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Colofón

Óscar G. Chávez

Concluía el año pasado mis colaboraciones en La Jornada San Luis recordando a la persona del escritor Federico Campbell, quien concluyó el año 2013 e inició el 2014 de visita en la ciudad de San Luis Potosí.

Al evocar las charlas con el amigo recapitulé en una sencilla conversación un poco obligada, un poco conducida, en la que cuestioné a Campbell sobre qué era lo que él esperaba en 2014 de sus lectores.

La respuesta del escritor fue más que precisa; convirtió en petición los aspectos que consideró importantes que sus lectores pudieran tener a su persona. Solicitó en aquel momento, retomando un mensaje de 2003: comprensión, tolerancia, paciencia y un poco de cariño; añadió a la lista un poco de simpatía, de afecto.

Viene al recuerdo esta plática por la recapitulación obligada al concluir 2015. Es el momento de un hipotético alto que me haga considerar cuál es la función que se desempeña como columnista de un diario local.

Queda  claro que ni en lo positivo ni en lo negativo las columnas escritas tienen el alcance que suponemos, para bien o para mal siempre tendremos una cantidad mayor o menor a la de los lectores que esperamos. Señalaba Campbell en aquella ocasión: escribo creyendo que no me va a leer nadie y que a nadie le va a interesar.

Mucho hay de cierto en la cita. El ejercicio de la pluma, ahora reemplazada por el utilitario y frío teclado, no será algo que se adecue siempre a nuestros caprichos y requerimientos, surge como derivado de una serie de factores que fusionados determinarán el tema a elegir; éste en muchas ocasiones no será necesariamente del gusto de nuestros lectores e incluso de nosotros mismos.

Es pues una tarea ingrata que aunque en repetidas ocasiones pueda generarnos abundantes satisfacciones, la mayoría de las veces partirá de la nada y en ella misma concluirá. Es un dardo lanzado a una imaginaria ruleta en la que es difícil saber si se acertará en el triángulo o cuadrante esperados.

De la misma forma que un náufrago lanza al mar una botella, y con la certeza de que posiblemente nunca llegue al destino anhelado, aunque también con la ilusión de que hallará siempre una respuesta, la columna periodística de aquellos que sabedores de nuestra no pertenencia al gremio nos arriesgamos a elaborarla, siempre tendrá un destino incierto, y siempre tendrá en origen, la ilusión de una cálida acogida de nuestros lectores.

Al cierre de este 2015, al tiempo que agradezco a los lectores que me obsequiaron con su tiempo y paciencia, me excedo al solicitar también: comprensión, tolerancia, paciencia y un poco de cariño. Éste último no hacia mi persona, sino hacia las columnas que definen mi quehacer y participación en este diario.

No es válido concluir sin agradecer también al propio diario que nos permite contribuir en la medida de nuestras posibilidades aunque quizá no en la de sus expectativas en la conformación de su contenido; evidentemente me refiero a aquellos que dirigen el derrotero del mismo: su director y aquellos compañeros que lo asisten en esa tarea.

Me extiendo a los compañeros columnistas con quienes en más de una ocasión he tenido oportunidad de intercambiar opiniones e incluso confrontarlas y dirimirlas en la dinámica del respeto y el diálogo razonado. Aludo en concreto a Ignacio Betancourt, Martín Faz, María Elena Irizar, Carlos López, Guillermo Luévano, Jaime Nava, y Renata Terrazas; mención hecha en riguroso orden alfabético.

No doy fin a la lista de quienes soy deudor, sin señalar a aquellos que en algún momento fueron generadores involuntarios de temas aquí abordados, nada personal hay detrás de las columnas, todo es en atención a sus carismáticos desempeños cotidianos, a sus dislates y en parte derivado de saber que contribuyo en cierta medida a la conformación de los onerosos sueldos que devengan. Óbolo que jamás se salda.

Permítanme por esta única ocasión, redactores y lectores, obsequiarlos con una brevedad inusual en mi columna. Agradezco su tiempo en lecturas y comentarios favorables o adversos; siempre será gratificante saber que al menos contamos con un lector, aunque éste sea un puntual adversario o detractor.

Estimados lectores, tengan un feliz cierre de 2015, y más feliz recepción de 2016; esperemos que el año entrante nos sea generoso en salud, lucidez y noticias. Nos leemos, si aún nos permiten continuarlo haciendo, el próximo martes cinco de enero.