Reprimenda
1 Enero, 2015
Uso correcto de pirotecnia, responsabilidad individual
1 Enero, 2015

Comprensión, tolerancia, paciencia y un poco de cariño

Óscar G. Chávez

A Federico (+) y Carmen, naturalmente;
A Marianna Burelli, por el obsequio de la voz precisa.

S obre la mesa el sombrero de fieltro café, recuerdo de un viaje a Europa. Dos gorditas –una de huevo y otra de papa– a manera de almuerzo, café humeante. Frío el espacio, dijo mientras abotonaba el abrigo negro. La circular armazón de los lentes de pasta –imitación carey– enmarcaban sus claros ojos como haciendo juego de colores y combinación; tranquilidad, bonhomía, vivacidad, y algo de melancolía se notaban en la mirada. Calidez y generosidad en el trato; expresividad en el lenguaje del movimiento de las manos. Los gruesos y achatados dedos terminaban en unas uñas que era más que evidente, ofrecían un atractivo permanente a sus dientes.

Nadie reparaba en nuestra mesa; mesa de cuatro, sólo con dos en ese momento. Nadie parecía conocer al personaje con el que intercambiaba anécdotas. El patio central de la antigua casa habilitada como restaurante, lucía casi vacío; las mesas del buffet aún llenas. Por oposición a lo que ocurre semanalmente, la ausencia de comensales era notoria; el restaurante de más vida –aunque no de mejores alimentos– de la ciudad, no llegaba a los cuarenta comensales. Un par de horas más y comenzarían a llegar, supuse; un día en que todos comienzan actividades hacia el inicio de la tarde, todos buscan donde comer. La comida casera ya no ofrece mayor atractivo.

Estaba con Elenita en Nueva York, entramos a una perfumería y preguntó por una crema; el empleado de mostrador le acercó el tarro de la que preguntaba y le explicó las bondades de otra similar. –Me la llevo– respondió Elena; Which on will you take? Which one is easier to wrap. Wichever is easier. Fíjate en la cordialidad de la respuesta: la que le cause menos molestia envolver, la que resulte más cómodo. ¡Qué mujer! ¡Qué calidad humana! La que le cause menos molestia; pocos daríamos esa respuesta. El elogio siempre presente al amigo.

Veía los ojos y en ellos la calidad humana de mi interlocutor; su obsesión por ella me había quedado en claro dos días antes. A poca distancia de mi oficina había una tienda de remates de artículos electrónicos; un calentador ambiental de gas les había ofrecido cierto atractivo. Las bajas temperaturas potosinas. ¿Son usados? Son artículos embargados o requisados a personas que los compraron y no pudieron pagarlos después. No, no puedo comprar un artículo cuya pérdida generó algún mal a una familia; es contribuir y beneficiarse con la desgracia de otros.

La envolvente mirada, el movimiento de manos, la riqueza de la charla. El interés por el personaje iba más allá de la amistad; mitad plática de amigos, mitad entrevista. Una entrevista es a un entrevistado lo que la instantánea fotográfica al modelo humano que impresiona: miente y registra a la vez una verdad efímera. Así lo había escrito en sus Conversaciones con escritores, del año 1972.

El registro de la efímera pero duradera charla fue registrado como fotografía; aún guardo con precisión la dinámica de los diálogos. El interés por obtener una grabación de una opinión era desterrado por el miedo a romper las intimidades de la confidencia. Primero de enero; iniciaba el año 2014 en cálida conversación con Federico Campbell, el escritor, el amigo.

El entorno no era de manera necesaria el más acogedor; una colonia de clase popular ubicada al oriente de la ciudad, en la zona conurbada con el municipio vecino. Día y hora tampoco me parecieron los más acertados, miércoles al medio día; suspender actividades y trasladarme al sitio. El amarillo perredista imperaba, ha sido moda de los dos últimos alcaldes soledenses otorgar el toque particular del repulsivo color a cuanto evento realizan. El azul de otros gobiernos; el rojo de las corbatas en los gabinetes y actos priistas. El color como mensaje subliminal de un partido político no escapa ni en materia de cultura.

Experimentaba cierta emoción por escuchar la lectura; pocas expectativas frente al espacio, frente a los oyentes. Plaza Primero de mayo, Unidad Fidel Velázquez; el nombre lo decía todo. La obligada presentación de la maestra de ceremonia, en la que remarcaba el esfuerzo y la preocupación del ayuntamiento por llevar cultura a todos los espacios, a todos los sectores; el interés del presidente municipal –al que no vi por ningún lado– porque todos los habitantes de su municipio disfrutaran de la cultura.

El mensaje estaba dado; la lectura del currículo del personaje que daría voz a los textos del escritor fue breve. Camisa color blanco, pantalón de mezclilla, botas café; en la mano derecha un libro azul que identifiqué de inmediato –desde marzo, y con dedicatoria de Carmen en mis manos–. Con elegante sencillez, linda, simpática y con una mirada profundamente expresiva no exenta de alegría, la invitada a realizar la lectura parecía observar a cada uno de los asistentes.

Actriz, finalmente, supo tomar posesión del escenario de una manera nada artificial y con elegante naturalidad. Padre y memoria, la edición póstuma de Federico Campbell aparecida a principios de marzo de 2014, fue la obra seleccionada. Escuchamos así acertadas selecciones de El padre del escritor, Neurología y literatura, Musicofilia, La memoria de Borges, y La insinuación rulfiana.

La lectura de Musicofilia, captó totalmente mi atención, allí la lectora echó mano de un recurso pedagógico y a su suave y pausada voz sumó los acordes musicales del compositor invocado en el texto. No supe que fue lo que la motivó a realizar esa selección, sin embargo puedo decir que fue muy acertada.

Acierto no necesariamente conlleva aceptación, sin embargo en este caso dicha aceptación fue total, por tanto el acierto completo. No pude observar otra actitud en los asistentes que no fuera la de una absorción completa a textos y lectora; su cautivante y bien modulada voz supo atraparnos a cada uno de los ahí presentes. Mis expectativas iniciales fueron superadas con creces.

Difícil es encontrar un buen lector que en voz alta recree los textos y las ideas de alguien ausente con quien nos unió algún vínculo afectivo; será lugar común considerar que no habrá alguien que reúna los requerimientos que creemos necesario para transmitir la claridad y precisión necesarias. No fue este el caso; voz, mímica corporal y mirada, hicieron sentir que la lectura estaba dirigida de manera particular y en individual a cada uno de los asistentes.

La lectura de Rulfo quedaba lejos; el sol del inicio de la tarde pegaba en el lado derecho de mi rostro, entrecerraba los ojos. La voz se diluía; vino de nuevo el recuerdo del primero de enero de 2014. La mirada fija en la cámara, era más elocuente que la voz; mayor reflejo de emociones, precisa.

–Federico hace algunos años decías que esperabas de tus lectores comprensión, tolerancia, paciencia y un poco de cariño. Ahora, en 2014, diez u once años después de que hiciste ese comentario, ¿qué es lo que esperas de tus lectores?

Pues sigo esperando lo mismo, es una decisión que me lean, sigo esperando tolerancia, paciencia y si es posible un poco de simpatía, afecto, como todos los seres humanos que necesitan de afecto. La verdad es que yo, yo siempre escribo creyendo que no me va a leer nadie; tanto mis columnas semanales que son más literarias que políticas, como mis libros, mis ensayos, mis cuentos y mis novelas. Siempre escribo creyendo que no me va a leer nadie y que a nadie le va a interesar lo que escribo; ahora, sabemos muy bien que si alguien escribe algo, alguien te va a leer, así sean 25 lectores.

La lectura seguía en el mundo exterior, de alguna manera me había desvinculado de ella el recuerdo del amigo. Algunas frases aisladas me reconectaban con el entorno inmediato; la voz de la lectora hacía las veces de mi única conexión con el momento. El sol de nuevo me obligaba a cerrar los ojos.

Creo que a partir de este  año [2014] voy a tener más presencia en las librerías, seguramente, mis libros de no ficción y de ficción. Justamente este año me quito de encima mis pendientes de libros de no ficción, como es La era de la criminalidad, que va a salir en Debate, o Padre y memoria, que va a salir en Océano; ya me quito estos libros de encima, los de no ficción, y quisiera dedicarme exclusivamente a la ficción literaria, a trabajos de pura invención literaria, cuentos y novelas. De hecho tengo tres o cuatro novelas empezadas, y… espero ir sacando este año cada una de ellas, aunque queden de muy pocas páginas.

Los aplausos siguientes a la lectura interrumpida me sacaron de los recuerdos y me hicieron consciente de la conclusión del evento. Ahí seguían por un lado la aplaudida lectura, por el otro, los recuerdos del amigo.

Nunca pensamos, al menos yo no; y de la misma manera puedo suponer que muchos omiten el pensar que la conclusión de un año puede ser también la conclusión del último de nuestra vida. Actuamos conforme a lo que creemos, vivimos de acuerdo a lo que esperamos, sin embargo nunca cobramos consciencia total de la finitud de nuestro ser. Las listas de proyectos –de buenos deseos–, para los años que siempre nos toca comenzar, la mayoría de las ocasiones no logran llegar a los dos primeros meses del año entrante.

La pregunta obligada a Federico Campbell aquel primero de enero de 2014, hace hoy justo un año, sobre el qué esperaba de sus lectores fue respondida con claridad, con esperanza, con ilusión. Su trayectoria no llegó a la conclusión de ese año, ni pudo ver el inicio de éste; alcanzó su colofón el 15 de febrero. Obras sin concluir, obras sin publicar, obras en imprenta que no alcanzó a ver.

Aunque no pude concluir la investigación genealógica que preocupaba a Federico, en materia de la historia de los Campbell, y que sería tema para otra novela; puedo afirmar –sin embargo–, que 2014 fue en materia de esperanza, perfecto para las expectativas que Federico depositó en sus lectores. Aquel 30 de junio logró captar la atención total de los asistentes,  y encontró en todos ellos tolerancia, paciencia, simpatía, y afecto, gracias a la voz de la preciosa Marianna Burelli.

¡Feliz 2015, para todos!

#RescatemosPuebla151