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Coto en peligro

éxodo, Coqueteos marcelistas y el ingrato recuerdo

Preocupaciones de Azuara y Lozano
Promoción populista a cuenta
Sonia y Carreras siguen en su papel

A l crecimiento de la campaña de Ricardo Gallardo Juárez ha generado especial preocupación en los cuarteles del panista Javier Azuara y del priísta Manuel Lozano. No sólo en cuanto al terreno específico de los votos (en el fondo, a Azuara y a Lozano no les causaría un infarto político que uno de los dos quedara en la presidencia municipal capitalina, miembros ambos del mismo segmento socioeconómico) sino en cuanto al riesgo de que prácticas oscuras que se han denunciado y procesado en Soledad de Graciano Sánchez se instalen ahora abiertamente en la capital del estado, coto mantenido por las élites a salvo, hasta ahora, de irrupciones disonantes como sería la del Gallardo papá del otro que está tras las rejas en Hermosillo, acusado de operaciones clasificadas en el rubro del crimen organizado.

Es justificada la preocupación de potosinos de distintos estratos socioeconómicos respecto a la manera en que se ha hecho crecer la mencionada campaña a nombre del PRD. La inyección de recursos económicos de origen múltiple para la promoción populista de un candidato del talante de Gallardo hace temer que los inversionistas actuales requieran devolución gananciosa cuando su promovido llegue al poder. En otros lugares, los arreglos electorales suelen pagarse a los financistas con la cesión de la jefatura de policía, la dirección de obras públicas y la tesorería, además de contratos suficientes para que los “amigos” de la campaña recuperen con creces lo aportado.

El propio PRD nacional utilizó meses atrás el caso de Iguala, Guerrero, donde una familia ejercía el poder, para mencionar que no permitiría un “Abarca” en San Luis Potosí. En ese contexto propugnó por el sometimiento a proceso de Gallardo hijo, pero luego acabó postulando a la presidencia municipal a Gallardo padre, en un extraño lance que se completó con el abanderamiento de Fernando Pérez Espinosa, conocido como Calolo, como aspirante a la gubernatura del Estado. Calolo y algunos de sus amigos tenían relaciones de proveeduría en el escabroso mundo administrativo de los Gallardo en Soledad, y aportaron entonces y ahora el ingrediente especial de un segmento del empresariado bien entendido con el estilo practicado en el municipio conurbado con el de la capital.

Pero, a pesar de esas consideraciones, el ascenso electoral de Gallardo es una forma de revancha social contra los excesos de todo orden que han cometido los políticos de cuello blanco que ya sea con las siglas del PAN o del PRI se han turnado en la ordeña del municipio de la capital, convertidas esas administraciones en fuente de negocios entre la “gente buena”, con un cinismo irritante en cuanto a prácticas corruptas, como si el ser parte del segmento “alto” de la sociedad fuese atenuante de pillerías como las cometidas durante varias de las administraciones municipales, panistas y priístas, con acento especial en los tramos ocupados por Marcelo de los Santos (cuyo historial incluye el fraude a Unicrer y luego las múltiples trapacerías cometidas en el gobierno del estado, ahora padrino político de Azuara) y por Victoria Labastida (cuya impunidad ostentosa ha pesado como lápida en el posicionamiento deficitario de Lozano).

En cuanto a la gubernatura del Estado, algunas encuestas de opinión aseguran que existe un virtual empate técnico entre Juan Manuel Carreras y Sonia Mendoza. Ayer, en la Huasteca, en un cierre regional de campaña, el priísta insistió en la estrategia de postular proyectos concretos de desarrollo, sin recurrir a la estridencia ni al fraseo ríspido. La panista, por su parte, despliega el discurso opositor que le corresponde y busca contrastar la oferta blanquiazul con la grisura torancista. Ya se verá cuál postura convencerá a los votantes indecisos para inclinar la balanza hacia uno u otro lado.

Como en todo el país, el fantasma de la violencia ronda sobre el proceso electoral. No está San Luis Potosí en los niveles observados en Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Chiapas, Veracruz, Tamaulipas e incluso el Estado de México, donde ayer fue ejecutado un candidato del PRD a una diputación por el Valle de Chalco, pero aún así resultan preocupantes las advertencias y preocupaciones externadas por el propio gobernador del Estado y por los dirigentes de PRI, Verde y Panal.

JSL
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