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Banco de México: las decisiones a puerta cerrada

Renata Terrazas*

No hay plazo que no se cumpla y al cierre de este mes tendremos nuevo gobernador del Banco de México –si los consensos no dan, al menos uno interino–. La salida de Carstens pactada para el 30 de noviembre abrirá una vacante en la Junta de Gobierno de Banxico, la cual deberá llenarse a propuesta del Ejecutivo Federal que deberá ser aprobada por el Senado. Entre los cinco integrantes de la Junta deberá nombrarse al Gobernador, quien es una de las figuras más relevantes en el panorama político mexicano.

Para la mayoría de la población las designaciones públicas no forman parte de sus prioridades; tratándose del Banco de México, menos. En parte por la híper especialización de su trabajo y perfil de las personas que lo dirigen, pero también debido a que es una institución altamente elitista, la cual, además, está sujeta a decisiones que se toman en el ámbito internacional más que el nacional.

Es bien sabido que el representante de Banxico es alguien que debe dar confianza a los mercados internacionales y muy particularmente al Banco Mundial. México es una de las economías más fuertes del mundo, sin embargo es más un acatador de políticas económicas que una voz fuerte en su construcción.

Más allá del importante papel que juega en el ámbito internacional, el gobernador del Banco es una figura que funge como asesor del gobierno federal en matera financiera. Su rol de asesor está vinculado a mantener la estabilidad de la economía, la certeza para los mercados y procurar una moneda fuerte.

En el contexto mexicano, el rol de la Junta de Gobierno y de manera específica del Gobernador, es complicado por la creciente tendencia de nuestras administraciones federales a endeudarse y desviar recursos. Ambas prácticas contrarias a cualquier disposición en política económica y que son de las razones más fuertes para fomentar la desconfianza de los mercados, de otros países y de cualquier posible inversionista.

En el contexto mexicano, la reputación de Banxico tampoco se salva y recientemente se inició una investigación por parte de la Cofece sobre una supuesta manipulación de los precios del mercado de la deuda gubernamental. La investigación se inició por la sospecha de que los precios de la deuda mexicana se manipulaban para vender barato y comprarlos nuevamente caros, en beneficio de instituciones financieras privadas.

De igual forma, hace unos días se destapó un escándalo vinculado a pensiones de Banxico que en septiembre de este año sumaron más de 64 millones de pesos y donde se encontraron pensionadas personas con 45 años de edad y otras con ingresos netos de más de 200 mil pesos.

Además de la necesidad de revisar y atender estos retos para la confiabilidad y sostenibilidad del Banco, es importante enmarcar la designación de su gobernador en un contexto internacional poco favorable como lo es el cercano nombramiento del titular del Banco Central en Estados Unidos. Esto no sería un problema si quien tomara la decisión fuera alguien con mostrada capacidad y competencia, cosa que no sucede con el actual presidente de Estados Unidos.

El reto de quien llegue será mayúsculo; habrá que atender casos propios del Banco de posible corrupción, desvíos de recursos y gastos irresponsables de la Administración Pública Federal y una incógnita internacional por el nombramiento del titular del Banco Central de Estados Unidos. Y ante todo ese panorama, los mexicanos nos quedaremos solamente mirando.

La designación del siguiente titular del Banco de México se dará con muy poca discusión pública y mucha discusión a puerta cerrada con los actores que tradicionalmente influyen en las decisiones de política económica. Y en ese actuar, el grueso de la población quedaremos alienados de los temas relevantes en política financiera y macroeconomía, confiando en nuestras queridas instituciones.

* Investigadora de Fundar, Centro de Análisis e Investigación