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Luis Ricardo Guerrero Romero

Regina y Renata fueron esa clase de amigas inseparables, cómplices, arriesgadas, fraternas y un largo etcétera que engloba el intercambio de ropa y calzado para ir en busca del amor y otros malestares necesarios. De modo continuo se podían oír voice note de cada una de ellas en cualquier espacio geográfico, todos incluido yo —que sólo recopilo la información que me han hecho llegar—, pensamos que esa clase de amistad trascendía los tratados más agudos de lo que es un amigo, desde el texto de “la amistad” en Ética a Nicómaco; hasta el comentario más atinado con relación a un amigo en cualquier muro del Facebook. Pero como todo es un ciclo, esa estrecha amistad se atenuó mientras trascurría una tarde de Netflix en casa de Regina. La cosa fue más sencilla de lo que es posible imaginar. Algún vecino interrumpía con su música la tranquilidad de una tarde de series entre las amigas, los comentarios de los personajes en escena se mezclaban con el retumbar de ventanas y un ritmo cadencioso que entonaba aquel vecino algo alcoholizado: no te metas con mi cucu, no te metas con mi cucu, yo sé que tienes tú mujer, así que deja mi cucu. La más intrépida de las amigas salió en pro de la paz, pero el sentimiento de coraje le impidió meditar sobre el atuendo semi desnudo de aquella pijama cómoda, y más aún que ese tipo de ropa pudiera parecer sugerente para más de un vecino. Al llegar a la puerta de aquel animoso cantante apenas los timbres, golpeteos en la puerta y gritos, se distinguían entre la pista siguiente: Yo a ti te comparo con una antena parabólica con una antena parabólica bólica, bólica, bólica, bólica. Después de un tiempo considerable él salió, con una toalla en el dorso y un diminuto bóxer color marrón y líneas verdes. Por la ventana Regina observaba todo y asustada al ver que aquel tipo robusto de un metro punto ochenta centímetros discutía con su amiga no hubo más remedio que salir con un cuchillo de cocina en mano. Pero el alistarse y salir para salvar a su amiga aceleró el final de una bella amistad, pues al llegar a la puerta del vecino ya no encontró ni a él ni a Renata, sólo podían escucharse una mezcla de gritos que se disimulaban al son de: Valió la pena lo que era necesario para estar contigo amor, tú eres una bendición. Las horas y la vida de tu lado nena están para vivirlas, pero a tu manera enhorabuena, porque valió la pena, valió la pena. Después de varios minutos Renata salió de esa casa con manchas de sangre en su ropa, miró de frente a su amiga la besó con amor en los labios y jamás supieron de ella. De aquel vecino alcohólico sólo su casa abandonada en resguardo por la ley es lo que quedó. De alguna manera aún no aclarada, Renata asesinó al vecino de bóxer marrón y líneas verdes. El beso que hubo entre Renata y Regina tampoco tiene claridad, pues se gestó entre la amistad, locura, muerte y adiós.

Los besos, estamos seguros de que podrían escribirse más libros que gotas en el mar sobre la historia que conllevó la acción de un beso. En esta época de permisividad y gustos sanos, también estamos seguros de que hay besos de todo, para todos, en cualquier parte y en cualquier zona epidérmica y más. La historia del primer beso inolvidable, del beso robado, del beso drogado, del beso despechado, de amante, del beso prohibido (según la moral que te eduque). Hay tanto que besar y tan pocos labios. Renata lo sabía y besó a Regina antes de marcharse y ser atrapada por homicidio. El beso tiene su propia historia, aunque parcialmente conocida. Existen por ejemplo enfermedades por el contacto de boca: mononucleosis infecciosa. Ocasionada por besar o trasportar el virus de boca a boca. Asimismo, el beso tiene su propia fisiología con la intervención del músculo orbicular que es la antesala de enviar estímulos al cerebro que ha de ordenar el acoplamiento de la parte yerta con su complemento. La voz latina: basium, es sinónimo de la idea de osculum (boquita). Pero a la fecha fue la palabra basium> basom> besom> beso, la que prevaleció para indicar el acto de traslape entre labios bucales (o cualesquiera). Se aproxima el 14 de febrero y con seguridad habrá muchos besos por probar, robar, pedir, e incluso comprar. “¿Amor? Vamos, la gente no quiere amor; la gente quiere triunfar, y una de las cosas en las que puede hacerlo es en el amor” (Charles Bukowski). Renata lo conocía con seguridad.