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Posición clerical
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Beba líquidos a raudales

Luis Ricardo Guerrero Romero

C uando a alguien se le denomina poeta, originalmente debiéramos pensar en nuestra capacidad poética, es decir creadora, y no hay mayor ejemplo de ello que el habla cotidiana, la cual nos hace capaces de generar relaciones por medio de la palabra o bien, identificar con facilidad y sin ambigüedad expresiones como: La compañía quebró y ya me liquidaron; hay muchos zancudos por la noche habrá que liquidarlos; tengo que invertir liquidez al negocio; esta cajeta es demasiada líquida; yo me adapto a todo soy de carácter líquido. Y de muchos más ejemplos.

Ahora procederemos a hacer líquida esta disertación de la palabra que nos tiene entre líneas, que ya es de suponerse.

Una primera distinción antes de la exposición es el socorrido acento ortográfico que debe o no llevar la palabra que nos ocupa, pues entre líquido y liquido existe una brecha aunque al parecer ambas son familiares del lexema liqu, obviamente en la lengua latina, encontramos que liqueo, liquide, liquo, liquor; significa ser o estar líquido, es decir ser claros; serenamente; hacer líquido, como el “fuego centrifugado” en algún metal; acabarse pero también derretirse, (todas las definiciones respectivamente).

Estos ejemplos intentan ilustrar qué tan fluida es esta palabra y hasta de manera paralela empata con los aspectos de la primera consonante que la integra. La ele /L/, de sonido alveolar, lateral, sonoro y acuoso pues la salivación que producimos al enunciar esta novena consonante de nuestro abecedario es mayor a la salivación del resto de las consonantes. Sin embargo la más aceptada relación de significado de esta palabra es de liquidus a-um. Fluido, claridad, certidumbre. Entonces se aceptan las expresiones de: –la empresa liquidó mi empleo, que equivaldría a decir: con certidumbre (en regla y claridad) me pagaron. Mientras otra idea distinta connota el enunciado: –es de un carácter muy líquido.

En los inicios de la química encontramos también el paralelismo del líquido como un elemento en analogía con el agua, como llegara a afirmar Tales, quien educe que el agua (el estado líquido de la materia) es una arjé y/o elemento básico de la cual suceden todas las demás, lo cual nos orilla a la pregunta: ¿habrá un líquido elemental o ideal? En química se dice que, si la cantidad molecular ejerce fuerzas equilibradas y no unas sobre otras entonces existe un líquido ideal. En otro escenario se habla de los fluidos como líquidos, como es el caso de los fluidos newtonianos, que por su inconstante cohesión molecular se ven faltos de forma propia adaptándose al molde que se les disponga. Para minimizar la tensión superficial los líquidos expuestos en alguna superficie plana adquieren la forma esférica, –piénsese en una gota de agua o aceite–, que respondiendo al principio de Hamilton, el líquido adopta la forma de esfera contribuyendo a reducir el máximo de energía.

Asimismo, por pura serendipia o tal vez no, la L en la simbología indica el litro, que como todos sabemos es la unidad de medida de los líquidos. Finalmente, si tienes L años (50 años) y decides tomar 2L de agua diariamente y piensas en cómo liquidar tus deudas o mejor aún cómo disponer de tu economía líquida, entonces sólo te falta leer el eficaz ensayo de Zygmunt Bauman: Tiempos líquidos, que nos explica el transito de esta sociedad “moderna” que pasó de un estado sólido a uno líquido por todos nosotros experimentado y más por las mañanas, que a causa de este mundo acelerado ya ni se almuerza bien y debemos conformarnos con un licuado.