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Chapulines, langostas y camaleones

Carlos López Torres

C ientos de integrantes de la añeja clase política nacional, en la que destacan algunos saltamontes potosinos de bajo perfil o poca monta, como usted prefiera calificarlos, para el caso es lo mismo, ya se aprestan a buscar otro cargo antes de ver concluido su mandato como si realmente hubieran tenido un desempeño relevante.

La mayoría de estos políticos saltarines se han ido convirtiendo en una especie de langostas que, como esos insectos ortópteros, se han multiplicado a medida que la descomposición del “sistema” se acelera, para formar verdaderas nubes de devoradores que han degradado las instituciones.

Los antídotos preparados por los integrantes de la misma clase política de poco o nada han servido, desafiando el dicho popular que dice: para que la cuña apriete ha de ser del mismo palo. Leyes, contralorías y dependencias como la de la Función Pública han servido sólo como tapaderas de la voracidad de las langostas que llegan a ocupar algún puesto.

Algunas de estos funcionarios de la poliarquía extendida a lo largo y ancho del “sistema”, de los más diversos colores, con cualidades para cambiar de color como camaleones cuando no logran su propósito de conseguir el salto deseado hacia otra posición, no sólo se conforman con devorar cuanto recurso se pone a su disposición, sino que lo comparten con otros insaciables devoradores de cuotas del erario, con quienes comparten el ejercicio administrativo y de poder para desgracia del pueblo como se ha evidenciado en no pocos estados y municipios del chapulinato mexicano.

Acaso por ello, cansados de padecer tan nefasta plaga, los habitantes de algunos municipios de la Costa Chica de Guerrero, decidieron, de conformidad con el artículo 39 de la Constitución, despedir a algunos alcaldes de la región que prácticamente faltaron a su palabra y función establecida en las disposiciones legales que habían protestado cumplir y hacer cumplir, para pasar a representar los intereses del crimen organizado.

Hoy, cuando se debate la utilidad del voto, derecho que puede ejercerse o no como cualquier otro, dependiendo de las circunstancias, el derecho al ejercicio de la soberanía popular es todo un tema, que por cierto está ausente en la polémica sobre la táctica electoral a propósito de las próximas elecciones.

Los guerrerenses de la costa no se anduvieron por las ramas: una vez que vivieron en carne propia los resultados violentos y corruptos de las autoridades que habían elegido, tomaron la determinación de conformar gobiernos populares en asambleas de participación directa en las comunidades, para garantizar que sus derechos dejen de ser vulnerados, que sus contribuciones e impuestos sean destinados para los fines que la Constitución y las necesidades comunitarias requieran, y lo que es prioritario, que sus vidas sean respetadas como se supone está obligado a garantizarlas el Estado que, lejos de cumplir su función, está más preocupado en mantener el chapulinato con la reelección de quienes comparten la cúpula política.

Ciertamente como dice el realizador cinematográfico greco-francés Costa-Gavras: los políticos “no están a la altura de la sociedad, hay corrupción y están sometidos a los intereses económicos”.