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Curiosa modernidad

Ignacio Betancourt

Cuando los políticos de cualquier país imaginan la modernidad como el explícito demérito para las mayorías ese país está condenado al permanente deterioro de su población, como ha ocurrido con el nuestro. Si quienes deciden a nombre de las mayorías entienden la modernidad como depredación, los satisfactores de la ciudadanía quedan excluidos de inmediato pues quienes disponen a su antojo sobre las poblaciones desde puestos gubernamentales o desde los intereses de los grandes empresarios, canallescamente suponen que quien debe pagar los platos rotos por dicha modernización es siempre la población mayoritaria. De manera espectacular lo podemos encontrar en el caso de la población indígena o del campesinado en general.

El tipo de vinculación que los seres humanos establecen con su entorno resulta fundamental. El aire, el agua, la tierra, las plantas, los animales y por supuesto los seres humanos que habitan en esos lugares, son quienes de inmediato padecen los efectos de las agresiones que a nombre de los inmensos negocios de políticos y empresarios asociados al poder gubernamental realizan. Son las cúpulas económicas las que se apropian de países y seres humanos. Uf. El golpe es más atroz para los pueblos originarios y los campesinos actuales por el permanente grado de vulnerabilidad en que tradicionalmente habitan, y porque los inmensos recursos naturales de los países se encuentran en su mayoría fuera de las ciudades.

En México, que hubo de realizar una guerra de independencia a principios del siglo XIX y una revolución en los inicios del siglo XX, buena parte de los recursos naturales les fueron reconocidos a indígenas y campesinos, debido a tal circunstancia actualmente las víctimas más directas e inmediatas son ellos. Basta pensar en la destrucción que las mineras canadienses causan en el campo mexicano, o la devastación que implica la construcción de presas e infraestructura eólica para producir electricidad. Lo singular de tal modernidad es que los grandes beneficiarios nunca son los pueblos subyugados, los beneficiarios son quienes de las maneras más atroces se apropian con plena impunidad de los recursos por los que dieron la vida cientos de miles de mexicanos, tanto en la Independencia como en la Revolución.

Curiosa modernidad la que no toca nunca a las mayorías, significativo el que las maneras de explotar a los trabajadores se modernicen pero no los sueldos de quienes producen. O se moderniza todo o mejor seguir siendo anacrónicos, de otra manera lo moderno sólo significa desigualdad económica y mayor depredación en contra de los trabajadores.

Mientras lo moderno sólo toque a las élites la ciudadanía seguirá jodida. Qué podrá esperarnos a los mexicanos con funcionarios como el señor Meade, secretario de Hacienda, para quien por ejemplo el aumento a los salarios le resulta una actitud “norcoreana o venezolana”. En realidad los ciudadanos importan sólo como oprimidos, por tanto lo central es que lo sigan siendo. Según los capos (legales e ilegales) la modernidad se entiende como la oportunidad de empobrecer mayorías, o no lo es ¿será posible una modernidad más inclusiva?