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Israel López Monsivais Elizondo

M éxico ha tocado fondo. San Luis Potosí se ubica como la entidad más corrupta de país, así lo reveló la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG), la incidencia de corrupción por cada 100,000 habitantes fue de 24,724. De acuerdo con la encuesta, la experiencia de mayor porcentaje fue el contacto con autoridades de seguridad pública que registró 50.6%, seguido del de permisos relacionados con la propiedad, con 24%.

Los últimos 15 años se ha sistematizado la corrupción en todas las instituciones gubernamentales, se ha expandido por todo el país, se ha instaurado en los tres poderes del Estado mexicano. Apoyándonos en  la hipótesis de Luis Carlos Ugalde en su ensayo publicado en la revista Nexos, ¿Por qué más democracia significa más corrupción?, sea el partido que gobierne, con la alternancia se disparó la corrupción y nuestros gobernantes no implementan los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas.

Los excesos llevaron a aprobar una reforma constitucional para crear un Sistema Anticorrupción y una nueva Ley de Transparencia. La Casa Blanca del presidente Enrique Peña Nieto evidenció que la obra gubernamental es la principal fuente de corrupción en México, donde hay una licitación se corrompen los funcionarios. Se inflan los precios, se reparten dinero y se asigna obra, como es el caso de los jugosos negocios de la Presidencia y grupo HIGA.

Con la victoria de Vicente Fox en el 2000, el presupuesto de la Federación se volvió la negociación entre el habitante de Los Pinos y los gobiernos estatales. Así como sucedió en el 2013, los liderazgos parlamentarios, concretamente el PAN, fue acusado de extorsionar a las autoridades municipales a cambio de asignar recursos; diputados como Luis Alberto Villareal exigieron sobornos a su favor de 10% y 15% del monto de la obra.

Los gobiernos locales como primera instancia con el ciudadano son sinónimo de corrupción, cualquier trámite conlleva un soborno para los funcionarios menores. La tramitología va de la mano de la corrupción. Incluso esta se hizo trasnacional, así fue publicado en The New York Times. El cambio de uso de suelo, permisos y licencias. Walmart en una estrategia de aniquilar a la competencia corrompió a todo el funcionario, presidente municipal y regidores que se le pusiera enfrente. Esta investigación llevó a los periodistas a ganar el Premio Pulitzer de periodismo de investigación en 2013. Mientras allá los premian, aquí en México los corren como le sucedió a Carmen Aristegui después de haber publicado el reportaje de la Casa Blanca.

Falta de transparencia de la izquierda mexicana, así fue el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quien se reservó la información sobre la construcción de los segundos pisos del periférico. Las ligas de Bejarano, un alto funcionario jugando grandes cantidades en casino en Las Vegas y la Línea 12 del Metro, son sólo unos de los lindos ejemplos de los violinistas, que gobiernan con la izquierda y cobran con la derecha. Todo esto documentado en libro de Julio Patán, El libro negro de la izquierda mexicana.

Trajes, comidas, zapatos y endeudamiento para vivir como mirreyes. Nos gobierna un mirreynato, como lo explica Ricardo Raphael en su más reciente publicación que ha tenido impacto mundial. Una ex cacique sindical que va a negociar el salario de los trabajadores con un bolso de 80 mil pesos. Moreira, Granier, Victoria Labastida, Marcelo de los Santos, han sido responsables de endeudar estados y municipios, sólo por mencionar algunos personajes.

El mirreynato es el régimen moral que privilegia la herencia y las relaciones sociales por encima del esfuerzo. Este PRI que nos gobierna es el mismo que narra José Emilio Pacheco en Las batallas de desierto, en el sexenio de Miguel Alemán. Esta clase política es la que describe Luis Spota, Casi paraíso y paraíso 25. Esta partidocracia es la que escribió Carlos Fuentes en La región mas transparente.

Hemos tocado fondo, la pluralidad trajo consigo mayor corrupción de todos los partidos. San Luis Potosí es el estado más corrupto. Los ciudadanos de la capital potosina exigen justicia en el caso de la ex alcaldesa Victoria Labastida y sus funcionarios. Si quieren recuperar un poco de credibilidad y confianza es necesario que implementen gobiernos transparentes y hagan rendición de cuentas. Recuerden el sexenio de Antonio Rocha Cordero que publicaba sus gastos todos los días en cartulinas afuera de Palacio de Gobierno.

Es verdad que el cambio inicia en la persona, sin embargo es necesario terminar con el estado de impunidad. Esto sólo se conseguirá cuando las cárceles mexicanas estén habitadas por corruptos de cuello blanco. Que encierren a los funcionarios, presidentes municipales y gobernantes que saquearon la hacienda pública. El ciudadano despertó y las redes sociales se han convertido en nuestra medio de defensa ante la impunidad. Combate a la corrupción, rendición de cuentas y trasparencia son los mecanismo para fortalecer nuestra democracia.

Israel López Monsivais
Israel López Monsivais
Abogado y Maestro en Gestión Pública; Catedrático, FCA, UASLP.