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Chile hace 43 años; México hoy

Ignacio Betancourt

Julio Cortazar, nacido en Bruselas, Bélgica, el 4 de agosto de 1914 y muerto en París el 12 de febrero de 1984. Argentino, así se asumía él, pues vivió en ese país durante sus primeros 27 años, parte de los cuales fue profesor de niños y adolescentes en diversos lugares de Argentina. En 1951 Julio se trasladó a París, en donde habitó hasta su muerte. Autor de novelas tan relevantes como Rayuela o El libro de Manuel, ambos textos determinantes en los años sesenta del pasado siglo XX, sobre todo para una juventud que descubrió muy cercano a dicho autor.

De ese Julio Cortazar cito un fragmento que escrito en la mitad de los años setenta sobre la situación en Chile (país que acompañó y conoció). Su texto de hace 43 años pareciera escrito para el México del siglo XXI. Fue la ponencia que presentó en la Tercera Sesión de la Comisión Internacional de Investigación de los Crímenes de la Junta Militar en Chile, realizada en ciudad de México, 18-21 de febrero de 1975.

Con modificaciones mínimas (sustitución de algunas palabras, señaladas en negritas) doy a conocer un fragmento de su texto de entonces, y ustedes dirán: “(…) El hablar de la sistemática destrucción de una joven cultura popular, como la está llevando el gobierno de México, me resulta casi insultante, casi irrisorio. Se diría, de alguna manera, que pasamos del Infierno al Purgatorio, donde los peores males son los más llevaderos y contienen una posibilidad de remisión, de ascenso a la luz. Mientras que lo que hemos escuchado esta mañana es irreversible. Ya nadie devolverá esos muertos a sus parientes, esos hombres y esas mujeres, a su pueblo. Hablar de cultura en este momento, a pesar de que ella es el elemento natural de mi vida, me avergüenza y casi me humilla y sin embargo, esto no debe ser así, porque es necesario hablar de cultura, de su cínico desmantelamiento en el México de hoy. A uno de los cómplices de Hitler se atribuye una frase tristemente célebre: “Cuando oigo hablar de cultura, saco la pistola”. Las pistolas fueron sacadas en México y sí dispararon contra seres de carne y hueso en un genocidio del que acabamos de tener nuevas y abominables pruebas en esta Comisión, también dispararon contra aquellos, que una vez dueños de la calle, es lo que más temen y lo que más odian los fascistas: la palabra. La palabra hecha libro, o tema de canción, o inscripción en las paredes. La palabra de los hombres (y las mujeres) que se sirven de ella para ampliar sus límites, acceder a la verdadera libertad, que no sólo es exterior sino que nace y vive dentro de la mente y de la sensibilidad de los hombres (y las mujeres)”.

Cualquier parecido entre lo dicho por Julio Cortazar en los años setenta, con la realidad actual del México de hoy ¿será pura coincidencia? ¿Estará contento de la presente similitud Mr. Trump? ¿Es azaroso el parecido entre el fascismo de ayer en Chile con el México de hoy?