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Compuertas indiscretas

Óscar G. Chávez

L as compuertas de la presa San José fueron abiertas ayer a las 14 horas, luego de que la obra hídrica captadora ha alcanzado su máxima capacidad de contención. La mencionada apertura dio lugar a que el agua fuera vertida sobre el cauce del río Santiago, lo que originó el cierre de la circulación vehicular por esa arteria.

Iniciada en junio de 1894 e inaugurada a principios del siglo XX, es considerada una de las obras de ingeniería más importantes de su época. La cortina, tendida sobre el cauce del río Santiago entre los cerros del Cargador y del Peinero –en terrenos del rancho de San José de Zambrano–, recibía considerables escurrimientos de las cañadas de Juan Dionisio, Juan Miguel, de la Mesa, del Muerto, y Tortugas.

Hoy aunque sigue representando el principal abasto de agua de la ciudad de San Luis Potosí, y tiene una contención para cerca de cinco millones de metros cúbicos de agua, se encuentra en aproximado a un 60 por ciento de su capacidad original. El azolve y la apatía gubernamental han mermado su captación.

Poco se conserva también de su entorno original; la parte frontal casi intacta, sin embargo las cañadas tributarias han sido recubiertas de concreto o rellenadas por fraccionadores sin escrúpulos que no ven sino espacios aprovechables para continuar con su desmedido afán de lucro mediante la lotificación de terrenos ganados a los antiguos cauces.

La zona del embalse, llamada de manera coloquial cola de la presa, frontera al rancho de Escalerillas, ha sido invadida poco a poco; el concreto gana espacio a las áreas naturales de escurrimientos y abastecimientos de la presa. Los cerros cercanos tampoco son ya aduares pedregosos y despoblados; los mismos fraccionadores a base de sobornos y corruptelas doblegan autoridades estatales y municipales quienes ante la posibilidad de embolsarse judasiacos pesos, no dudan en alterar usos de suelo y autorizar licencias de construcción sobre cualquier área restringida.

Las consecuencias las vemos aparecer y ocurrir de manera paulatina, avenidas de broncas aguas que escurren impetuosas sobre la ciudad que experimenta frecuentes inundaciones en tiempo de lluvias; ausencia del vital líquido en época de secas, las aguas con memoria no hallan sus viejos cauces y el líquido se pierde sobre el impermeable pavimento.

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Son estas mismas aguas las que nos evidencian como una sociedad con poca capacidad de respuesta frente a los imponderables surgidos en las postrimerías de cada administración gubernamental o municipal.

El agua, las aguas, exhiben a nuestras autoridades indolentes y abúlicas; tres o seis años en que no se proyectan obras que redunden en beneficios sociales generalizados al estado o la ciudad que les encomendaron su custodia y salvaguarda, por el contrario son espacios cronológicos que no les son suficientes para enriquecerse de una manera vergonzante y descarada, al tiempo que benefician y otorgan canonjías a cuanto familiar y amigo les es posible.

Hoy nos enfrentamos como ciudad a un entorno dañado por las llamadas lluvias atípicas, pero más allá de ellas, perjudicado de forma seria por el estado en que se encuentran las principales avenidas y calles de la misma. Nadie las atiende, ninguna autoridad asume sus responsabilidades y se concretan a señalar que no son de ellas, por haber sido heredadas de la administración anterior; administración que ellos mismos han solapado y encubierto de la más vergonzosa de las formas.

En el mismo sentido pareciera que los tiempos políticos, al igual que las lluvias, evidencian a quienes –los mismos– no han sabido cumplir con su encargo y colocarse a la altura de los requerimientos de aquel. Nos enteramos de un Ayuntamiento que para fines prácticos se encuentra en quiebra, con salarios retardados a sus trabajadores, y servicios médicos cancelados a los mismos. Sólo es atendible lo indispensable, y siempre y cuando exista medicamento.

Empero, nos enteramos también, que una cauda de desvergonzados rufianes investidos con cargos edilicios, se han ocupado de saquear a ciencia y conciencia las arcas municipales a través de pingües incrementos y compensaciones salariales.

Observamos a un gobernador que inobservado durante casi seis años, hoy se hace presente en un estado en el que se le conoce de nombre, mas no por acciones de corte social. Gira de cierre de gestión le llaman, aunque dentro de las actividades de la misma no se sabe que hubiera visitado la damnificada población del Barril, en el municipio de Santo Domingo, parcialmente invadida por las aguas.

La iglesia católica y su curia también amenazan con incrementar la turbulencia de las aguas luego de las poco afortunadas e insensibles declaraciones del canciller de la arquidiócesis, el presbítero Fernando Ovalle, cuando en tono pontifical argumentó que la homosexualidad es un trastorno psicológico. En el mismo sentido el vocero de la misma instancia al tratar de matizar los anteriores dichos, excluyó desde la óptica de la iglesia, el que parejas del mismo sexo puedan adoptar niños, ya que el hombre no ama igual que una mujer.

Los tiempos transforman mentalidades y acciones, pero pareciera que a San Luis le está negado el privilegio de la evolución, sus actores principales, al igual que las aguas, pareciera que se complacen en mantenerlo sumergido e inundado en las aguas cenagosas del letargo social.

Compuertas indiscretas que al derramar las impredecibles y violentas aguas, amenazan con sacar de su cauce el flujo, sin importar los destrozos que pueda causar frente a una sociedad más de contemplación que de acción. Sociedad que de no confrontar los excesos y limitantes gubernamentales, acabará –al igual que sus políticos– nadando entre la inmundicia.