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De pesadillas y sueños guajiros

Carlos López Torres

A hora sabemos que mantener plantones noche y día en Montañas Rocallosas no le quita el sueño al gobernador. Como tampoco sirve llevarle Mañanitas muy temprano para congraciarse con el titular del Ejecutivo, pues el inquilino de medio tiempo de la Casa de Gobierno duerme a pierna suelta quién sabe dónde.

Por supuesto, cada quien tiene derecho a dormir donde le plazca. Algunos diputados, por ejemplo, duermen durante las sesiones del Congreso del Estado y sólo despiertan para levantar la mano, aunque después no sepan ni qué aprobaron.

Otros, los encargados de impartir justicia, cuyo lema pareciera ser tarde, pero sin sueño, mantienen miles de expedientes durmiendo el sueño de los justos.

Sin embargo, los ensoñadores gobernantes cuya conciencia dicen tener tranquila no logran despertar de la modorra política, ante una sociedad cada vez más vigilante y harta de mentiras, cuyas pesadillas reales tienen que ver con la inseguridad pública, que se niega oficialmente aunque no deja de ser sintomático el abultado número de escoltas y guaruras que requiere el gobernador.

Pesadillas que requieren ser aclaradas como saber qué tan endeudado dejarán el estado y el municipio capitalino los mandatarios salientes, dado que dejamos de recibir participaciones por desvíos de recursos federales en educación, salud y vaya usted a saber en cuántos otros rubros, amén de las deudas por obras públicas de última hora y mala calidad, como ya es costumbre en quienes se van, eso sí, cargaditos.

El despertar ciudadano, no generalizado aún, lamentablemente, parece más preocupado por el estancamiento económico-social de la entidad que por adivinar dónde duerme el gobernador, cuyo letargo proverbial nos mantiene en los últimos lugares de la región centro del país, con una perspectiva incierta que no borran los discursos generales ni las ocurrencias de campaña de los aspirantes a suceder al oculto gobernante.

Dada la perspectiva del país, la impunidad y la desfachatez con la que viene actuando la clase política, así como el agotamiento y la rutina que caracteriza a los funcionarios, cuyo reflejo particular en esta tierra de las tunas no deja de tener historietas trágico-cómicas como las que han ocupado la atención últimamente, uno no puede apostarle a la resignación, o lo que es peor, a la simulación y la creencia de que el cambio de gobernantes traerá algo mejor.

El San Luis que queremos y merecemos no se lograra dejando en manos de otros lo que nos corresponde construir a todos. Sí, a todos: a las y los trabajadores, los sin empleo, los que no reciben educación digna y de calidad, los que abandonan el campo porque no se les apoya, los jóvenes a quienes se les escatiman oportunidades de todo tipo, los viejos sin perspectiva de mejores pensiones y salud. En fin, todos aquellos que llevan esperando o murieron con la expectativa de un estado diferente, prometido cada campaña.

La organización y la lucha con imaginación y creatividad están en la agenda de la coyuntura. Aceptar el reto es el compromiso.