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29 diciembre, 2015
Contendrá funcionario de Sectur por gubernatura de QR
29 diciembre, 2015

Cándidas estructuras

Óscar G. Chávez

Es en definitiva la situación que atraviesa el Ceprereso el punto rojo que merece mayor atención en el gobierno de Juan Manuel Carreras; no son ni las aviadurías en el Congreso, ni las anómalas situaciones que imperan en la Auditoría mayor, ni los pagos rezagados a proveedores, motivos de atención inmediata como los que requiere el penal.

Los puntos mencionados sí ameritan una resolución inmediata, sin embargo la que por la naturaleza misma de su origen y por la serie de hechos violentos que puede desencadenar en breve o largo plazo un problema mayor para esta administración es la del ya referido reclusorio.

En la columna del día 24 planteaba de manera somera la situación que ha generado la desatención histórica del reclusorio; aspectos diversos de tipo sociológico los que han posibilitado ese descuido. Sin embargo la problemática expuesta, sumada a las actuales condiciones, merece una explicación más a detalle.

Para todos es sabido que los puestos de mayor importancia en cualquier gabinete estatal, sin contar a la figura del gobernador, son los de secretario general de gobierno, tesorero y procurador. Cargos que estarán ocupados por personajes cercanos al gobernante en turno y que gozarán de toda su confianza.

Recordemos que durante el gobierno de Fernando Toranzo Fernández, el primero y el tercer cargo, estuvieron de manera alternada en manos de Cándido Ochoa Rojas, obscuro personaje hoy protegido con el fuero que le es inherente a su investidura como diputado federal, y aunque en sus inicios como servidor público manejó un bajo perfil, acabó convirtiéndose en la figura de mayor importancia y autoridad dentro del gabinete torancista, considerado por muchos como gobernador de facto.

Conocedor de los vericuetos propios del sistema judicial por haber iniciado su carrera en un juzgado, su llegada a la Procuraduría del estado le permitió conformar una compleja red de colaboradores en la que dio acomodo a sus incondicionales. Así subprocuradores, una gran cantidad de directores de área y agentes del ministerio público por él impuestos fueron los responsables del  sistema judicial y las averiguaciones integradas durante el anterior sexenio; con toda seguridad gran parte de esta célula sigue desempeñando las mismas funciones.

No es extraño el entretejido de esta trama de funcionarios, su inteligente proceder le permitió convertirse en la autoridad absoluta de la procuración de injusticia en el estado. Queda claro que ya desde ese momento veía la posibilidad de ser partícipe de futuros enroques que lo posicionaran en la antesala del poder.

Desde mediados de aquel sexenio comenzó a mencionarse como uno de los favoritos para suceder a Toranzo en la gubernatura, rumores que se vieron fortalecidos luego de su llegada a la secretaría general de gobierno. Descansaba ya sobre él la responsabilidad de la política interior del estado potosino.

La misma dinámica observada en la conformación de sus redes de poder e influencia en la Procuraduría, fue la que implementó desde su llegada a esta dependencia; queda claro que el procurador que sustituyó a Ochoa, fue una designación personal y a su gusto de entre sus corifeos; un pelele que demostró ser una auténtica nulidad en el cargo.

El funcionamiento del sistema penitenciario recae directamente en la dependencia antes dirigida por Ochoa, fue por tanto la reestructuración y acomodo de sus incondicionales la que comenzó a ampliar sus formas de operación dentro de este ámbito. El clientelismo y corrupción imperantes en el entorno sentaron sus reales y generó una decadencia en el de por sí ya decadente y poco atendido sistema. Acción que por demás le permitió fortalecer su persona y presencia en la política potosina.

Fue quizá un presentimiento de último momento, y posiblemente vislumbrando una posible derrota frente al próximo candidato de Acción Nacional, lo que le hizo trocar sus ambiciones y gestionar para sí una curul como diputado federal. Agreguemos a esto que una gran parte  de las cúpulas priístas local y nacional no hubieran apoyado su designación. Recordemos que no debió su candidatura en última instancia al Revolucionario Institucional, sino al Verde Ecologista.

Supo desde luego, ser precavido en este movimiento, ya que su triunfo como diputado federal le permitiría gozar del fuero que acompaña el nombramiento. Por otro lado la trama de sus influencias se mantendría casi intacta al menos durante los primeros meses del nuevo gobierno.

La anterior síntesis nos permite comprender que una gran parte de los problemas que enfrenta hasta este momento el actual gobierno, y concretamente la secretaría general, así como la Procuraduría y el sistema de reclusorios, derivan de los personajes impuestos por Cándido Ochoa y mantenidos por razones de logística hasta este momento.

En definitiva, la totalidad de cambios no se realizan de inmediato y con la entrada de un nuevo gobierno, su desmantelamiento y reestructuración serán paulatinas, no obstante aunque esto pudiera garantizar un mejor funcionamiento, los vicios instaurados y fomentados por la eminencia gris del torancismo, tardarán un buen tiempo en ser extirpadas y erradicadas a totalidad.

De permitir el gobierno de Juan Manuel Carreras que esta red heredada del sexenio anterior continúe en funcionamiento, los males que le aquejan desde su inicio se verán incrementados toda vez que en la medida que el tiempo avance se fortalecerán y convertirán en males mayores que los que imperaron bajo el amparo de Toranzo y Ochoa.

Estas cándidas estructuras deben desaparecer, no sólo por el bien del actual gobierno, sino en general para marcar el fin del antiguo régimen, garantizar el cabal funcionamiento de éste, y cortar de tajo las futuras aspiraciones del anterior gobernador de facto. Consideremos que la luna de miel inicial puede terminar en cualquier momento.