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Basta de sobriedades complacientes

Ignacio Betancourt

Escribió el poeta francés Charles Baudelaire (1821-1867): ¡Es hora de embriagarse! Para no ser esclavos martirizados por el Tiempo, emborráchense, emborráchense constantemente, de vino, de poesía, de virtud, de lo que se les antoje. En esta temporada los versos de Baudelaire abren puertas, muestran horizontes hasta para los menos imaginativos, quienes probablemente sólo se embriagarán con vino, pero algunos se embriagarán de poesía y otros de virtud o se emborracharán de frío, o de malas noticias, de indignación, de solidaridad; como hay tanto de donde escoger elijamos lo que mejor nos acomode.

Basta de sobriedades complacientes y de complicidades encubiertas, por un momento único indaguemos los límites, no únicamente los ojetes tienen derecho a lo ilimitado. Tras lo digno no hay tregua, en pos de lo valioso no hay descanso. Todo al fuego, hasta el arte para alimentar la hoguera. Contra lo insoportable hasta lo más callado, el silencio más tenue, la indignación más invisible, en navidad y en año nuevo y hasta en el Día de los Inocentes. Para los indignados no hay plazos perentorios ni fechas definidas, cualquier instante es bueno para estallar, algo comienza a cambiar discretamente, debajo de cualquier piedra se encuentran las respuestas.

Y por ahora algunas cosas que considero no debían olvidarse ni en la tan mentada cena de navidad: como resultado de la violencia criminal de políticos y delincuentes y de policías y soldados, en los anteriores diez años el seis por ciento de los mexicanos (más de tres millones) han abandonado sus lugares de origen. Según el Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno, desde diciembre de 2006 (cuando Felipe Calderón declaró la guerra al narco) esa violencia ha propiciado el desplazamiento forzado de cientos de miles de ciudadanos. La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos “ha podido constatar que los gobiernos locales no tienen ni la capacidad ni la voluntad política para garantizar y proteger los derechos de este sector de la población; habría que añadir lo declarado por el director general de Prospera, Daniel Aceves, quien sin rubor advierte: “el consumo de galletas en la población general se elevó 4 mil por ciento, ya que se trata de productos que son llenadores y de los cuales hay gran oferta”; cómo puede ocurrir algo tan lamentable siendo México un país tan rico en recursos naturales, que lo responda Enrique Peña Nieto, y qué explique sobre la diabetes que es la principal causa del deterioro de la salud en la mayoría de los mexicanos, cuyo país reporta según el Instituto para la Métrica y Evaluación de la Salud (de la universidad de Washington): “los peores desempeños en diabetes, insuficiencia renal, violencia, cirrosis, osteoartritis, trastorno bipolar y epilepsia. Por si algún despistado no se había dado cuenta, las enfermedades no son castigo divino sino resultado directo de las malas gobernanzas; vivir sin salud y morir tempranamente también se le puede achacar a priistas y panistas: los malos hábitos alimenticios de la población no son una elección, le son impuestos indirectamente por lo nefasto de las políticas públicas de cientos de funcionarios que lo único que saben hacer es cobrar estratosféricos sueldos y realizar tranzas inimaginables.

Y qué decir de los millones de toneladas de televisores contaminantes que el gobierno federal no sabe en dónde colocar luego de su apagón analógico; y de su llamada evaluación educativa, sólo posible con la inagotable presencia de miles de policías y soldados que ahora se han convertido en el nuevo parámetro para la calidad de la educación en el país. Escribió Felipe Jacobo en el libro “Crónicas de Agua Señora: la intimidad de un despojo”: Entonces [en los años veinte] querían que los niños no aprendieran a leer y escribir sino que nada más aprendieran a poner su nombre, era todo, no querían que el niño aprendiera otra cosa más que escribir su nombre y hacer cuentas y ya estaba bien; si te veía  alguien leer un libro cualquiera luego te decía que para qué estabas viendo ese libro, que el libro no te va a dar de comer, o también que ese libro te lleva por un camino equivocado. Porque en aquella época los de más arriba no querían enseñar a otros, no querían que se supiera cuales son tus derechos individuales, así nunca te podrías poner en contra del patrón, ni nunca ibas a reclamar lo que te pertenece o lo que corresponde. ¿Qué dirán los modernizadores de la educación sobre tales similitudes entre el primer cuarto del siglo XX y la manera de educar en el siglo XXI en que con macanas y gases, escudos, toletes, vehículos blindados y la imposición de leyes diseñadas para impedir todo reclamo, han decidido “educar” a la población mayoritaria? Y como colofón a este 2015, van las declaraciones del arzobispo de la Arquidiósesis, don Jesús Carlos Cabrero Romero, en el sentido de que cuando el Papa Francisco esté en México se reunirá con las víctimas de la pederastia clerical, pero “no será un regaño lo que trerá para los mexicanos”; mejor sería que se deje de especulaciones e informe en dónde se oculta el super pederasta padre Córdova.

El próximo viernes uno de enero no se publicará REFICCIONES, así que hasta el viernes 8 de enero (sí aún hay país). Del poeta francés Victor Hugo (1802-1885), van fragmentos de un poema escrito en 1852 y titulado “Último verbo”: (…) El recurso del juez es la prostitución./ Los sacerdotes hacen temblar al ciudadano;/ desentierran la bolsa que escondió el alfarero;/ alguien revende al Dios que Judas ha vendido.// Exclaman: César reina y el Dios de los ejércitos/ lo ha elegido.¡Pueblo, debes obedecer!/ Y mientras van cantando, con las manos cerradas,/ se ve el hilo de oro que pasa entre sus dedos.// (…) así que se revuelque, triturando en sus fauces/ la virtud, la palabra y el honor fervoroso;/ borracho, vomitando su deshonra en prohombres;/ mientras veamos eso bajo el sol de los cielos;// aunque la abyección del público aumentara/ hasta idolatrar a ese mentiroso execrable;/ aunque Albión misma y América también/ dijeran al proscrito: ¡Vete, provocas miedo!// (…) ¡no me doblegaré! Sin quejas en los labios,/ con el alma enlutada, desdeñando al rebaño,/ te seguiré besando en mi exilio feroz,/ ¡Patria, oh altar mío! ¡Libertad, mi bandera!// Mis nobles compañeros, yo guardo vuestro culto;/ expatriados, nos une la República viva./ ¡Yo cubriré de gloria todo lo que se insulta/ y envolveré de oprobio todo lo bendecido!// (…) No volveré a mirar tu orilla que nos tienta,/ ¡Francia! salvo el deber ¡ay! todo olvidaré./ Entre los perseguidos instalé mi tienda:/ proscrito quedaré, por quedar bien erguido.// Acepto el duro exilio, aunque no tenga fin;/ sin intentar saber y sin considerar/ si alguien que parecía firme se ha doblegado,/ ni si muchos debiendo quedarse, se han marchado.// Si somos mil ¡pues bien, yo estoy entre ellos!/ Si quedan cien aún, yo sigo desafiando;/ si resistieran diez, el décimo seré;/ y si tan sólo uno quedara ¡seré yo!