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De puro milagro no rebuzna

Ignacio Betancourt

L a obsesiva invasión mediática de la figura del llamado presidente de la República es un arma de doble filo, la compulsiva intromisión del personaje podría crear la impresión de que es alguien conocedor del país dado que mediáticamente en todo se mete, pero la realidad es otra, dado que el sujeto en cuestión sólo gobierna para familiares y cómplices, no tiene la menor idea de qué es México, sus necesidades y sus posibilidades, por lo tanto sus acciones sólo son en realidad un bumerang que regresará a donde salió, pero en compañía del más generalizado rechazo popular de los tiempos recientes. De otra manera no se explica lo inadecuado (por no llamarlo de otra manera) de las decisiones gubernamentales impuestas bajo la coyuntural demagogia de proteger la estabilidad macroeconómica, el grave problema que esto implica consiste en que para el grupo de empresarios y políticos que se han apropiado del país los “intereses de la población” sólo son sus propios y muy particulares intereses.

Desde las supuestas reformas estructurales hasta el reciente “presupuesto base cero”, todo está orientado a perjudicar a las mayorías y a salvaguardar las ganancias y los propósitos de quienes aspiran a seguir medrando como si la crisis que hoy agobia sólo fuera para los otros y no también para ellos. Acostumbrados a ganar pese a todo se imaginan omnipotentes y a salvo de cualquier contingencia; la gravedad de su equivocación es que no sólo afectan a las mayorías, sino además a la brutalidad de los propios proyectos gubernamentales-empresariales, a través de los cuales suponen que los únicos ganadores del desastre sólo serán los bolsillos de quienes dicen gobernar.

El anterior sábado en la ciudad de México se realizó singular protesta, unos mil campesinos y campesinas veracruzanos ataviados con sombreros de la región, todos iguales, todos bailando al ritmo de cumbias y mambos, luciendo el bronce de sus cuerpos en una coreografía multitudinaria, los hombres en calzoncillos y en la parte delantera una fotografía de los desaparecidos de Ayotzinapa, las mujeres con los pechos al descubierto, jóvenes y viejas bailando y brillando entre los autos del Eje Central a un costado del Palacio de Bellas Artes, causando conmoción con su dignidad y su valor, mostrando a la ciudadanía las inusitadas posibilidades de las protestas más imaginativas.

Y aludiendo a los estropicios locales (dichos y hechos) no pueden ser ignoradas las desafortunadas declaraciones del vocero del arzobispado, Juan Jesús Priego Rivera, quien de puro milagro no rebuzna pero haciendo que cada declaración suya sea el equivalente; lo más reciente de tan asnal conducta son sus aseveraciones respecto a que como ahora son nueve los partidos que integran el Poder Legislativo local “se corre el riesgo de que se caiga en discusiones estériles porque será más difícil que se pongan de acuerdo”. De esta manera omite que generalmente toda discusión entre congresistas resulta estéril, y lo más grave, pareciera entonces que si sólo fueran priístas y panistas quienes integraran el Congreso sería lo mejor. Si habla a nombre del clero potosino debería ser más cuidadoso, si lo hace a título personal tendría que advertirlo.

Continuando con las broncas locales, los abusos en el ámbito de la cultura regenteada por la burocracia estatal siguen sin resolverse ¿qué ha pasado con los reclamos de la Orquesta Sinfónica del Estado? ¿qué con los derechos laborales de los trabajadores del Centro de las Artes? En cuanto a la situación del Centro Cultural Mariano Jiménez, el Colectivo de Colectivos (ciudadanos independientes) sigue programando y realizando actividades pese al hostigamiento de la Secretaría de Cultura (a través de algunos de los empleados de la misma que laboran en el Mariano Jiménez). También sería bueno saber qué ha pasado con el teatro al aire libre de la colonia Industrial Aviación, el 30 de septiembre se termina el comodato sobre el sitio que corruptamente la Secretaría de Cultura adjudicó a la parroquia, la pregunta obligada va en el sentido de saber si hay ciudadanos involucrados en la recuperación de la vocación cultural de dicho lugar.

Si los problemas no resueltos de la comunidad cultural (creadores, trabajadores y académicos) se siguen tratando de manera aislada, es muy probable que las argucias de la burocracia sigan posponiendo las soluciones de manera indefinida. Superando prejuicios y desconfianzas pero sobre todo entendiendo que no se busca el poder individual para nadie pues se trata simplemente de la recuperación de una legalidad hasta hoy inexistente para los demandantes, especialmente en la actual coyuntura del cambio de autoridades sería muy conveniente unir esfuerzos y de manera conjunta reclamar organizadamente. En el Colectivo de Colectivos Mariano Jiménez ya ha comenzado a discutirse la conveniencia de una reunión amplia, aunque a cualquier convocatoria de cualquier agrupación afectada habría que estar atentos y dispuestos a contribuir.

El próximo domingo 13 de septiembre a las seis de la tarde, se presenta en la comunidad de Agua Señora del municipio de Mexquitic (a doce kilómetros de la capital potosina por la carretera a Ahualulco) el libro Crónicas de Agua Señora: la intimidad de un despojo, del que se reproduce el fragmento de una de las crónicas, escrita por Juana Tovar, habitante de la comunidad vulnerada e incluida en el libro publicado, el mismo que un grupo de afectados del lugar produjeron (escribieron y publicaron) para contar a los lectores contemporáneos acerca de la más autoritaria imposición (político-empresarial) de una carretera cuya realización rompió impunemente su comunidad y su cultura: (…) Cuando bajé, la zona trazada por la empresa en efecto estaba rodeada de alambre de púas. Los ingenieros traían muchos trabajadores y un buen puñado de policías y hasta federales, nada más se paseaban empuñando sus armas. En la casa de la tía había reunión con los licenciados y estaban llegando personas de otras comunidades, que eran invitados a la reunión. Cuando pregunto a los de casa lo que pasaba dijeron: ¡mira nada más estos infelices lo que hacen! Estaban nerviosos de impotencia, de incredulidad, de injusticia, de todo.

En ese momento sentí rabia de ver tanto atropello, pisoteo… no sé cómo llamar a esta experiencia tan ruín. Decían los licenciados: no se les acerquen, no los molesten, ya ven lo de doña Leocadia, la acabamos de sacar de la cárcel. Los pueden lastimar, no se arriesguen. Pues en un descuido doña Leocadia y su hija se nos desaparecieron de la junta, las busqué en seguida y las encontré en la parte trasera de su casa, su hija Perla grababa un video para tener las evidencias. Muy nerviosas les decían de cosas a los bandidos. Sin contenerme tambié les grité mientras que ellos nos apuntaban con sus armas. (…)