó al señalar al ya difunto michoacano como responsable de actos “gravísimos e inmorales”…

El despliegue de fuerzas militares y policiacas federales en Guerrero, en una más de las ya clásicas “operaciones” gubernamentales de “combate” a la delincuencia organizada, intenta dotar de cierto margen de gobernabilidad al priísta Héctor Astudillo, con la vista puesta sobre todo en los movimientos sociales de protesta extrema y los brotes de insurrección armada. Lo único seguro es que aumentarán las violaciones a los derechos humanos en esa entidad ardiente…

Y, mientras el PRI, con José Ignacio Peralta en riesgo de ser inhabilitado como candidato para la nueva elección de gobernador en Colima, trata de descalificar también al panista Jorge Luis Preciado, ¡hasta mañana!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.