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Israel López Monsivais

El próximo 17 de junio se llevará a cabo la segunda vuelta electoral en Colombia. Es histórica por diversos factores: un candidato de izquierda pasó la barrera de la primera vuelta, es la primera elección postdesarme de las FARC y el electorado está polarizado ideológicamente. El nuevo progresismo colombiano lo encabeza el ex guerrillero del M-19, Gustavo Petro; a la derecha la representa el delfín del ex presidente Álvaro Uribe, Iván Duque. Los estudios demoscópicos indican que Duque aventaja a Petro por 13 puntos en promedio.

En días recientes estuve de vacaciones en Medellín, a continuación realizaré unos apuntes que trataré de conectar con la elección municipal de San Luis Potosí. Recuerdo que la primera vez que me llamó la atención Medellín fue en la clase de Análisis de Políticas Publicas con el Dr. José Santos Zavala, analizamos la conferencia Del miedo a la esperanza, ponencia del ex alcalde Sergio Fajardo, explica la reconstrucción de la ciudad, un caso exitoso de política pública.

Es un hecho. Medellín está vinculada con la violencia y el narcotráfico, llegó a ser la ciudad más violenta del mundo. Sin embargo, al recorrerla encontré una metrópoli limpia, verde, sustentable, educada, segura, reconstruida, digna y con memoria. ¿Cómo lograron pasar de la violencia a la reconciliación? Colombia es un país complejo: narcopolítica, guerrilla y paramilitarismo. México puede aprender de los aciertos y errores, existen semejanzas y problemas en común, por ejemplo, el trasiego de la droga. Para asimilar el crimen organizado recomiendo la obra La virgen de los sicarios, de Fernando Vallejo, y en cuanto la estrecha la relación entre el narcotráfico y la prostitución está la novela Sin tetas no hay paraíso, de Gustavo Bolívar Moreno.

En Medellín los resultados de la política pública son evidentes, el punto de partida es la gestión de Sergio Fajardo, quien gobernó de 2004 a 2007, posterior, presidió la gubernatura de Antioquia y recientemente quedó en tercer lugar en la primera vuelta electoral. Fajardo, en su ensayo El poder de la decencia relata su administración, sus principios y valores políticos. El aludido alcalde inició en la política como un outsider, ganó las elecciones como candidato independiente, él era un profesor-investigador preocupado por el rumbo de la ciudad, que decidió dar un paso adelante en la toma de decisiones, involucrarse en política para realizar el bien común.

Para Fajardo, el origen social marca a las personas y la educación es la llave para abrir las oportunidades. Él diagnosticaba la ausencia de un espacio político que permitiera distintas expresiones a las tradicionales. Registra el maestro de matemáticas que “participar en política es, hoy más que nunca, una obligación, si no queremos ver destruido lo poco que nos queda”.

Antes de su gestión identificaba tres problemas en Medellín: desigualdad, violencia y cultura de la ilegalidad, que después de varias décadas tienen una raíz común. Compromiso Ciudadano, plataforma que impulsó a Fajardo, estableció diez principios: construcción colectiva, pluralidad, objetividad, legitimidad, cultura ciudadana, respeto a la vida, responsabilidad, transparencia, reconocimiento y democracia. Agrupaban un proyecto responsable, propuestas serias y viables.

Expone el matemático, que el común de la política son los discursos improvisados, con generalidades, los políticos tradicionales realizan promesas irresponsables y disimulan sus deficiencias con ofertas irrealizables. Según Fajardo, las propuestas en una elección son lo prioritario, la carta de presentación del candidato, si son serias muestran un profundo respeto por el electorado. Y que, para luchar contra la corrupción la transparencia es fundamental. Sentencia: “todos lo que pagan por llegar tengan la certeza que serán corruptos”.

Registraré las cuatro condiciones que Compromiso Ciudadano contempló para escoger el gabinete: que sean honestos, que cuenten con el conocimiento necesario, que tengan sensibilidad social y que compartan las mismas ideas. Explica Fajardo que lo más importante fue el Plan de Desarrollo, con los siguientes lineamientos de gestión pública: planear para no improvisar, los dineros públicos son sagrados, transparencia, no se aceptan transacciones de poder político, no se compran conciencias, no acallar opiniones, eficiencia, relaciones abiertas con la comunidad, el interés público prevalece sobre los intereses particulares, los servidores públicos son capaces y comprometidos.

Lo más sobresaliente en Medellín son las intervenciones en el espacio público instrumentando el presupuesto participativo, privilegiando la educación y salud. Definitivamente, las administraciones municipales tienen mucho que aprenderle. Exactamente, todo lo expuesto en el libro citado y los ejemplos referenciados es lo que falta en la campaña por el gobierno local de SLP.

Revisando las propuestas de los candidatos por la alcaldía potosina, a priori son improvisadas, sin un diagnóstico serio de los problemas públicos locales. La campaña gira alrededor de Ricardo Gallardo Juárez, que busca la reelección. Su política social es asistencialista, sus adversarios no han conectado con el electorado. En resumen, SLP es inseguro, no se cumple con los servicios y prevalece la desigualdad.

El problema no es el gasto en la política social, el error es el diseño de la política pública, la ausencia de transparencia en el recurso erogado. Ningún aspirante habla de movilidad, sustentabilidad, reciclaje, inclusión. Los candidatos prometen lo que no puede cumplir y el electorado queda huérfano de representación. El caso de Medellín nos puede servir de paradigma, la política puede ser distinta y los políticos como Fajardo son admirables.

Twitter: @francotiradort1

Israel López Monsivais
Israel López Monsivais
Abogado y Maestro en Gestión Pública; Catedrático, FCA, UASLP.