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De gustos lentos

Luis Ricardo Guerrero Romero

Lo internaron según recuerdo hace tres años, pero él se resistió, no con agresividad, no con palabras de esas grandotas que se oyen como ladridos al bosque, no, él opuso resistencia con la lentitud, pues, aunque ya lo habían diagnosticado desde hacía seis años, entre un médico y otro surgía la confusión, pues hacia ardides para no ser internado, yo supongo que sí, que sí sabía lo que le pasaría si los médicos determinaran su padecimiento. Muchos no me lo creen, pero es verdad, la noche antes del amanecer en la que sería internado lo oía decir segundo a segundo: Inicialmente puedo decir que hay varias actividades que me gustarían que ocurrieran muy lento, leer a Vicente Aleixandre: “Déjame que nazca a la pura insumisa creación de mi nombre”; escuchar el rumor de mi alma; lento y más que todo lo lento, desearía que pasara un zancudo para atrapar su ruido en un aplauso, terminar con su existencia a la insana manera del Creador.

Yo escondido lo escuché atrás de un espejo, y lentamente me retiré de su habitación, no me atrevo a decir que tan lento por falta de argumentos para distinguir cómo es eso de lentamente, y quizá para explicarlo ocuparía mucho tiempo: ¿me veré muy lento ocupando tanto tiempo?, ¿será el espacio también en donde ocurra lo lento? Seguiré descubriendo la respuesta a mis preguntas, aquí internado en este blanqueado hotel, al cual por alguna fuerza extraña recurren varios huéspedes dementes, y de pensamientos desconocidos para los camareros.

Está de más entender que el personaje de nuestra historia padecía delirio, quizá una inspiración más para el ya muy asunte Johann Heinrich Füssli, de quien conocemos cuadros como Kate o Head of Satan, entre otros, y que revelan un interesante grado de locura el cual habrá que apreciarlo lentamente. En fin, lo que se intenta explicar es el porqué de esta palabra en los labios de nuestro personaje. Por ejemplo, en un plano físico lo más sencillo es buscar su oposición, el movimiento rápido, porque sabemos que lo lento y lo rápido son movimientos que implican desplazamiento, y los cuales son posibles percibirlos por medio de la vista, el oído y el tacto, o el gusto al saborear cualquier cosa posible de acercarse a los labios. Asimismo, un escrito puede ser lento o rápido dependiendo de la percepción del lector, pero también depende mucho del autor, si decide operar bajo criterios anquilosados de estilo, es decir, lo lento y lo rápido es relativo. Sin embargo, el lenguaje no es relativo, y es lo que ocurre en el latín, de donde nos llega la palabra lento a partir del sustantivo: lentitudo y lento. La idea de Lentitudo, se traduce ya como apatía, ya como frialdad. Lento, en cambio, es la acción de doblar, de flexibilidad, aquello que tiene la facultad de doblar, hacerse otra figura, cambiar de estado, es lento, y por más rápido que articulemos el habla, siempre será menos directa fonéticamente que un grito, lo lento es un acto pensado por dos partidas, lo rápido es un hecho súbito. Una tercera palabra latina: lentus, hace referencia a lo dúctil, o a lo que tiene facultad de adherirse, este tercer término de lo lento corresponde más al área de salud, de hecho, antiguamente el que alguien fuera dado por loco, era por tener pensamiento lentos, en el mejor de los casos, y en el peor de estos, por ser víctima de una posesión. Las anteriores ideas pueden verse metafóricamente cuando imaginamos a un sujeto que tarda mucho tiempo en realizar alguna actividad, el cual pareciera se le pegaran los pies al piso o las manos en lo que estuviera llevando a cabo. Finalmente, podemos traer el ejemplo de: amar de modo lento, que en suma de lo anterior se puede entender como el brindar cariño lentamente, adhiriéndose a los sentimientos del ser amado, e incluso para otras cosas del dar amor, se prefiere lo lento.