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¿Cuánto falta para que llegue el sábado?

La verdadera filosofía consiste en reaprender a ver el mundo
Merleau Ponty

María del Pilar Torres

Los niños nunca quieren irse a dormir. Aunque tengan sueño, no lo aceptarán. Debe haber múltiples razones psicológicas que expliquen eso. Una de ellas, es que empiezan a comprender que son una persona diferente de los demás y quieren hacer valer esa independencia negándose a dormir cuando los adultos se lo imponen. Así tratan de establecer un control sobre su propio mundo.

Dicen los expertos, que la percepción temporal es momento cumbre en la maduración infantil y se produce cuando se pasa de la concepción inconsciente del tiempo, a un nivel de representación mental que permite que el niño ubique los sucesos en el pasado o en el futuro. Esta percepción consciente del tiempo le proporciona a la persona un horizonte de significación; es decir, amplía su mundo. Son fundamentales los factores que influyen en la estimación del tiempo: las circunstancias, el contexto o el estado de ánimo. Por ejemplo, a las personas que tienen miedo a viajar en avión (sin importar la edad), el viaje, les parecerá más largo que a quienes disfrutan la sensación de volar.

Al menos yo, cuando me mandaban a dormir, cerraba los ojos con fuerza esperando que así se hiciera de día más rápidamente. Para un niño, percatarse de que mientras duerme, se produce el paso del tiempo entre la oscuridad y la luz, provoca una mezcla entre curiosidad y ansiedad. Recuerdo que yo contaba las horas que pasarían durante la noche, y no podía creerlo. También contaba los días que faltaban para las vacaciones, porque mi prima de Guadalajara llegaba a visitarme y la espera resultaba para mí una eternidad. Cuando ella estaba en casa, además de todas esas cosas que hacen los niños, las dos deseábamos quedarnos toda la noche despiertas para presenciar el momento preciso en el que la noche se convierte en día (nunca lo conseguimos).

Las propuestas de enseñanza de filosofía para niños, generalmente se basan en orientar esta extraordinaria capacidad de percepción que los seres humanos tienen a edades tempranas. Dice el pensador francés Merleau Ponty, que la verdadera filosofía consiste en reaprender a ver el mundo y en este sentido una historia contada puede describir a ese mundo con tanta profundidad como un tratado de filosofía. El poeta italiano Serge Venturini –influenciado por M. Ponty– crea un término abstracto que intenta describir ese estado de percepción, de pre-lucidez que está entre lo invisible y lo visible: lo llama transvisible, e implica que el mundo está ahí, antes de la percepción.

La percepción es la materia prima de la filosofía de Merleau Ponty, en tanto que tiene una dimensión activa y representa una apertura al mundo como una totalidad (como lo ven los niños). De hecho, su fenomenología, propone encontrar el contacto ingenuo con el mundo para otorgarle un estatuto filosófico. De alguna manera, filosofar es volver a ser niños.

Para el filósofo francés, no hay una verdad interior, como en el racionalismo. La verdad tampoco está en la pura experiencia, como en el empirismo. En este sentido, la realidad se constituye como una intersección de mis experiencias con las de los otros. Para ello, se requiere del contacto con el mundo, que es el medio natural y el campo de todas nuestras percepciones. Dentro de estas percepciones, la más individual es la del tiempo, que es desplegado por la conciencia.

Las experiencias se entrelazan según un antes y un después, pero todos somos sujetos temporales en virtud de una necesidad interior. Por eso, aunque convergen y coinciden con otras, cada conciencia constituye su temporalidad propia. Por ejemplo, llegar en último lugar en una competencia de esquí olímpico puede ser vergonzoso para algunos y al mismo tiempo, inspirador y significativo para otros, tomando en cuenta lo que se percibe como espíritu olímpico, propiamente dicho. Pienso que el esquiador y su historia que ayer dio la vuelta al mundo nos regresa a ese contacto ingenuo con el mundo, que plantea Merleau Ponty.

El mundo fenomenológico no se refiere al ser puro, sino a la percepción y al sentido que sale a la luz en la intersección de mis experiencias con las del otro. De alguna manera, comprendemos al sujeto buscándolo en esas intersecciones. Ser un sujeto, supone cierto lugar en el que me sitúo y desde el cual observo todas las cosas que me rodean.

Toda conciencia es conciencia perceptiva y nuestra percepción temporal varía a lo largo de la vida. En este sentido, dicen que en la juventud, la necesidad y búsqueda de independencia hace que el paso del tiempo parezca más lento. ¿Recuerdan cuando éramos adolescentes y no podíamos esperar a cumplir 18 años para hacer nuestra santa voluntad? La conciencia es aquella que despliega o constituye el tiempo, como ya se dijo. Por eso, si se me permite la metonimia, el tiempo vuela cuando estamos entretenidos y se detiene cuando nos aburrimos. Yo soy solamente un sujeto que percibe.

Con el paso de los años, en cambio, se supone que se tiene la sensación de que el tiempo transcurre más rápido, sencillamente porque con la edad, la actividad del sistema nervioso se hace más lenta, así como las funciones corporales (el metabolismo, por ejemplo). Con la edad, se le presta menos atención al tiempo… incluso, a veces quisiéramos detenerlo un poco. De todos modos, a mí me sigue pareciendo que falta una eternidad para que llegue el próximo sábado, cuando llega mi prima de Guadalajara, que viene a visitarme como cuando éramos niñas.

@vasconceliana

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