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2 abril, 2015
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2 abril, 2015

Clase politica en alerta

María Elena Yrízar Arias

L a candidatura de Ricardo Gallardo Juárez a la presidencia municipal de San Luis Potosí, por el PRD, ha producido efectos parecidos a la onda expansiva, lo que se evidenció en forma clara al interior del Congreso del Estado, donde pretendieron inhabilitarlo para impedir que contienda por la alcaldía capitalina, pero resultó que sólo ocoho de los 25 diputados locales estuvieron de acuerdo en tramar un argumento que jurídicamente no tiene sustento, sobre el hecho de que no pagó en tiempo el aguinaldo de 2011 a los trabajadores de la presidencia de Soledad de Graciano Sánchez.

Lo bueno fue que la mayoría de diputados no estuvieron de acuerdo con la intención de los diputados priístas y otro del PRD, de crear una comisión jurisdiccional para reabrir un caso de demanda de juicio político contra Gallardo Juárez.

Claro que las artimañas legaloides son un recurso desesperado que promovieron Rosa María Huerta Valdez, Crisógono Sánchez Lara y el propio diputado perredista Francisco Martínez Ibarra, al interior del Congreso, para quitar del camino a Gallardo Juárez y pueda llegar el candidato priísta Manuel Lozano a ganar las elecciones.

Lo bueno es que ayer dijo Juan Manuel Carreras, en el Consejo Político Estatal del PRI, que su partido “no entrará en guerra sucia”. ¿Se imaginan cómo serían las cosas si entrara?

Pero Gallardo Juárez, por sí mismo y ante el imaginario que existe alrededor del gallardismo, es un fenómeno social de aceptación entre la ciudadanía de las colonias populares de la capital, lo que se percibe como miedo manifiesto para los priístas, independientemente del reto que les significa el candidato panista Xavier Azuara, quien no anda tan perdido en la aceptación de la ciudadanía. Dos problemáticas mayores para el PRI.

En todos lados es igual. Resulta que Alejandro Zapata Perogordo, al validar el Trife la candidatura de Sonia Mendoza Díaz a la gubernatura potosina, y no obstante que él ya tiene asegurada una curul plurinominal para la próxima legislatura federal, está dentro de la guerra sucia en contra de Sonia Mendoza.

Este hecho del zapatismo inconforme se vio en Matehuala, donde el ex diputado federal panista Antonio Medellín Varela está a favor del candidato del PRI, Juan Manuel Carreras, con quien hasta se tomó la fotografía y la subió al Facebook. Algunos zapatistas están con Fernando Pérez Espinosa y ni hablar de los priístas molestos con su partido por la imposición de algunos candidatos, que ya están sumándose por debajito del agua con Sonia Mendoza, del PAN, y Calolo, del PRD.

La falta de oficio político le costó a Arturo Arriaga Macías la candidatura a gobernador por el Partido Encuentro Social, por sus declaraciones del lunes en contra de homosexuales y madres solteras, y porque abordó “problemáticas” de las que culpó al abandono gubernamental y las equiparó con el crimen organizado:

Advierte el arzobispo Carlos Cabrero Romero que estamos al borde de un estallido social. Podría tener razón, habrá que ver lo que pasó al candidato a la presidencia de Coxcatlán, por el Movimiento Ciudadano, que le quemaron su camión anteayer, y no hay que olvidar la muerte de la presidenta del comité priísta de Lagunillas y las protestas de Tomás Rosales, exigiendo justicia en contra de Cándido Ochoa y el delegado de la Profeco, en el caso de la muerte de su hijo. Los señala como protectores de delincuentes.

También culpa Acción Nacional a Toranzo de sicosis por crisis de seguridad en SLP.

Hay otros aspectos a considerar: la pobreza, el abandono del campo, corrupción gubernamental, las promesas, las mentiras, el desempleo, la falta de hospitales y oportunidades para todos, y otros factores que producen el cansancio social de los políticos, de los partidos.

En las encuestas se refleja el fastidio social por tanta promesa incumplida. Hay desinterés en la participación ciudadana para votar y los jóvenes, por lo general, no se quieren involucrar en la política, la consideran sinónimo de suciedad. Hay alto desprestigio de los políticos. No está fácil, la clase política debe estar en alerta.

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