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Cuotas políticas al Levante

Óscar G. Chávez

E spero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: “qué calor hace”, “dame agua”, “¿sabes manejar’?”, “se hizo de noche”… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho “ya es tarde”, y tú sabías que te decía “te quiero”).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Eso esperaba  Jaime Sabines en 1967; la lectura de las líneas anteriores invita al olvido a partir de los recuerdos, a la desmemoria mediante la memorización permanente de los actos; olvido es fantasía, como fantasiosa es la misma poesía. Ficción literaria; nada queda en el olvido. Sin embargo en México…

Pocos de los aficionados a su poesía, supondrían en el poeta chiapaneco –nacido en 1926 y fallecido en 1999–, un cercano origen libanés; nada parecería indicarlo. Su padre Julio Sabines, conocido en aquellas regiones como el mayor Sabines, por haber alcanzado ese rango en la Vigésima primera división carrancista, adaptó para sí el uso del topónimo de su pueblo de origen: Saghbine, ubicado en la llanura de Béqaa, distante de Beirut, unos treinta kilómetros al este.

Juan del Socorro (1920-1987) y Jorge, fueron los dos hermanos del poeta; hijos los tres de Luz Gutiérrez Mogel. El primero destacó como comerciante y político; fue diputado federal en tres ocasiones y senador. El propio Jaime se desempeñó como diputado federal por su estado en la década de los setenta, y en los ochenta como diputado federal por el Distrito Federal.

Lejos de los apasionamientos y del gusto por la obra del escritor, es necesario señalar que fue una de las grandes mentes literarias cooptadas por el sistema priísta de cuyas filas fue militante convencido. Es dentro de esta misma órbita política, quizá permeada por la insensibilidad levantisca ante el estado benefactor, desde la cual condena el movimiento zapatista en su tierra natal. La visión del artista amartelado del poder.

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La participación de los miembros de las comunidades de Medio Oriente en la cotidianidad mexicana es lugar común en la actualidad. Ya forman parte del imaginario del mexicano los apellidos: Aarún, Abad, Abdala, Abe, Abed, Abinazar, Abuali,  Abud, Abedrop, Aboumrad, Abraham, Abrim, Abugarade, Achach, Achar, Adem, Ahued, Aiza, Akel, Akra, Ali, Amione, Andere, Antaki, Antún,  Araei, Aramoni, Arida, Assad, Assam, Atta, Atala, Athie, Auais, Aued, Awad, Ayub, Azar, Aziz, Bacha, Badías, Badú, Badui, Barbar, Barquet, Barud, Barudi, Baruqui, Basila, Bassol, Batule, Bechelani, Bejos, Beyrute, Bichara, Bichir, Bisteni, Bitar, Bohalil, Borge, Boulos, Boustany, Broissin, Buchdid, Budib, Bulhosen, Burguete, Bustani, Cado, Camil, Canasi, Canavati, Caram, Carbajo, Casab, Cassaf, Chahin, Chagnon, Chaia, Chalita, Chami, Chamlati, Chamoun, Chapur, Chartouni, Chaul, Checa,Chikany, Chedraoui, Chedraui,  Dip, Dojer, Domit, Esper, Fraige, Franjie, Gantús, Ghali, Haddad, Hajjar, Hasfura, Helú, Hermes, Hid, Isaac, Jaber, Jalife, Jalil, Jirash, Kaim, Karim, Kuri, Landy, Letayf, Lirach, Mafud,  Marck, Marzuca, Matta, Matouk, Michel, Milke, Modad, Montané, Morell, Nacif, Naif, Najjar, Nakur, Name, Rabay, Rachid, Rahme, Ramé, Salum, Sarquís, Shaadi, Schejadi, Schekaiban, Schoucair, Slim, Suleiman, Tafich, Tahtac, Tame, Tannous, Tanus, Wadih, Yamil, Yapur, Yaspik, Yazbek, Zacarías, Zajur, Zimeri. Por mencionar algunos; la lista sería interminable.

Gran parte de los miembros de esta comunidad han contribuido al engrandecimiento de su país adoptivo, en el caso de los migrantes iniciales, o en el caso de los hijos de éstos, a su nación de origen. Así, han realizado importantes aportaciones en diversos campos como la actuación, agricultura, antropología, arquitectura, arte en general, bibliografía, biología, ciencias exactas, cine, coleccionismo vario, comercio, comunicación, deporte, derecho, diplomacia, economía, educación, escultura, farmaceútica, física, gastronomía, historia, industria, literatura, mecenas de diversas disciplinas, medicina, metalurgia, moda, pintura, política, química, religión, sociología; pocos o ningún campo estarían libres de la incursión de los aportes culturales de estas comunidades.

Ocioso sería abordar ejemplos conocidos y concretos, absurdo no señalarlos; el ejemplo más común es el del empresario Carlos Slim Helú, nacido en México pero hijo de padre libanés y madre nacida en Parral, Chihuahua, hija de migrantes libaneses. Su padre José Saleh Helú Manzur –abuelo de Slim Helú–, fue el primer periodista de lengua árabe que se desempeñó como tal en México; fundador del diario Al-Jawater; órgano bilingüe de la comunidad libanesa. Uno de sus hijos Antonio Helú Atta, nacido a inicios del siglo XX en San Luis Potosí, fue decidido seguidor de José Vasconcelos y editor del diario vasconcelista El Momento.

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La política no ha escapado a la incursión de los integrantes de las comunidades árabes-mexicanas; no es extraño que a los gabinetes gubernamentales de los estados, ayuntamientos y diputaciones, se encuentren incorporados personajes con esta filiación de origen.

El mismo gabinete federal del actual gobierno cuenta entre sus miembros a Emilio Chuayffet Chemor, secretario de Educación Pública; de origen libanés. Juan José Guerra Abud, titular de la Semarnat. Pedro Joaquín Coldwell, secretarío de Energía; nieto de libaneses establecidos en Cozumel en 1918. José Antonio Meade Kuribreña, titular de la Cancillería; cuyo segundo apellido se generó de la composición de los apellidos de sus bisabuelos Antonio Kuri Kuri y Juana Breña Gordoa; tocó a su madre María Kuri-Breña Orvañanos, ser registrada con este nuevo apellido y heredarlo.  El cansado Jesús Murillo Karam, procurador de la República, nacido en Hidalgo, tiene parte de sus orígenes familiares en Jezine, Líbano.

La incorporación de miembros del grupo de los pueblos del Levante, llamados genéricamente árabes, ha sido común en todos los partidos políticos; esto lo explica en parte las fuertes contribuciones económicas que realizan a las campañas de partidos políticos. Así, la llegada de algunos de los políticos por ellos financiados, o por los integrantes de su comunidad a algún cargo de elección popular, o de  funcionario de primer nivel en algún gabinete, garantizará la consolidación de sus intereses y el establecimiento de fructíferas relaciones de poder a largo plazo. Quid pro quo; cuotas políticas de poder.

Al igual que en todas las circunstancias del discurrir cultural, en la política esta comunidad cuenta con miembros de primer nivel que se han caracterizado por desempeñar sus labores con eficiencia y calidad de servicio. De la misma manera hay dentro de sus filas elementos nefastos, no sólo para su comunidad y partido en el que militan, sino también para las instituciones y política mexicanas.

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El caso del ex gobernador de Oaxaca, José Nelson Murat Casab –hijo de un migrante iraquí José Tomás Muran (1904-1975)–; ha ocupado la atención de los medios de comunicación internacionales y mexicanos, no es inherente a la comunidad árabe; sin embargo sí lo es a una cauda de políticos mexicanos del viejo cuño priísta formados en la tradición alemanista de la escandalosa acumulación de fortunas y propiedades.

Partiendo de la premisa hankista un pobre político es un político pobre, Murat ha logrado formar en torno a él y su grupo familiar, una compleja red de relaciones que le han permitido constituirse como uno de los políticos más poderosos y cercanos a la casa presidencial.

El caso de la especulación inmobiliaria en los Estados Unidos de Norteamérica, es sólo un mínimo ejemplo de la forma en que ha edificado un imperio de poder e impunidad en torno a su persona. Valdría la pena analizar a ciencia y conciencia la cantidad de bienes acumulados y ocultos en México y otros países.

La inmoral riqueza acopiada por Murat, tiene en definitiva un origen espurio. Resulta curioso que para alguien que ha vivido del sector público en cargos como diputado, senador y gobernador de su estado, y que no percibía mayores ingresos que los que devengó en su momento como tal, hoy la fortuna lo posicione como un personaje cuyas cuentas bancarias evidencian un impresionante flujo de capital.

Luego de enviudar de su esposa María Guadalupe Hinojosa Cuellar, en el año 2000; Murat estableció relaciones sentimentales con Aurora Alcántara Rojas, hija de Jesús Alcántara Miranda y Refugio Rojas Ruiz; una hermana de su padre, Carolina, contrajo matrimonio con Juan del Mazo López, primo hermano de Dolores del Mazo Vélez, abuela paterna de Enrique Peña Nieto. Tres grados familiares lo separan del poder.

Sus vínculos con su amigo Fidel Herrera, el obscuro ex gobernador veracruzano, no sólo los explican sus afinidades partidistas; no me atrevería a afirmarlo, pero podemos suponer cierto parentesco de su finada esposa con Juan Armando Hinojosa Cantú, el constructor favorito del sexenio, cuyo hijo Juan Armando Hinojosa García, fallecido en 2012, fue esposo de Rosa Herrera Borunda; hija del mismo  Fidel Herrera Beltrán y Rosa Borunda. Así, y de ser correcta la hipótesis, todo queda en familia.

El cavernario Murat ha sido tradicionalmente un puntal del priísmo nacional, y al margen de su extracción cultural o racial, grandes son las deudas políticas con él contraídas por varios sexenios. Incondicional operador político al servicio del sistema.

Profundizar en el análisis de las relaciones familiares de este grupo político podría resultar revelador en diversos ámbitos y niveles. Recordemos la fortaleza adquirida por los integrantes del clan Atlacomulco-Acambay, cuyo más exitoso exponente hoy ocupa la presidencia de la República. Alcántara, Colín, Del Mazo, Miranda, Montiel, Monroy, Peña, son algunos de los apellidos vinculados familiar e inmediatos al poder.

En el mejor de los casos las cartas aclaratorias de José Murat dirigidas a los diarios estadounidenses que evidenciaron su vomitiva voracidad, tranquilizarán -al tiempo que alertaran en refinamientos posesivos- a la clase política mexicana;  se parte de la ausencia de elementos jurídicos que evidencien un origen ilícito de su fortuna. Dichos periodísticos que desprestigian la trayectoria de un hombre de trabajo, entregado de manera total al servicio público y al engrandecimiento de su país. Se curará de esto en unos días.