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Códigos cifrados

Óscar G. Chávez

P romisoria en inicio parece la gestión del nuevo gobernador; tiene a su favor el hallar un entorno que busca olvidar y si es posible sepultar el recuerdo de su antecesor, el para nada extrañado Fernando Toranzo Fernández.

Pretender que nada ocurrió –como al efecto fue– durante la gestión anterior, resulta absurdo; ya los potosinos se han encargado de formular juicios a priori durante su desempeño, vendrán ahora las evaluaciones reales, aquellas que siempre aparecen luego de las salidas de gobernantes y colaboradores. Debemos sumar a éstas los ofrecimientos de Juan Manuel Carreras en su discurso recepcional, al señalar que su gobierno estará ajeno a las complicidades y la impunidad.

Nada hay que indique hasta este momento cuál será el rumbo que tomará su gestión recién iniciada, sin embargo es la formación de su gabinete la que nos muestra a un personaje inclusivo pero al mismo tiempo poco ortodoxo y acorde a los lineamientos no escritos de su partido que le obligan a considerar a las diversas facciones del mismo.

Afortunada o desafortunada puede ser la selección de sus nuevos colaboradores; bajo al primer calificativo consideraríamos la experiencia con la que cuentan algunos de éstos por ser los de mayor edad y por contar con cierta experiencia dentro de los diversos rubros burocráticos. Sin embargo es precisamente esa trayectoria la que puede hacer evidentes el arrastre de viejos vicios según su filiación grupal.

Por otro lado, ya desde este momento la incorporación de algunos otros, los menos, pareciera evidenciar que más que selección de su capacidad, se hizo presente el obligado con quienes le fueron afines durante el proceso electoral.

Dentro de los nombres de los seleccionados, evidentes son los que pertenecen a grupos con origen jonguitudista y corbalista, pero sobre todo es más que notoria la presencia de personajes vinculados a la figura de Horacio Sánchez Unzueta.

Es posible que sea este heterogéneo grupo de colaboradores el que permita un funcionamiento armónico entre los diferentes intereses que imperan dentro de su partido; recordemos que fue la ausencia de diplomacia y mano izquierda lo que posibilitó que durante el sexenio anterior fueran de dominio público las escisiones dentro del gabinete y de diversos actores vinculados con el discurrir político.

A diferencia de Toranzo quien al igual que Marcelo de los Santos, se caracterizó por pretender ejercer un control férreo y vertical, en el que buscó que prevaleciera más su persona, incluso que la del gobernador, pero que en oposición a De los Santos, careció de la suficiente energía para lograr mantener la unidad durante su gobierno; Juan Manuel Carreras parece ser un hombre mesurado y de diálogo.

Muy notoria fue durante su campaña la manera parca en que respondía a preguntas expresas formuladas por los medios de comunicación; por igual, también fue de atención su forma ajena a las desacreditaciones personales. Pareciera buscar hacer efectivo el adagio de que poco yerra el que poco habla.

Breve su mensaje, sobrio y económico en lenguaje, respetuoso de las formas; quizá no fuera necesario abundar en el rumbo que tomará su gestión. Es su gabinete el que habla por él y son los personajes designados los que aún antes de que inicie su desempeño efectivo, han enviado mensajes cifrados a los conocedores y versados en la política de nuestro estado.

Es a todas luces la intervención de un gran elector la que marcó las pautas a seguir durante la denominación de los mismos; remarcamos lo expresado líneas arriba, al margen de los funcionarios vinculados con el cacique magisterial y el ex embajador y gobernador interino, son los vinculados con Horacio Sánchez los que parecieran evidenciar más los rumbos a seguir de este sexenio.

En el caso de la oposición pareciera que Carreras inicia en términos de armonía su relación con ellos, quienes salomónicamente han otorgado un voto de confianza, considerando que nada puede ser peor que como marchaba el destino del estado hasta el día de ayer. Por el contrario, han considerado que mucho puede mejora.

Quedan también cabos sueltos los cuales no sabemos qué ocurrirá con ellos, y si así continuarán, a riesgo de confrontar la aparente armonía que hoy se muestra. Ex voceros incómodos, afectos a los dislates en redes sociales; ex candidatos a la gubernatura apóstatas y carcomidos por el rencor; personajes que ya se sentían incorporados a la cauda de colaboradores, y que se presentaban incluso como tales, hoy puestos en la lona sin haber iniciado la pelea.

Pero sobre todo, queda una intrincada red de colaboradores del visionario y torcido ex secretario de Gobierno, hoy acabado en diputado, que más que identificarse con el Revolucionario Institucional, se encuentran vinculados a Cándido Ochoa, quien al igual que Fernando Chávez, se perfilan para convertirse en los protectores o consecutores de la administración torancista desde el Congreso.

Más que un mensaje de independencia política, enviado mediante la selección del gabinete, se percibe la mano de un conocedor de los intrincados vericuetos de la política potosina. Alguien que por su trayectoria supo de qué manera dar cabida a los diferentes intereses existentes dentro de su partido; esperemos que sea la de Juan Manuel Carreras quien hasta este momento se ha mostrado hábil para formar y cortar su mazo de cartas y para cargar los dados. Esperemos.