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Cuento paliativo

Luis Ricardo Guerrero Romero

Terrible, espantosa, aterradora y pavorosa fue la decisión. Hay disposiciones que sólo el hombre con su razón irracional es capaz de elegir. Nadie le pidió aquella mañana al sujeto de quien hablo actuara de esa forma. Aunque de todas maneras los devotos algún día iban a hacerlo de ese o de otro modo. La decisión fue tomada por él y por él nos vendría la desgracia, en pocas palabras encarnó a Pandora, pero esta vez lo que sobrevino a nuestro mundo, la familia, no fueron sino las lémures profanas, impiadosas, mancillas.

Tengo que decirlo así, las lémures son las almas o espectros que están entre nosotros como lo estuvieron con los romanos en su mitología, sus sonidos de lamentos o gritos cada mañana envuelven nuestras habitaciones. Nadie podrá brindar un paliativo a esas entidades, y el responsable de haberlas invocado debe morir. Hemos intentado de todo para ahuyentarlas pero ahora no sólo es nuestra casa la habitada por ellas, sino la de otros vecinos. Se han acomedido chamanes, fueron con fe algunos brujos, asistieron alentados los espiritistas, e incluso uno que otro cura pisó nuestra casa para después huir con sus honorarios. Todo fue inútil pues el alma ni siente, ni vive, ni nada.

A pesar de esto, ayer encontramos un método para cesar el dolor. La gente le denomina muerte, pero nosotros que vivimos entre lémures, le hemos nombrado iniciación. No podemos ser acusados de asesinos, acaso de homicidio. No obstante, este acto es tan divino que el mismo Dios de Moisés lo acometió con su hijo. Iniciamos a los que han escuchado a las lémures, porque para estas almas no hay paliativos, y en vista de la amargura de quienes las oyen, su paliativo es morir.

—¡Papá!, ya no me quiero dormir, esa historia no me gusta. —Descansa hija, o empezarás a escuchar voces y sabes qué es lo que les pasa a los que oyen en la casa gritos y lamentos.

Para la niña del relato anterior, a la que el padre le contó una rara historia, le hubiera sido más fácil invocar al dios Peán o Peón (Παιαν) con el apoyo de Apolo para que él hiciera su trabajo de sanar a la gente, según recupera Pierre Grimal, que dormir. Puesto que luego de esa historia pocos niños se arrullarían.

Relata la mitología que el dios Peán o Peón cura sirviéndose de las plantas, es decir que Peán paliativos usa. Lo anterior nos interesa debido a que la formación de la palabra paliativo es interesante o insípida.

Es interesante si se observa desde la integración de las palabras latinas: linimen: alivio y lenio: mitigar, calmar; que sumadas al prefijo pa: —adverbio griego (πα)— de modo que, por dónde, de algún modo; y al sufijo ivo o itivo: capacidad para lo significado por la base o inclinación. Lo que nos resulta es entender que la palabra paliativo es: la acción que de algún modo mitiga o alivia. Decimos que es insípida porque hay otra teoría que apunta que paliativo vine de paliar, del latín palliatus, y palliatus, vestido con el palio o toga. Lo cual no tiene relación con atenuar un dolor o enfermedad incurable. Quizá quienes usen palio estén enfermos o tal vez al dios Peán le gustaba mucho andar vestido con un palio.