Abierto al tránsito, tramo del río Santiago donde se construyó dren central: Seduvop
17 septiembre, 2018
Trump desclasifica archivos sobre injerencia rusa en elecciones
18 septiembre, 2018
  • Constituciones: jurídica y política
  • Mancera, borrado
  • Viabilidad de cambios reales

Julio Hernández López

Desde que la izquierda electoral tomó el poder en la Ciudad de México (a nombre del Partido de la Revolución Democrática), la realidad política, social y administrativa de la capital del país se ha debatido entre una imbatible vocación progresista mayoritaria y una gestión administrativa y política cargada, en lo general, de oportunismo, corrupción e insuficiencias.

Salvo el tramo ejercido por Andrés Manuel López Obrador (durante el cual tampoco se pudieron abatir los niveles negativos, a causa, entre otros factores, de la necesaria convivencia y negociación con corrientes condicionantes, como la encabezada por los Chuchos), en el resto de las administraciones “de izquierda” se vivió entre el escaparate de las buenas obras en la superficie (susceptibles, desde luego, de amplia propaganda) y la realidad oscura, densa, del clientelismo electoral, el financiamiento oscuro de campañas y la corrupción institucionalizada. Así estaban “las estructuras”; así era “la realidad”; tal era el “pragmatismo” necesario.

La primera Constitución de la Ciudad de México, que entró en vigor ayer, aportará más letras y párrafos al mar de letras y párrafos jurídicos que han inundado a la realidad nacional, sin que cambie el fondo, la sustancia, de la relación entre la ciudadanía y sus gobernantes. Marcelo Ebrard trató de impulsar esa Carta Magna chilanga, con Alejandro Rojas Díaz Durán como punta de lanza. Pero el tiempo y las circunstancias no le permitieron quedar como padre de esa ansiada constitucionalidad. Miguel Ángel Mancera pudo haber quedado como el reconocido héroe de este episodio, pero su recuerdo histórico es absolutamente negativo y ahora navega en la intrascendencia práctica desde el Senado al que llegó por la vía del PAN, aunque coordina la chiquibancada de lo que queda del Partido de la Revolución Democrática.

El momento político e histórico es, en ese sentido, de Morena y de López Obrador, cuyo segundo apellido volvió a ser coreado en la instalación de un poder legislativo; antes, en San Lázaro, en el ámbito federal; ahora en Donceles, donde el nuevo partido dominante también tiene la mayoría de votos. Mancera ni siquiera estuvo en la sesión, y del PRD, solo su minoritaria bancada.

Pero, ironías de la realidad política mexicana, es posible que en esta temporada inaugural vaya a ser más importante y trascendente la constitución del poder chilango que la Constitución jurídica, que en realidad nadie solicitó clamorosamente. La fotografía de Donceles muestra el compacto arribo de una clase ejecutiva progresista al mando de la ciudad capital: Martí Batres podría sintetizar ese ciclo, pues fue diputado en la primera Asamblea Legislativa del Distrito Federal, dos décadas atrás (1997 a 2000), y ahora preside la mesa directiva del Senado de la República (por cierto, en aquella época era coordinadora de comunicación social de esa asamblea la exreportera Rosa Icela Rodríguez, ahora secretaria de gobierno de la Ciudad de México).

Alejandro Encinas Rodríguez, próximo subsecretario de Gobernación, fue diputado constituyente y uno de los ejes de la negociación y la concreción de lo que hoy es la citada Constitución capitalina. Con tales antecedentes, le correspondió un papel central ayer, en la sesión que hizo pasar a Chilangolandia de una condición estatutaria a una constitucional, con la asamblea legislativa convertida en congreso y los jefes delegacionales en alcaldes.

El jefe político del nuevo congreso es Jesús Martín del Campo Castañeda, quien fue dirigente en el movimiento estudiantil de 1968, en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y en el PRD premorenista. El nuevo encuadre legislativo capitalino tiene consonancia con el gobierno por instalarse meses más adelante, el que encabezará Claudia Sheinbaum, académica y científica que ha sido una firme partícipe en los lances electorales y gubernamentales del obradorismo. Con toda esa nueva constitución política, ¿habrá ahora sí pasos fuertes y firmes para sanear la Ciudad de México e ir verdaderamente adelante.

Dos asuntos relacionados con posibles liberaciones de detenidos dan cuenta del frágil momento institucional que se vive en materia de justicia. Por un lado, el gobernador electo de Veracruz, Cuitláhuac García, advierte que el gobierno peñista y el estatal, encabezado por el panista Miguel Ángel Yunes Linares, serían los responsables de que el exmandatario Javier Duarte de Ochoa quede libre, así sea con condiciones y sujeto a proceso.

De una manera clara se han ido generando las condiciones para que Duarte de Ochoa aproveche errores procesales sembrados intencionalmente para que sus abogados arreglen mejores condiciones judiciales y físicas para uno de los peores gobernadores de la historia reciente (y, vaya que hay suficientes competidores para ese título infame). Javidú podría estar en prisión domiciliaria, apenas mermada su fortuna sexenal, gracias a esas maniobras en las que la Procuraduría General de la República ha ido “fallando” una y otra vez, para beneficio del buen amigo del ocupante de Los Pinos.

En otro extremo del escenario, el ahora senador Miguel Ángel Osorio Chong, ligado históricamente al caso de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala, advierte que podrían quedar en libertad algunos de los presuntos responsables de los delitos cometidos contra los alumnos de Ayotzinapa. Se ha demostrado que varios de esos presuntos responsables fueron torturados y utilizados para “probar” la mentira de la “verdad histórica”. Que salgan en libertad, si eso sucede, solo confirmará la confección tramposa de los expedientes del caso, y, además, que los verdaderos culpables siguen intocados.

Y, mientras la futura secretaria de gobernación, Olga Sánchez Cordero, ha dado a conocer las excepciones a la propuesta de amnistía criminal que presentará el obradorismo, ¡hasta mañana, con buena parte de la atención pública puesta en el tema del país en “bancarrota” que López Obrador dice estar recibiendo!

Julio Hernández López
Julio Hernández López
Autor de la columna Astillero, en La Jornada; director de La Jornada San Luis.