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Cosas del trauma

Luis Ricardo Guerrero Romero

De entre todas las maestras que había en el colegio, ella era la única que nos agradaba, aunque su outfit de faldas con holanes a cuadros, blusas trasparentes y bras de colores sin straps era lo que a la mayoría de los jóvenes les gustaba. Como a la mayoría de los alumnos, me gustaba verla entrar al salón fresca y alegre, y con una sonrisa bastaba para que todos calláramos sin hacer otra cosa que obedecer, era la mejor técnica para que todos obedecieran, no gritos, no reportes, no amenazas, sólo belleza y sonrisas. Debido a su popularidad entre los estudiantes, con los hombres por su belleza, con las mujeres por ser un ejemplo a seguir; un grupo de maestras a las cuales la rara belleza les guiñaba cada que intentaban lucir un look diferente, decidieron ridiculizarla en una junta de padres de familia, haciéndola ver como incapaz y poco inteligente, pero muchos de los papás murmuraban sobre lo bien que hablaban sus hijos de Violeta, ¿acaso el plan de denostarla fracasó? La maestra Violeta, se dio cuenta de la envidia que había en torno a ella, y decidió poner un alto a tales groserías que únicamente reflejaban la mala relación que imperaba entre sus pares. Y sucedió. Un día antes de regresar de vacaciones Violeta mandó un mensaje al grupo de whatsapp: “maestros oficial”, en el que se disculpaba por no regresar a laborar con nosotros, había tenido un percance y sufrió numerosos traumas, agradecía no molestarla en el hospital, pero si algún estudiante deseaba verla se encontraba en la sala esperanza, dormitorio 4. El martes (día del dios de la guerra), después de la primera hora clase, les dimos el comunicado –aunque ya sabía la verdad–. Entonces, todos los alumnos hicieron una cooperación y sin importar las consecuencias se fueron al hospital en donde no había nadie, ni Violeta, ni registro de ella. Sólo un sobre con seis líneas. A la mañana siguiente Violeta estuvo en el colegio, pero el grupo de maestras envidiosas no. Sólo estaba Violeta y estudiantes denodados y atrevidos que a través de unas líneas fueron persuadidos para asesinar.

Violeta, sin duda había leído aquellos versos de Félix Lope de Vega: “La vida es corta: viviendo todo falta, muriendo todo sobra”. Aunque parece un tanto lógico nos debería de sorprender que así lo sea, –somos los que se fueron y somos los que se van. La vida es corta y el cortar demanda dolor, heridas que ya ocurrieron, y se quedan allí como traumas en el pasado, que repercuten en el futuro. Así Violeta fue traumada el día de la junta de papás, pero las maestras envidiosas dejaron traumas en su pasado. Pero, a decir verdad, todos tenemos traumas, salvo que ignoramos el sentido y adoptamos el uso. Al escuchar la palabra trauma, según una sucinta entrevista que realicé entre jóvenes de 18 a 25 años, un porcentaje mayor a 85%, respondieron que trauma es una enfermedad psíquica o un estado de imperfección mental. Esto nos conduce a que lo relacionan con algo que ya aconteció y enfocado al terreno de la psicología. Desgraciadamente hoy se intenta responder la mayoría de los efectos por medio de la psicología. Obvio es culpa de la ignorancia que cada uno necesita desbastar hasta llegar a lo justo y perfecto. No obstante, el trauma es un bien, es deshacer para crear, por ejemplo, la piedra que se desbasta para crear cosas nuevas. La piedra se trauma, del griego τραυματίας (traumatias) es decir, se hiere con un buril hasta lograr estar en la verdad. La palabra trauma, se traslada al español como herir, τραυματίας, herido. Quien está traumado está herido, o sea golpeado por algo, del latín ferio> herio> herir: golpear; ferire-hacer heridas: ferio˃ ferire ˃ herire ˃ herir. Asimismo, en las áreas médicas se le denomina trauma a la lesión que presenta el organismo a nivel somático (sentido objetivo); y en psicología es adoptado el sentido subjetivo (los golpes que da la vida). De tal suerte que, el trauma no es estar obsesionado, o aterrorizado, al menos que se esté herido física o mentalmente.