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De nacionalismos y símbolos patrios

Guillermo Luévano Bustamante

El 8 de enero próximo se conmemora el natalicio del potosino Francisco González Bocanegra (sucedido en 1824), autor de la letra del Himno Nacional Mexicano, uno de los elementos protegidos por la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales. Ese Himno mexicano me parece una composición bellísima y me conmueve escucharlo en sus interpretaciones clásicas que suelen reproducirse en las escuelas de educación básica por todo el país. Más que eso, los símbolos patrios parecen dar cierta ilusión cohesionadora a la etérea mexicanidad.

Benedict Anderson postuló la idea de que las naciones son comunidades imaginadas a las que sus integrantes se adscriben social y culturalmente. El nacionalismo sería entonces un constructo de la modernidad. Me parece que, a diferencia de los nacionalismos típicamente representativos europeos que se asocian más con las derechas y los regímenes totalitarios, en América Latina se vinculan con las expresiones de izquierda electoral o progresista por razones geopolíticas. Esto es, mientras que en Europa el nacionalismo es una forma de expansión territorial, en América ha sido utilizado como reivindicación de identidades locales o regionales para hacer frente al colonialismo. En cualquier caso el nacionalismo tiene fines políticos normalmente al servicio de las elites nacionales.

Me parece curioso que mucha gente se indigne en las redes sociales virtuales por la modificación a la Bandera nacional que aparece en una imagen difundida por el equipo de la senadora por San Luis Potosí Sonia Mendoza, del Partido Acción Nacional. Lo que considero grave es que se defienda con mayor contumacia un símbolo que otros elementos materiales tangibles. Parece que para algunas personas es más indignante el uso indebido de la bandera que el despojo de los recursos naturales del que el partido político de la senadora ha sido corresponsable en aras de las reformas legislativas de los últimos años. En concreto, la reforma energética que ha posibilitado la incursión de la iniciativa privada nacional y extranjera en materia de hidrocarburos no concitó el mismo rechazo de ciertos sectores de la sociedad que hoy se alarman por la inclusión del nombre de la senadora en una bandera que se ubica en su despacho.

Me viene al recuerdo el escándalo originado por la publicación del poema del escritor Sergio Witz en 2001 en la revista Criterios que entre sus versos rezaba:

“Yo / me seco el orín en la bandera / de mi país, / ese trapo / sobre el que se acuestan / los perros / y que nada representa, / salvo tres colores / y un águila / que me producen / un vómito nacionalista / o tal vez un verso / lopezvelardiano /de cuya influencia estoy lejos, / yo, natural de esta tierra / me limpio el culo / con la bandera / y los invito a hacer lo mismo: / verán a la patria / entre la mierda / de un poeta”.

Ese texto fue motivo de una embestida reacción jurídica por parte de la asociación civil nacionalista Licenciado Pablo García Montilla, al cobijo del delito de ultraje a las insignias nacionales consagrado en el Código Penal Federal.

En aquel momento la defensa pública del poeta fue esgrimida por quienes se inclinan más por la libertad de expresión que por la obsolescencia de la figura delictiva presupuestada por el Código punitivo de la Federación. El poema fue visto como una crítica a la descomposición social y política a la que nos han llevado quienes administran los recursos de la nación.

El mismo delito podrían intentar aplicar los miembros de aquella organización civil nacionalista a la senadora Mendoza, pero mucho más grave me parece su participación en la reforma energética privatizadora.

La defensa de la patria no ha de ser una batalla discursiva desde el nacionalismo, sino en todo caso una posición que identifique y denuncie que la intromisión de empresas privadas en el manejo de los recursos naturales está significando el despojo de pueblos y comunidades, que con ello se agudiza la desigualdad social y económica, que es en realidad el capitalismo trasnacional el responsable de la pobreza.

Más que la Bandera habría que defender los recursos naturales de la voracidad capitalista, no para el beneficio de las elites ni las burocracias nacionales, sino para el uso y disfrute de los pueblos y comunidades en los que se ubican.

@guillerluevano

Guillermo Luévano
Guillermo Luévano
Doctor en Ciencias Sociales, Profesor Investigador en la UASLP, SNI, columnista en La Jornada San Luis.