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14 agosto, 2015
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Colsan, el regreso a la indiferencia

Ignacio Betancourt

L a ridiculez (aparte de otros adjetivos) adorna con beatífico esplendor las increíblemente estúpidas declaraciones de voceros de la Iglesia católica, y de un lamentable personaje llamado Miguel Maza Hernández, para mayores señas diputado panista de ultraderecha y además encargado de la Comisión de Derechos Humanos, Equidad y Género del actual Congreso del Estado (¿a quien se le ocurriría colocar a tal energúmeno en dicho puesto?). Ese mismo ser, ignorante de toda legislación que implica a su cargo, y encima con aparente retraso mental (basta escucharlo hablar para pensarlo) aún se atreve a declarar que él ha sido respetuoso y tolerante con los activistas (quienes reclaman el cumplimiento constitucional respecto al matrimonio igualitario), aunque también añade que a él no lo han respetado. Lo cito textualmente: Quieren respeto, den respeto; quieren tolerancia, den tolerancia (pensará: porque soy más católico que el Papa) yo no voy a hacer un dictamen por presiones” (sólo habría que añadir: “a sus órdenes mi general”).

Por supuesto con toda razón se le podría argumentar que si quiere respeto debería comenzar por respetar la ley, aunque antes podría uno preguntarse qué entiende dicho sujeto por respetar ¿acaso la aceptación de su insultante punto de vista (por llamar de algún modo a la oligofrenia)? ¿Podrá el panista Miguel Maza Hernández tener la desvergüenza de sentirse insultado cuando simplemente se le describe? El sólo pensar que a tal especimen se le paga su salario con el dinero de nuestros impuestos, se vuelve un insulto. Cualquier ciudadano con un mínimo de sentido común bien podría sentirse irrespetuosamente tratado por tal situación.

Y qué decir de las declaraciones de los opulentos protectores de pederastas (disfrazados de arzobispos y voceros oficiales de la Iglesia católica). Carlos Cabrero Romero (arzobispo) intentando diluir la infame defensa que Jesús Priego Rivera (su vocero) realizó en días pasados del compulsivo violador de niños (el prófugo Eduardo Córdova Bautista) la lleva al terreno de lo frívolo, al intentar aligerar el grave desliz arguyendo que “hasta al mejor gallo se le va el pico”. Resulta claro que el problema no subyace en la forma de expresarse sino en el sentido de lo dicho, sin embargo, cuando al arzobispo los periodistas le preguntan sobre la sustitución de su patológico vocero, aún se atreve a afirmar (parece que en serio) “Dios no me ha iluminado ni me ha dicho nada a ese respecto”.

Si se compara el grado de cinismo e impunidad del diputado panista y los de la jerarquía eclesiastica local sorprende la similitud: la formalidad coloquial disimulando la hipocrecía, la solemnidad para el puro fortalecimiento de su Santa voluntad; el Cielo siempre ha sido buen pretexto para el voluntarismo más abusivo. Ya sólo falta que nos presenten una grabación en donde el mismísimo Dios declara que la única familia es la que ellos reconocen (deberían consultar algunas terrenales estadísticas al respecto). No cabe duda sobre aquello de que el Señor los hace y ellos se juntan. ¿Por qué la agobiada ciudadanía deberá soportar tanta canallada? ¿No le basta con las del PRI, el PAN o el PRD? ¿Será una prueba que Dios pone a su rebaño? ¿La población aspira a entrar al libro de los records Guinnes como el pueblo más aguantador de abusos gubernamentales en el mundo?

Y siguiendo con el Congreso estatal, ha pasado ya un mes y la Comisón de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología no responde a la solicitud realizada por el Colectivo de Colectivos Mariano Jiménez con la intención de denunciar el secreto y oscuro contubernio (destinado al fracaso) entre la Secretaría de Cultura y la fracción del partido de Elba Esther Gordillo: Nueva Alianza. Saben los diputados que con su indiferencia a tal solicitud están violando el artículo octavo constitucional y ni sudan ni se abochornan ¿a qué se atienen?

En cuanto a la historieta de El Colegio de San Luis es probable que el comic concluya cuando la indiferencia (una de las formas más socorridas de la complicidad) vuelva a enseñorearse como extensa nube invadiendo todos los rincones del Colsan, y bajo los efluvios de los exhortos de algunas y algunos reiterando la cantaleta de que “por respeto a la institución que nos ha dado tanto es mejor olvidarse de los asuntos espinosos” (debería indagarse cuánto les ha dado la institución a quienes esgrimen tales pretextos). Un posible escenario para la peripecias de dicha historieta sería la realización de una gran fiesta en honor de las autoridades que (obligadas por las circunstancias) debieron finiquitar la relación laboral con un compulsivo plagiador, aunque no informen de qué manera se concluyó la relación ¿lo expulsaron? ¿le dieron dinero? ¿le ofrecieron disculpas? ¿le van a poner su nombre a la librería del Colsan? Y volviendo a la gran fiesta: bajo el manto de la más merecida alegría bien se podría solicitar un voto de confianza para la ineptitud de la inepta cultura (López Velarde dixit), especialmente para los más siniestros y funcionalmente hábiles en la sonrisa y la palmada en la espalda. Sobre la imagen de la gran comilona, mientras se brinda por el futuro de la Santa Institución y todos alzan su copa tranquilos y sosegados, en el comic podría aparecer la palabra FIN; aunque fuera de foco (pero distinguibles) se podrían ver algunos rostros que sorprendidos parecieran preguntarse ¿será?

Del poeta portugués Fernando Pessoa (1888-1935) va un fragmento de su texto Oda Triunfal: (…) ¡Ah, y la gente ordinaria y sucia, que parece siempre la misma,/ que emplea palabrotas como palabras comunes,/ cuyos hijos roban en las puertas de las mercerías/ y cuyas hijas a los ocho años –y esto lo encuentro hermoso y lo amo–/ masturban hombres de aspecto decente en los vanos de las escaleras./ La gentuza que trepa a los andamios y regresa a casa/ por callejuelas casi irreales de estrechez y podredumbre./ Maravillosa gente humana que vive como los perros,/ que está por debajo de todos los sistemas morales,/ para quien ninguna religión se hizo,/ ni ningún arte se ha creado,/ ni ninguna política se ha destinado a ellos,/ cómo os amo a todos por ser así,/ ni inmorales de tan bajos que sois, ni buenos ni malos,/ inalcanzables por todos los progresos,/ ¡fauna maravillosa del fondo del mar de la vida!/ (En la noria del huerto de mi casa/ el burro da vueltas y vueltas,/ y el misterio del mundo es del tamaño de esto./ Limpia el sudor con el brazo, trabajador descontento./ La luz del sol sofoca el silencio de las esferas/ y habremos todos de morir,/ oh pinares sombríos al crepúsculo,/ pinares donde mi infancia era otra cosa/ distinta de lo que ahora soy). (…)