Usos y costumbres
21 septiembre, 2015
reforma energética
México SA: Tsunami migratorio
21 septiembre, 2015

Baja credibilidad presidencial arrastra a la prensa

Rogelio Hernández López

L a oscilación en la aceptación social del presidente de la república pareciera arrastrar a los grandes medios de comunicación y de prensa. Así lo indica la comparación de las encuestas de los últimos diez años sobre la credibilidad en los presidentes y de los medios.

¿Qué empresa encuestadora o de investigación en comunicación nos ayudará a entender por qué las empresas mediáticas y de periodismo tienen caídas sistemáticas en la aceptación social y estas bajas parecen estar ligadas a los años más difíciles del Poder Ejecutivo federal?

Altas y bajas

En una reflexión anterior cité, con datos, que la credibilidad o aceptación ciudadana de los medios alcanzó sus puntos más altos al comenzar el siglo XXI, cuando ocurrió la alternancia en la presidencia de la república; pero en una década los registros indican caídas estrepitosas en su aceptación social, igual que la aceptación en el presidente.

En los dos primeros años de Felipe Calderón sus indicadores de aceptación superaban los 7 puntos y la credibilidad en los medios indicaba casi lo mismo. A la mitad de su mandato, la aceptación presidencial cayó a 6.1. Para abril de 2004 la empresa Consulta Mitofsky, divulgó que, entre doce instituciones, las tres que registraban mayor confianza ciudadana eran: la Iglesia (7.7 puntos), el Ejército (7.5) y también comenzó a bajar la de los medios de comunicación, que todavía estaban en tercer lugar (7.0), unas décimas arriba del Instituto Federal Electoral (6.7).

En septiembre de 2008, cuatro años después, otra empresa encuestadora, la de María de las Heras, hizo evaluar socialmente a 20 sujetos. La pregunta que hicieron sus encuestadores fue ¿Cómo piensa que están haciendo su trabajo?

Y en el primer lugar aparece el Ejército con 64 por ciento en la calificación de bien y en el segundo los periodistas, pero ya con 58 por ciento de aceptación colectiva. Le siguieron con 39 y 37 por ciento los de derechos humanos, obispos y cardenales, luego los del IFE (33%) y el Banco de México (30%) y hasta abajo seguían los diputados con 13 por ciento y los líderes magisteriales con 12 por ciento de aceptación.

Parecía que en los dos primeros años de Felipe Calderón como presidente los medios y el periodismo estaban bien parados frente a la población. Después, la aceptación del presidente fue cayendo y los medios de prensa con él. Un fenómeno similar ocurrió en el mandato de Vicente Fox, pero la caída ha sido más drástica y sostenida con Enrique Peña  Nieto.

Un primer indicio de la caída sistemática del actual presidente lo dio en marzo de 2015 la empresas GEA-ISA.

A pesar de que la aprobación del presidente Peña Nieto mejoró tres puntos porcentuales, al pasar de 41 a 44% durante el primer trimestre de este año, su nivel de aceptación es inferior al que tuvieron los ex mandatarios Felipe Calderón y Vicente Fox en el mismo punto de sus administraciones.

Cinco meses después esto empeoró. La empresa Parametria sostuvo al comenzar el mes de septiembre que “el nivel de aprobación del presidente Carlos Salinas en su tercer año de gobierno fue de 77 por ciento; el de Ernesto Zedillo de 55; el de Vicente Fox de 58 y el de Felipe Calderón de 62 por ciento.

“(Y en el) Tercer año de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, a la mitad del camino. Su nivel de aprobación es de 35 por ciento, de acuerdo con la última encuesta de Buendía&Laredo, y sigue cayendo.

No hay encuestas recientes que indiquen cuál es la aceptación de los medios en los meses de agosto y septiembre de 2015. O al menos no son públicas. Pero la caída en su aceptación no ha cesado en cuatro años.

Los datos más recientes y confiables al respecto se pueden encontrar en un estudio magnífico que se encuentra en el sitio del Instituto Nacional Electoral. Se llama: Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México 2014. Fue realizado por un grupo de investigadores de varias entidades académicas y difundido bajo la responsabilidad del todavía IFE en colaboración con El Colegio de México.

Allí se refieren las encuestas más recientes sobre la aceptación ciudadana en las instituciones y se confirma que la confianza en los medios de comunicación cayó paulatinamente  en los últimos cuatro años:

 “En cuanto a los medios de comunicación, 61% de los mexicanos en 2010 confiaba en ellos mientras que en 2013 sólo 32% dijo confiar mucho o algo en ellos”.

La caída llegó hasta el nivel más bajo en algunas regiones:

 “La región Norte alcanza el nivel más elevado con 42%, pero el resto de las regiones varía entre 32 y 28% de confianza; excepto en la Sur donde alcanza sólo 22%”.

Hasta aquí los datos parecen indicar la liga estrecha entre la aceptación social del presidente y la de los medios de comunicación y la prensa en particular. Parecen ir de la mano los vaivenes en la credibilidad de los regímenes políticos y la prensa.

Cuatro problemas

Faltan esas encuestas y estudios específicos para medir la aceptación de la prensa en una línea del tiempo, al menos en lo que va del siglo XXI. Sobre las causas parecen haber algunas explicaciones.

En México el mercado de la información noticiosa es acaparado por muy pocas corporaciones tanto en televisión y radio como en medios impresos; corporativos que también acaparan los mayores porcentajes de publicidad tanto privada como pública. Y por esa fuerza imponen la agenda política mediática y se vinculan con la aceptación o no y, por supuesto de la credibilidad de los sucesos que reportan.

Hay que reiterar que con los grandes cambios económicos, industriales y tecnológicos vino también la academización de los periodistas y el cambio general de las relaciones políticas de México que ayudaron a que se agotara el modelo de mutuas conveniencias de los medios y los gobiernos presidencialistas de partido único. Modelo que, entre paréntesis, sigue groseramente vigente en varios estados de la república, especialmente donde sigue predominando el PRI. Allí parece radicar otra causa del demérito.

En dos décadas, pues, se ha incrementado la significancia social de la prensa mexicana. Si hoy el periodismo mexicano parece más poderoso de lo que realmente debiera, sólo parece porque opera bajo la fragilidad de los poderes establecidos en la lenta, tierna y desconcertante transición mexicana.

Esto último pareciera ser la causa principal del cómo la debilidad de los políticos y las instituciones les impiden entender que les faltan medios de comunicación, e iniciativas de expertos, para diseñar una comunicación política eficaz y se deja la agenda a los medios industriales y estos, por razones de mercado, sin razonar se ligan a los fracasos o crisis políticas que cada día son más recurrentes.

La oscilante alza y caída en la aceptación ciudadana de los medios de comunicación es un fenómeno que también debería preocupar a los periodistas que quieren insertarse en el mercado como competidores no lucrativos de los medios y la prensa industrial. Un tema para la investigación y el análisis.