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De vez en cuando afinemos

Luis Ricardo Guerrero Romero

A lgunas veces nos toca ser más precisos en brindar algún tipo de información, o al igual necesitamos que nos den ideas más precisas, en una lectura nunca será lo mismo leer un instructivo que leer anuncios por la calle, aunque ambas lecturas se requieren y se disponen distintas habilidades del lector, del mismo modo que del creador del instructivo o bien del anuncio publicitario.

Por ejemplo recuerdo el anuncio de un negocio fabricante de cunas sobre la calle Santos Degollado, donde el espectacular dice: “usted encárguese de poner al niño, nosotros miles de cunas.” A mi juicio le falta afinar la idea.

Pero cómo es posible afinar ideas al igual que se afinan coches, instrumentos, voces y metales. Qué es entonces afinar o por qué la necesidad de afinar todo esto. En lo que respecta a la música el hecho de no afinar implicaría que las voces o los instrumentos musicales estén en distinta escala o tesitura acústica, lo cual generaría un descuadre de sonidos y aquello sería el emblema de la antiarmonía. En un coche resulta vital la afinación a tiempo, pues el producto de no hacerlo desviela la máquina, el mismísimo motor. Lo anterior parece indicar que afinar resulta relevante en los ámbitos ya explicados. Ahora afinemos esta palabra, es decir, busquemos darle fin.

Por extraño que parezca el afinar es un verbo que resultó a partir de la palabra fin, del latín: finis, lo último de un nivel, el límite o frontera. De modo trascendente el fin del hombre debe estar en lo alto, pues es lo más infinito que se puede admirar, aunque en lo profundo, un Hades con su Caronte es también un límite, no puede ser nuestro fin ya que no es el punto más alto, un límite. El prefijo latino a es sumativo en lugar de la privativa a del griego, de allí que, a-finis más el sufijo ar, produjo afinar. Darle un punto más elevado o trascendente a algún elemento, la voz, instrumentos, coches, llegan a su punto mayor (en el sentido de excelente rendimiento) en el que se desempeñan óptimamente. Otra suerte de palabras como: afinidad, afín, confinar, confines, refinar, se reproducen gracias a la bondad de nuestra raíz finis.

En La divina comedia, se tratan temas del fin y a su vez tópicos que afinan el alma, en la obra del maestro Goethe: Las afinidades electivas, se leen temas del sentimiento humano de sus relaciones conyugales y cómo pueden relacionarse entre sí, evidentemente para obtener un sentido último. Hay muchos fines y diversas posturas que uno debería considerar para afinarse, uno de ellos es el que propone Sartre: “el hombre es fundamentalmente deseo de ser Dios”. Seguir esta tesis nos afinaría como humanos, pues en la medida en que se van teniendo más y más dioses nos desafinamos, no nos escuchamos bien y se desviela nuestro espíritu.

Afinar es luego de todo poder llevar hasta un punto exacto una idea, instrumento o máquina y se hace necesario para poder apreciarlo con mayor amplitud. No podemos decir que existen definiciones afinadas, pero sí finas. Podemos decir que hay gente refinada pero no fina, al menos que esa gente sea muy delgada. Quizá la relación de la afinación y el fin es que para llegar al cumplimiento de un fin, se requiere afinarse. Fin, un monosílabo infinitamente discutible.