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¡Basta, entonces, basta!

Luis Ricardo Guerrero Romero

La mágica señora Bueno Martínez se lo dijo con elocuencia y sin titubeos: la vida humana es el eterno palimpsesto. Ella habló de tal forma porque su singular experiencia de vida le daba para hablar, y aunque sabemos que todos entendemos de modo distinto, aprendemos según nos trata la vida, las palabras que ella solía emitir hacia quien devotamente se acercaba a su aliento, eran precisas y agradables. Tal vez, con alta probabilidad sus consejos no eran los más sabios, o los mejores, pero la magia de sus palabras no radicaba en la experticia, sino que cuando ella hablaba, lo expresaba desde el corazón.

Y así sucedió la última vez que el señor Romo Siul, el extravagante italiano de nuestra colonia visitó a Bueno Martínez para pedir un consejo, éste le dijo: —Mi boca inaugura la palabra basta, mi boca es un ojo exaltado, abierto observador y todo cuanto ve le cala, a mi vida el mundo la lastima mundo y grita: ¡Basta!

A este raro discurso le continuó una rara explicación que en la dulce pero firme voz de la señora Bueno, parecía ser un vaticinio controversial: —La estigia en la que ahora flotas no te darán para menos tendrás que alzar tu voz como un trueno deseoso a retumbar en las bóvedas divinas. Desde niño has jugado con cuaderno y lápiz al contar: 10, 9, 8, 7… 3, 2, 1: hasta decir ¡Basta!, esta palabra marcaba el límite del juego en el que una letra podía crearlo todo, porque escribiendo replicas un hágase humano, a la suerte de la imitación Celeste. Tu vida Romo Siul es un palimpsesto, y por muy desgastado que esté tu vida-sentimiento-papel, es posible recrearlo todo, sólo es necesario que grites desde tu corazón: ¡basta!

Hoy tu y yo podemos rehacerlo todo porque ya es suficiente de injusticia, impotencia, miseria. Inhumanos sustantivos que al decirlos explotan en la boca. Las ofensas son las verdaderas groserías, son las maldiciones que el hombre mismo escupió sobre su hermano. Por eso: ¡Basta! Todos los hechos negativos que hoy experimentamos nos rasgan y revelan el dolor que llevamos por dentro. El cilicio que te aprieta, la mordaza que te calla sólo rasga tu vida.

Romo Siul salió de la habitación donde se encontró con la mágica Bueno, dejando en el eco un sonido parecido a un beso, que fue signo del agradecimiento por el vaticinio que Bueno Martínez le había explicado. En una caricia sus palabras, en un beso el agradecimiento.

La palabra basta, rasgada en dos silabas nos es heredada del latín: satis, suficiente; de allí la expresión satisfecho (lo que está hecho ya bastante: satisfecho) la palabra ahora en cuestión en su origen es basta, o sea muy amplia. Puesto que al enunciarla nos remite al ejercicio de dar el último hilván a una pieza de tela que se une con otras, si a ese tramo de tela le siguieran más puntadas aquello se degrada y se convierte en un bastardeo, es decir que el sustantivo basta, se origina a partir de una acción de unir telas, pegar varias telas convierte el telar en un degenere.

No es de extrañar que esta palabra venga de la técnica del huso, pues ya, por ejemplo, las Moiras daban cuenta de hasta donde era suficiente —bastante— vivir. Hasta la fecha al límite de tiempos entre espacios geográficos se les denomina husos horarios, en razón a esta disciplina del hilado. Por eso la idea de basta, es una exigencia de virtud, ni más, pero tampoco ni menos, el punto medio nos basta, no nos conforma, pero hay un hasta aquí, Es decir el límite de algo. De allí que la traslación latina satis, a nuestra lengua fue: basta. El título de esta colaboración distingue el sentido de suficiente o demasiado, lo que lastima al hombre está de más, y ¡basta!