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Compromisos sonrientes

Jaime Nava

P oco a poco se han completado las planillas de personas que, como cada tres o seis años, van a aguantar la sonrisa durante un par de meses con el objetivo de contagiarnos de su entusiasmo electoral para terminar reservando sus encantadoras miradas y sonrisas sólo para los amigos o padrinos de campañas a quienes les intercambiaron el goce exclusivo de su sonrisa por la seguridad pragmática del apoyo durante la gestión.

Yo no sé mucho sobre economía, quizá por eso desconozco las razones por las cuales la ley de la oferta y la demanda, repetidas y sostenidas por el neoliberalismo, no funcionan igual en México. La gasolina, por ejemplo, en el contexto global y bajo sus leyes económicas ya tendría que ofertarse a menor precio. O tal vez no. Quienes defienden el modelo económico arguyen, también, que cuando un negocio no es rentable, el empresario debe abandonarlo para no acabar empeñando hasta los calcetines.

Sin embargo, en México y en San Luis Potosí los únicos que tienen que vivir bajo las leyes de la mano invisible, aunque esta los asfixie hasta la muerte, son los ciudadanos. En un país como el nuestro un grupo de concesionarios de transporte pueden, por encima de todas las personas, reunirse en privado con candidatos para escuchar sus promesas, pero no las promesas de campaña que dicen las y los sonrientes mientras sus votos duros agitan banderines, compromisos que ofrecen a los dueños de unas concesiones que, dicen, no son rentables pero no dejan de explotar.

Preguntas para los sonrientes con y sin photoshop: ¿cuáles son los compromisos qué hicieron con los permisionarios? ¿A cambio de qué? ¿Sus compromisos incluyen incrementos a pesar de la ciudadanía?

Preguntas para los desilusionados: ¿cuántos compromisos, firmados ante notario o no, en realidad te han cumplido después de obtener su constancia de mayoría? ¿Cuántas veces se han reunido candidatos, en privado, contigo? ¿Quién va a ganar el día de las elecciones: México o Brasil? ¿Cuánto vas a perder por cada gol?

Ciudadanía desarticulada, sin interés en los asuntos públicos porque el modelo económico no puede sostenerse frente a una ciudadanía participativa y capaz de cuestionar los argumentos que repiten los dogmáticos tecnócratas contrastándolos con su existencia. Realidad en la que cotidianamente se encuentran con la contradicción que surge entre el paraíso prometido por las reformas, que la duda desmovilizadora permitió aprobar, el eco aún presente del spot maquinado desde el poder y la mano invisible que sólo reconoce sus leyes en suelo ajeno.

Y, entonces, la ciudadanía cautiva, por falta de auto o necesidad de vida, debe pagar la tarifa y sus incrementos aunque el salario de uno o dos días completos de trabajo deba destinarse sólo al pago del transporte. Concesión es negocio, dicen las leyes del mercado de promesas de las campañas potosinas.

Último comentario: mientras la ciudadanía sigue mirando de lejos cómo reparten, concesionan, modifican y empeñan su destino y el de sus hijos, amigos y familiares, los aspirantes se juegan en un volado su permanencia o el ingreso apapachador a un nuevo partido político al tiempo que practican el discurso sobre la compatibilidad de sus principios con los del nuevo partido que les acoge y defiende incluso de la supuesta existencia de órdenes de aprehensión. Las candidaturas tutifruti demuestran que, sin ciudadanía que sirva de contrapeso, los principios y valores son tan flexibles o inexistentes como se requiera con tal de conservar u obtener el poder.

¡Que la UASLP baje los costos de posgrados y licenciaturas!  #EducaciónParaTodos

¡Ni un día más en el silencio, ni un día más sin Carmen Aristegui!

@JaimeNavaN

Jaime Nava N.
Jaime Nava N.
Estudiante de maestría en Derechos Humanos por la UASLP. Activista en Amnistía Internacional.